martes, 17 de julio de 2018

Cataluña: la historia se repite



El nacionalismo vasco y el catalán han sido, históricamente, insolidarios con los diversos gobiernos de España, sobre todo cuando esta ha sufrido situaciones críticas y de dificultad. Es cierto que durante las primeras décadas del actual régimen político español, han contribuido a la gobernación de España, pero planteando a los sucesivos gobiernos no pocos problemas de todo orden. Quizá esa contribución se dio porque había que reconstruir todo lo destruido durante largas décadas de dictadura y la guerra precedente.

Sabidos son los intentos del PNV para llegar a un acuerdo con el Vaticano y garantizar el fin de la guerra de 1936 en Euzkadi al margen de la suerte del resto de España. Pero dada la actualidad que tiene el caso catalán en los días que corren, este artículo se va a centrar en los esfuerzos que el Jefe del Gobierno, Negrín, tuvo que hacer para combatir la insolidaridad de las autoridades catalanas durante aquella guerra.

De los dirigentes socialistas más significados de aquella época, de los Ríos estaba como embajador en Washington, Besteiro retirado en un pesimismo enfermizo que fue premonición de su trágica suerte, largo Caballero había conseguido, entre septiembre y mayo de 1936-37, un cierto orden en el ejército republicano, que hasta entonces había dado muestra de la mayor anarquía, Prieto formaba parte del gobierno de Negrín en la cartera de Defensa, pero es aquel el que encarnó el tesón necesario para que la República resistiese hasta la extenuación. Azaña, como Jefe del Estado, quiso terminar la guerra por la vía diplomática sin conseguirlo e incluso enfrentándose al Jefe de Gobierno que él mismo había nombrado, por más que Negrín también ensayó esos intentos en la Sociedad de Naciones, ante la URSS, Francia, Gran Bretaña, México y Estados Unidos.

La autonomía catalana, en época de guerra, valía de poco e incluso significó un estorbo a la necesaria respuesta unificada de la República contra los ejércitos alemán, italiano y franquista. El profesor E. Moradiellos, en una obra verdaderamente importante (“Negrín”), ha explicado los esfuerzos de Negrín por disciplinar a la Generalitat de Companys. Este, por su parte, propició una serie de reuniones para evitar la merma de atribuciones que la Generalitat venía desarrollando, incluso más allá de sus competencias.

La industria catalana debía estar –según Negrín y su gobierno- al servicio del esfuerzo común de guerra, por lo que Companys, a mediados de 1937, envió a Valencia una comisión de tres consejeros para tratar los temas en disputa. Azaña recibió a esa comisión a principios de julio en su residencia de La Pobleta, a las afueras de Valencia, y –según José Prat- les planteó el cúmulo de “intromisiones y excesos de la Generalitat contra el Estado”. Tres entrevistas más tuvieron lugar, con Negrín, sin que los comisionados catalanistas se fuesen satisfechos. El Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno estaban decididos a someter a Cataluña a su autoridad en época de guerra. En una de las entrevistas, celebrada en la playa de la Malvarrosa –según Moradiellos- Negrín habló poco para no debilitar a su gobierno si los catalanistas forzaban una desafección irreparable.

La Generalitat quería, o el mantenimiento de la situación del momento o la suspensión acordada del Estatuto a cambio de mayor representación catalana y de ERC en el gobierno central. Negrín confesó a Zugazagoitica, miembro también de su gobierno: conozco la canción. He contestado que, mientras yo dirija la política, el Estatuto de Cataluña no será suspendido y mucho menos mediante un precio estipulado. No, nada de eso. El Estatuto de Cataluña tiene un marco y dentro de él deberá moverse el Gobierno de la Generalitat. Toda extralimitación le está terminantemente prohibida. Nada, pues, de contratos mercantiles. Cada poder en su esfera, de acuerdo con la Constitución. ¿Nos suena esto para los días que vivimos?

A principios de agosto fue Negrín el que viajó a Barcelona para entrevistarse con Companys y con Tarradellas (consejero de Hacienda). La cuestión, una vez más, era dilucidar si la Generalitat iba a poder administrar recursos sin el control del Gobierno central o todo lo contrario. La discrepancia fue evidente. La política de orden público había sido asumida por el Gobierno desde mayo de 1937 (el mes de la toma de posesión del primer gobierno Negrín). Ahora se trataba de intervenir las finanzas de la Generalitat, que –como ahora- había tenido “devaneos” en política exterior. Negrín había emprendido la reorganización de las industrias de guerra con tres delegaciones, una en Cataluña, donde había cinco representantes del Gobierno y tres de la Generalitat, pero Negrín volvió contrariado de Barcelona.

Por su parte, Azaña escribió en su diario: El Presidente del Consejo… fue a contarme sus conversaciones con aquellos señores (sic). La impresión de Negrín es desagradable. Muchas quejas de ellos por cosas menudas. Imposibilidad de concertar nada serio. Enredo, palabras, doblez. Negrín cree, como un descubrimiento, que Companys es hombre sin pensamiento, sin elevación alguna. Han elaborado un proyecto para el régimen de las industrias de guerra, con el propósito de alejar a todos los que hasta ahora han venido interviniendo en ellas.

En guerra o en la paz, con república o con monarquía, el nacionalismo catalán, particularmente, ha jugado siempre sus bazas sin la solidaridad que unos y otros tiempos requieren. Otra cosa fueron aquellos milicianos, aquella población sufriente, que se opuso sin éxito al avance sublevado y permitió que Cataluña fuese uno de los últimos territorios en caer bajo la barbarie de la represión y la dictadura.

L. de Guereñu Polán.

PEDRO, POR FAVOR




Un castizo le diría, Pedro por tus muertos… Mas formalmente cabria recordarle, que el nivel de decepción de la ciudadanía es tal, que difícilmente podría soportar otro desengaño…Por eso ya no es de recibo que una portavoz del Gobierno diga que si un jefe de estado de este país (casualmente él que puso Franco para dejar todo atado y bien atado, y cambiar algo para que nada cambie), cometió tropelías económicas, se enriqueció ilícitamente o defrauda al estado…”fue hace años”, despachando sin  más el tema… Con una actitud más próxima al hábito tolerante y encubridor de todos los gobiernos de la democracia ante los desafueros de los miembros de la denominada “Casa Real o Real Familia”, que con los de un tiempo nuevo encaminado a la regeneración y la transparencia….Primero porque no hace tanto, y porque según parece hay continuidad en el hecho. Y segundo porque que según manifestaciones no desmentidas, algunas de estas tropelías podrían estar enlazadas a las que dieron con su yerno en la cárcel, o datos altamente sensibles de inteligencia pudieron ser puestos en manos inadecuadas, por muy amorosas que estas hayan sido.  
La garganta profunda con rostro de atractiva mujer, fue la misma que compartió vino y rosas y otras cosas con tal señor bastantes años. Por ello no cabe negarle conocimiento subterráneo y desenvoltura suficiente para hacer un relato de lo acaecido. Si esto no da para poner en marcha una Comisión Parlamentaria para esclarecer el caso y no excita la curiosidad de la Fiscalía General del Estado y de la Agencia Tributaria…la estupefacción daría paso a la indignación más absoluta. Tanto como la reticencia a poner negro sobre blanco los nombres de los “patriotas” que estafaron al fisco y en la “Operación Montoro lava más blanco” repatriaron un dinero hurtado de contribuir al bien común y desarrollo de España. La ciudadanía estafada por los que saborean el esfuerzo del común sin contribuir a él, tiene el derecho de saber quiénes son estos “personajes”… Más allá del amparo de una derogable triquiñuela legal.
En cuanto al ciudadano afectado por las sospechas, convine recordar que de forma vitalicia cobra unos suculentos estipendios y goza de interminables prebendas con cargo a las arcas públicas, que darían para sacar de la marginalidad a varias familias. Y desde luego, por respeto  al propio interesado que sin duda estará ansioso de ello, darle oportunidad de explicarse. Quien no recuerda sus emotivas y sinceras palabras en la televisión, “la justicia es igual para todos”…
Si alguien sostiene que ahondar en estos aspectos que nos muestran a un ex-jefe de estado, padre del actual (España es una propiedad trasmisible de la familia Borbón), que está bajo sospecha, a su yerno en la cárcel, a su hija salvada por la campana del ex – fiscal Horrach, a su hermana con cuentas opacas en Panamá que se clausuran horas antes de su abdicación,  y a su primo de presunto y leal testaferro, desestabiliza la monarquía…al menos como dirían los hombres de mar, suena a coña marinera. Ni es cosa de rojos, ni de separatistas ni de contubernios satánicos…La “familia” solita hizo entusiasta el camino de El Dorado, acompañada en diversas etapas del peregrinaje, ora de una rubia, ora de un elefante, ora del oso Mitrofán, o de la mano de entrañables reyezuelos del golfo Pérsico y zonas adyacente…
Es curioso que muchos de aquellos que mayor favor gozaban de la real persona, por motivos económicos cuyos “hilillos” llegaban a la Zarzuela, están o estuvieron alojados con cargo al estado o tienen pendientes destempladas conversaciones con la justicia. Incluyendo el entrañable “compi –yogui” de su nuera.
Este país necesita un gobierno honrado, y por ello el Sr. Sánchez está en La Moncloa. Por temas similares, se fue por la puerta de servicio el Sr. M. Punto Rajoy. El Sr. Sánchez debiera tener presente sino quiere quedarse en una anécdota irrelevante, gatopardiana,  que no es un cambio de presidente lo que le ha tocado en suerte, sino un cambio de ciclo.  Algo que seguramente la historia,  si sus actos no abortan la última esperanza de una ciudadanía cada vez más escéptica, tratará como la II fase de la Transición en orden a que en esta se incluyan aspectos pendientes de la primera, por los que se pasó de puntillas, y terminé de completar aquello que el presidente Suarez decía hace muchos años “hacer oficial lo que es normal a nivel de calle”.  Y con ello, regenerar y dar vida a una democracia con muestras evidentes de agotamiento. Y sobre todo a autentificar el respeto a la voluntad ciudadana, único poder real y con derecho expreso a pronunciarse sobre cualquier tema que le afecte, incluido aquel que le fue escamoteado, la jefatura del estado.

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

domingo, 8 de julio de 2018

Impuestos


Parto de la base de considerar que en una economía libre de mercado, no hay sistema fiscal absolutamente justo, porque siempre existirán fórmulas para evadir impuestos y defraudar al fisco, siempre existirán grupos de presión que amenacen con no invertir en la creación de puestos de trabajo y riqueza si el Estado aumenta los impuestos a ciertos sectores y los dueños de los más abultados capitales los sacarán del país para llevarlos a buen recaudo (a paraísos fiscales, en realidad, cloacas para la desigualdad).

En España, como en otros muchos países, el impuesto que sostiene el sistema fiscal es el de Rendimientos del Trabajo Personal, es decir, con el que contribuimos muchos (no todos) al sostenimiento del Estado. Gravar las rentas bajas y medias excesivamente es injusto, pero lo cierto es que esas rentas son las mayoritarias con mucho, por lo que gravar abultadamente las rentas altas no aporta gran cosa al erario público.

El Impuesto de Sociedades, sobre el que hay una doctrina que es partidaria de que no exista o que grave moderadamente los beneficios de las empresas, cabe también hacer una distinción: las empresas pequeñas y medianas, las que más trabajo crean en España, hacen bien en reivindicar que el Estado modere su imposición, pero las grandes están claramente beneficiadas.

El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones está transferido a las Comunidades Autónomas, con lo que nos encontramos con situaciones de clara injusticia, donde unos están sujetos a tipos impositivos altos y otros a bajos. Se podrá argumentar que ello es consecuencia de la decisión de los ciudadanos al elegir a sus gobiernos autónomos, pero no es esto en lo que se piensa cuando se vota, y normalmente no está en los programas electorales (que no se predican) medidas de este tipo.

El Impuesto sobre el Patrimonio sí que podría ser aprovechado para gravar las grandes propiedades patrimoniales, que no son pocas, aunque debe reconocerse que, por mucho que se insista en esto, el montante para el erario público sería también poca solución a las necesidades del Estado.

Los impuestos indirectos, como se sabe, son los más injustos, porque gravan por igual a quienes tienen rentas altas y quienes las tienen bajas: el IVA, el de Transmisiones Patrimoniales y los impuestos especiales (alcohol y bebidas alcohólicas, hidrocarburos, tabaco y matriculación de vehículos de transporte…). Justo es gravar el consumo de bebidas alcohólicas y tabaco, aunque solo sea por ver si se modera aquel, aunque no ignoro la repercusión que puede tener sobre los productores y sus asalariados.

Como es sabido, el Gobierno socialista que recientemente se ha establecido en España está resuelto a olvidarse de aquella tontería que, otro socialista, dijera hace unos años (“bajar impuestos es de izquierdas”). La izquierda siempre ha sido partidaria de allegar muchos recursos al Estado para poder dar servicios de calidad a los más necesitados, pero también al conjunto de la sociedad, porque los ricos ya se procuran dichos servicios por ellos mismos. Es una forma de redistribuir la riqueza, como tantas veces se ha dicho. Gravar las transacciones financieras internacionales no será fácil, pero si el Estado se dota de instrumentos eficaces y cuenta con la colaboración internacional, ahí sí tenemos una fuente de ingresos importante. Un impuesto a la banca –se ha dicho- puede resultar repercutido en los clientes, pero eso depende de cómo se legisle, porque muy bien el Estado puede condicionar las políticas del crédito privado en este sentido (además, mientras haya una banca pública, y ya sé que será por poco tiempo, por medio de esta se puede condicionar la actividad de los demás bancos). Y sin pretender pontificar por mi parte, no me parecería mal que se gravase las pensiones más altas, sobre todo teniendo en cuenta que santones del PP como el señor García Margallo cobran dos (¡!) aunque ello no significase gran cosa en el monto recaudatorio del Estado.

Queda el sempiterno problema: gravar como corresponde a las rentas del capital, que se escapan con facilidad por el coladero de los paraísos fiscales. Como su desaparición es una cuestión de voluntad política, ahí está el problema porque la mayoría de los gobernantes del mundo y sus allegados políticos se benefician de su existencia. La lucha contra el fraude fiscal será difícil si no existe un verdadero compromiso internacional, pero cada Estado puede ir llevando a cabo algunas medidas que corren el riesgo de la fuga de capitales. ¿Qué le vamos a hacer? No vamos a estar con esta hipoteca sólo porque unos pocos “patriotas” se llevan el dinero fuera. Cuando tuve la oportunidad de estar en el Parlamento Europeo como empleado (por poco tiempo) pude ver como los diputados matriculaban sus automóviles en Luxemburgo para no pagar impuestos: ¡todo un ejemplo!

Recuerdo una reflexión de Voltaire, que no puedo citar literalmente ahora, donde el ilustrado decía que el verdadero filósofo era el que valoraba el trabajo, pagaba sus impuestos y contribuía a que sus semejantes fuesen felices. ¡Que lejos queda Voltaire!

Pero no conviene olvidar que mientras haya en el mundo tantas diferencias de renta y de riqueza, los Estados podrán corregir allí, recaudar allá, pero cualquier sistema fiscal elegido tendrá por fuerza una injusticia de origen.

L. de Guereñu Polán.

viernes, 6 de julio de 2018

¿Golpe de estado?



Ciertos sectores de la sociedad española, pero sobre todo la derecha política y sus acompañantes, hablan de “golpe de estado” refiriéndose a la grave infracción de la ley por parte de los independistas catalanes. Veamos.

Un golpe de estado fue el que protagonizó Bonaparte contra la Constitución francesa en noviembre de 1799, valiéndose tanto de su preeminencia militar como de la colaboración de otros altos cargos del Estado. También fue un golpe de estado el que protagonizó su sobrino Napoleón III a finales de 1851 desde una posición de fuerza y valiéndose del apoyo del ejército para violar la Constitución en vigor. También Pilsudski en Polonia, en 1926, dio un golpe de estado valiéndose del ejército y aprovechando la inestabilidad política que vivía su país. Como golpe de estado fue el de Primo de Rivera, desde Barcelona, casi tres años antes, donde no se conoce un solo oficial que se opusiese al mismo. El rey Alejandro I abolió la Constitución ilegalmente en 1926, dando con ello un golpe de estado que sufrieron croatas, serbios y eslovenos, además de las comunidades que, a partir de 1929 pasaron a constituir Yugoslavia.

Un golpe de estado lo pretendió, sin conseguirlo, el general Sanjurjo en España (1932) dando con ello muestra de que la derecha española no estaba dispuesta a acatar el primer régimen verdaderamente democrático. Tampoco triunfó el golpe de estado dirigido por el general Mola en 1936 y al que se sumaron Goded, Queipo, Cabanellas, Aranda, Varela, Franco y otros, llevando al país a una guerra civil cuyas consecuencias aún padecemos hoy. También la OAS, contraria a la independencia de Argelia, pretendió un golpe de estado contra la legalidad francesa en 1958, dando con ello ocasión al nacimiento de la V República francesa.

¿Qué tienen que ver todos estos golpes de estado con lo ocurrido el pasado año en Cataluña, donde su gobierno y la presidencia del Parlamento infringieron gravemente la ley como se infringe diariamente salvo por la gravedad de los hechos? Los jueces dirán si se trata de un caso de alta traición, rebelión, sedición u otros delitos, pero en ningún caso han hablado de golpe de estado, sencillamente porque no hubo tal ni en grado de tentativa. No quisieron las autoridades catalanas transformar la legalidad española, sino apartarse de ella constituyendo un estado separado de España. No tenían ni los apoyos sociales necesarios ni el reconocimiento internacional ni la legitimidad para hacerlo (sí para desearlo y predicarlo).

La derecha española ha sufrido de catalanofobia desde el siglo XIX, como cierto nacionalismo catalán ha tenido un odio especial a España. En este último caso se trata de minorías mientras no se demuestre lo contrario, en el primero sobran los ejemplos: Antonio Maura y ciertos sectores del conservadurismo español del primer cuarto del siglo XX, Primo de Rivera, que cometió el error de anula la Mancomunidad catalana (contó no obstante con el apoyo de la burguesía para reprimir al movimiento obrero en Cataluña), Martínez Campos con anterioridad, y luego las organizaciones agraristas castellanas que veían en la prosperidad industrial catalana una competidora peligrosa.

El sentimiento de superioridad de Cataluña en el conjunto de España se manifestó ya en Prat de la Riba y Vicenç Ballester, pero no así en Francesc Cambó, que quizá fue el representante de la burguesía catalana que mejor encarnó el papel que Cataluña debía jugar para influir en la política española. En el nacionalismo de Esquerra hay ejemplos de hispanofobia durante la II República y antes (Macià, los hermanos Badía) y ahora se ha manifestado con plenitud irracional no solo entre las masas independentistas sino entre dirigentes políticos (Mas, Torra, Puigdemont, Torrent y otros). Pero una cosa es odiar, despreciar, y otra dar golpes de estado, para lo cual o se dispone de una fuerza militar o no hay manera (incluso cuando esta fuerza militar no ha sido necesario utilizarla).

L. de Guereñu Polán.


jueves, 5 de julio de 2018

¿Donde está doña Trinidad?


La alegre doña Trinidad Jiménez

Cuando dejó el Ministerio de Asuntos Exteriores, en 2011, sonó el nombre de Doña Trinidad Jiménez para servir a los intereses de la empresa Telefónica, pero ciertas fuentes lo desmintieron diciendo que no se trataba de un caso más de “puerta giratoria” como los ya conocidos. Sin embargo sí es un caso más de estos, pues la vemos ocupando ahora el “cargo” de Directora de Estrategia Global de Asuntos Públicos de Telefónica (quien entienda esto que lo diga). Estaba bien relacionada la señora, pues había sido ministra de Sanidad y Secretaria de Estado para Iberoamérica.

Fue candidata a la alcaldía de Madrid perdiendo estrepitosamente ante el candidato del Partido Popular y también quiso dirigir la Agrupación Socialista de Madrid frente a don Tomás Gómez, pero este fue el elegido con claridad. No consiguió, por lo tanto, ser elegida en ninguno de los casos en que lo intentó, pero sí gozó del favor digital, sobre todo por parte del señor Zapatero.

Ahora, como decimos, está en un suculento puesto, sin que sepamos exactamente en que consiste su función, en la empresa Telefónica. Tratándose de una de las mayores empresas de telecomunicaciones del mundo, no parece razonable que una exministra del PSOE esté comprometida con sus operaciones económicas, sobre todo teniendo en cuenta que entre su accionariado se encuentran el BBV y CaixaBank. Además, uno de sus presidentes, el señor Alierta, se había especializado en favorecer la gobernación conservadora de España, utilizando para ello la influencia de Telefónica. El señor Álvarez-Pallete, actual presidente de la empresa, ha inspirado una política contraria a los intereses de los usuarios de la telefonía en las diversas partes del mundo donde actúa. No parece que una ex ministra socialista tenga nada que hacer, de provecho (a no ser para sí) en una empresa de esta índole.

Claro que el socialismo de las últimas décadas ha abandonado los comportamientos éticos que se han predicado durante un siglo. Ejemplo de ello lo tenemos en los casos de don Felipe González, don Narcís Serra, doña Elena Salgado y otros. Algunos de estos están incursos en casos judiciales por mala administración y enriquecimiento indebido, y otros (clama al cielo) se han valido de permisos de gobiernos del PP para no agotar el tiempo que la ley establece para acceder a puestos directivos en empresas privadas con suculentos sueldos (el caso de doña Elena Salgado es el más notable).

Pues a lo que vamos: ahí tenemos a doña Trinidad Jiménez colocada en la “Dirección de Estrategia Global de Asuntos Públicos de Telefónica”. Una estratega nada menos, pero además, “global” y de “asuntos públicos”, todo lo que puedan ser los de una empresa privada. Doña Trinidad se lo tenía muy callado, por eso nada de salir a favor o en contra del señor Sánchez, nada de participar en debates del mundo socialista y de política general. Ella está acomodada en su “estrategia global”, olvidándose de aquellos tiempos en los que participó activamente en las juventudes socialistas y en una no muy sesuda participación institucional. 

El día 13 de julio participará en un simposio de la Universidad Complutense sobre el XL aniversario de la Constitución. ¿Que nos dirá doña Trinidad al lado de don Pascual Sala, don Jordi Sevilla y otros? Atentos mientras la vemos apoltronada tras pasar, calladamente, por una de esas puertas giratorias solo dispuestas para unos pocos.

L. de Guereñu Polán.

lunes, 2 de julio de 2018

Religión y enseñanza



Se han dicho muchas cosas sobre el papel de la religión en la enseñanza, el adoctrinamiento que ha significado y significa para los alumnos, el privilegio que significa, en los países católicos, la enseñanza de dicha religión en la escuela (pública y privada) y muchas de las cosas que se han dicho constituyen sandeces que no resisten el más leve análisis serio.

Ya a lo largo de la historia hubo pensadores, políticos, pedagogos, que se pronunciaron sobre la enseñanza de la religión o las religiones en la escuela pública. José Canalejas, por ejemplo, fue partidario de que no se dejase dicha enseñanza a los clérigos, pues influían sectariamente en los alumnos; la enseñanza de la religión debía ser –según el político liberal- función del Estado por parte de personal laico debidamente especializado, y que hubiese alcanzado las plazas en las escuelas e institutos oficiales por méritos contrastados. La Institución Libre de Enseñanza, de la cual era heredero el citado Canalejas, fue partidaria de la enseñanza de la religión en la escuela pública, pero no fue partidaria de que estuviese monopolizada por la Iglesia Católica.

El socialista Jean Jaurès recomendó a su hijo que se formase en las doctrinas religiosas, pues solo así podría entender el mundo que le rodeaba. Podríamos seguir citando personajes notables, de unas culturas y de otras, que han sido partidarios de la formación religiosa de los alumnos.

Ignorar que la religión es algo innato al ser humano es no conocerle: desde los tiempos más primitivos, el ser humano con un mínimo de inteligencia para discernir, sentado sobre una roca, bajo una noche estrellada, se preguntaría que era todo aquello, cual su papel en ese mundo misterioso, el porque de las noches sucedidas por los días, qué era el sol y qué era la luna (pues no podía concebir que son astros y mucho menos su composición). Luego vinieron los constructores de megalitos con un trabajo titánico en varios continentes, mucho antes de la existencia de religiones formales. Transportando piedras gigantescas, clavándolas en el suelo, procediendo a una organización compleja, nos han dejado círculos pétreos, menhires, tumbas de corredor donde han pretendido relacionar sus obras con los solsticios, con el firmamento y con el sol, donde han pretendido influir en una supuesta vida trascendente del ser humano.  

Luego vinieron las reinas madres en forma de figurillas femeninas, como símbolos de la fertilidad según se han interpretado, de la misma forma que antes y ahora se invoca a la pachamama, la madre tierra en América latina. Siempre el ser humano ha querido protegerse, ha recurrido a los astros, a seres imaginarios, a la tierra nutricia, a imágenes formadas por sus manos… ¿Y todo esto no vale para nada? ¿No ha de estudiarse? ¿No ha de reflexionarse sobre ello y su constante a lo largo de la historia? ¿Para que entonces tantos trabajos de los antropólogos, de los arqueólogos, de la psicología social?

En la India se quema a los cadáveres quizá para que así espíritu se eleve con el humo, como en otras civilizaciones se dejaba en campo abierto a los cadáveres para que las aves carroñeras los comieran y elevasen sus elementos a las alturas. Siempre se ha tenido una idea del inframundo, como de un más allá incomprobable.

Luego vinieron las castas sacerdotales, con el poder penetrado de sentimiento religioso, como en el antiguo Sumer, como en Asiria, en Babilonia, en el valle del Nilo, en el altiplano mexicano… Con las castas religiosas, apegadas al poder, la formación de Iglesias o como quiera que se les llamase en cada caso. Eso es lo que cabe considerar como pernicioso: el encumbramiento de una minoría que, prevaliéndose del secreto de la religión, quiere imponerse –y se impone de hecho- a la comunidad. Las Iglesias como organizaciones sí han sido represivas, las religiones como tales no necesariamente.

Si renunciamos al conocimiento de la cultura religiosa ¿cómo ha de entender alguien la iconografía en la portada de una iglesia, toda la historia de la pintura, cuyos temas son mayoritariamente religiosos, los templos de las diversas cosmovisiones: pagodas, ermitas, sinagogas, mezquitas…? ¿Como entender el mundo de monstruos esculpidos en los canecillos, en los basamentos, en los tímpanos de las portadas? Algunos, embebidos en un paganismo interesado, valoran la mitología en detrimento de la religión, pero ¿no es la mitología una religión más? Ya antiguos griegos decían no creer en los dioses, como sabios medievales nos avisaron de que para que pueda existir un ser superior ha de ser solo uno. ¿Cómo entender el mundo del arte, la iconología, la lucha milenaria de los seres humanos por sus creencias, justificada aquella lucha o estéril, sin un ápice de cultura religiosa?

Cuando de religión se trate, solicito no se hable a humo de pajas. Que no se trivialice, que se reflexione sobre las muchas creencias, respetabilísimas, de más de la mitad de la humanidad. ¿O es que alguno se va a creer el mesías que venga a quitarnos la venda de los ojos a los demás? El estudio del rico acervo de las religiones es una cosa, el adoctrinamiento en favor de una Iglesia o fe concretas es otra.

L. de Guereñu Polán.

domingo, 1 de julio de 2018

Por una Europa mestiza



Uno de los fenómenos de mayor interés y trascendencia en la historia es el del mestizaje que diversas comunidades han ido constituyendo a partir de migraciones, invasiones, guerras y colonizaciones. Cuando los españoles llegaron a América desde finales del siglo XV comenzó un lento mestizaje que ha dado el mayor número de habitantes, hoy, en todo el continente, desde California hasta e cabo de Hornos. Es cierto que algunas comunidades quedaron al margen de este mestizaje, ya por su apartamiento, por su resistencia o por habitar zonas de escaso interés para el conquistador europeo, pero la América de hoy es el resultado de un mestizaje que se ha llevado a cabo con naturalidad, aunque en sus orígenes esté la violencia.

También la población europea es el resultado de un mestizaje forjado a lo largo de siglos: eslavos del este, norte y sur se mezclaron con los pueblos que vivían en lo que hoy es Alemania, Suiza, Inglaterra, Escocia, etc. La población española medieval es el resultado de una mezcla entre indígenas, población germana (suevos y godos principalmente) y romanos. La llegada de francos, genoveses, pisanos, napolitanos y otros grupos (como la llegada de españoles a Flandes, Austria, Italia, etc.) ha contribuido al mestizaje que hoy existe en Europa. ¿Qué decir de los afroamericanos?, y así podríamos decir de la mezcla entre chinos, malayos, indios, filipinos y otros grupos humanos.

Como parece que el fenómeno migratorio hacia Europa que se está produciendo desde hace unas décadas no va a parar, porque el reparto de la riqueza en el mundo es muy desigual, porque existen efectos climáticos que van dejando desérticas amplias zonas de África, porque las guerras expulsan a parte de la población civil en busca de paz y tranquilidad para labrarse el futuro, no nos va a quedar otro remedio (yo diría que tenemos una oportunidad) que idear políticas que acojan a los migrantes y refugiados, en este último caso, además, porque así lo establecen tratados internacionales que han firmado muchos países, entre ellos España.

Sabemos también que Europa sufre un grave problema demográfico de envejecimiento de su población, de estancamiento incluso de la misma, por lo que ciertos trabajos no los van a realizar sino inmigrantes. Los impuestos necesarios para seguir manteniendo las pensiones no los van a pagar sino inmigrantes (además de los que el Estado recaude acrecidamente si aplica políticas redistributivas). El problema es, no lo ignoro, que la llegada masiva de inmigrantes y refugiados exige todo un esfuerzo para que esa llegada no se convierta en uno de los desórdenes más que conforman el mundo.

España, además, ha sido país de emigrantes desde el siglo XIX hasta los años setenta del pasado siglo, con destinos tan diversos como América y Europa. España ha sido de los países que ha depredado bosques y minas, ha explotado a poblaciones enteras, y ahora ha llegado el momento de actuar consecuentemente con los descendientes de aquellas poblaciones. Razones de humanidad, de justicia y de necesidad se imponen.

Pretender, como hacen los xenófobos, que el continente europeo va a perder su “identidad” si se llena de inmigrantes y refugiados, es una sandez: en primer lugar porque el fenómeno no hay quien lo pare. La diferencia está en si se hace ordenadamente, solidariamente, o a las bravas. Las ayudas a los países de origen –siempre que no estén gobernados por corruptos- es una primera medida que no ha dado todavía los resultados deseados. La lucha contra las mafias que organizan en su favor el traslado de migrantes a Europa, con grave riesgo de sus vidas (riesgo que ya se ha convertido en siniestro miles de veces) es uno de los asuntos más difíciles de llevar a cabo, porque se necesita de la colaboración de muchas partes.

Por si las dificultades no fueran pocas, aún contamos en Europa con gobiernos que no están por la labor, que basan sus políticas en el egoísmo y/o la ceguera, que sienten aversión al otro, que practican políticas xenófobas que, con el tiempo, no harán sino dividir a la sociedad más de lo que está: los inmigrantes ya asentados en Europa y los indígenas europeos partidarios de la exclusión: he aquí un problema en potencia que están alimentando personajes como el italiano Salvini, pero no solo. Procedente de una izquierda de escasas convicciones, milita ahora en el más reaccionario movimiento europeo después de las experiencias vividas por Europa con los diversos fascismos.

Los de mi generación no lo veremos, pero en un futuro no demasiado lejano estoy convencido de que Europa será el resultado de un rico mestizaje que aportará recursos a sus habitantes, riqueza cultural y diversidad, todo lo cual ha de ser gobernado por quienes creen en los beneficios del mestizaje, no por quienes hacen ascos de él.

L. de Guereñu Polán.