domingo 19 de febrero de 2012

Gobierno español versus Roosevelt

Las políticas de "ajuste" que el Gobierno español está llevando a cabo en España, y que se acentuarán cuando se aprueben los presupuestos a finales del mes de marzo (previsiblemente) son -en mi opinión- un verdadero engaño a la ciudadanía, que se ha embarcado en dar su confianza a un partido representativo de los intereses del capitalismo español, ya en el campo de las finanzas, de la industria, de las grandes explotaciones agrarias o de las grandes empresas comerciales. 

Contrariamente a lo que, inspirado por la teorías keynesianas, llevó a cabo el presidente Roosevel desde 1933, el Gobierno español está empeñazo en reducir el déficil (exigencia no de la Unión Europea, sino de los ideólogos alemanes de la canciller alemana, es decir, los banqueros) así como de contener la inflación, algo que vendrá dado por añadidura si desciende el consumo al descender las rentas. 

En primer lugar la política del presidente Roosevelt fue abiertamente intervencionista en materia económica, tanto para no dejar hacer a la empresa privada lo que le diera la gana (porque esto es lo que había traído la crisis de 1929) como para planificar la economía; y todo ello en una época en que el fantasma del estalinismo asomaba en cualquier momento, pues en la URSS se acababa de llevar a cabo el primer plan quinquenal. Todo lo que se pudiese parecer, siquiera de lejos, a una planificación estatal de la economía, era visto con recelo por la clase media, con hostilidad por el gran capital y con violencia por las mafias existentes en aquel país, como ahora siguen existiendo en España. 

Estados Unidos llevó a cabo una reforma de los mercados financieros para que la banca no campase por sus respetos (como había hecho, y como ha hecho en las últimas décadas en España) con el agravante de que en nuestro país unos y otros gobiernos se han encargado de ir haciendo desaparecer la banca pública que existía. El Instituto de Crédito Oficial no es un banco público; es una entidad financiera de otra naturaleza en la que no voy a entrar aquí, pero ha de cumplir la función que una banca pública inexistente debiera tener encomendada. En Estados Unidos, desde 1933 se dinamizó la economía por parte del mismo Estado, es decir, éste se convirtió en empresario, pero con una salvedad: no perseguía beneficios, sino crear riqueza para repartir la renta. No era una revolución socialista; eran una serie de reformas para que el capitalismo pudiese volver a funcionar bajo presupuestos nuevos. La reforma bancaria fue una de las primeras medidas: los bancos desde entonces estuvieron fuertemente intervenidos por el Estado; se ayudó a los trabajadores sin empleo: todo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, que reducirá las prestaciones por el mismo, así como congela en la práctica las pensiones y reduce los salarios de los empleados públicos. Una forma de ayudar al trabajo es impulsar los servicios sociales: todo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, que reduce las asignaciones en la sanidad, en la educación, en la dependencia a la tercera edad, en las becas... El presidente Roosevelt comandó una política de asistencia social que está en peligro en España porque el Gobierno está empeñado en restringir el gasto público; todo lo contrario de lo que se hizo en Estados Unidos. ¿Como financió dicho país la expansión del gasto? Endeudándose y aumentando en déficit público: todo lo contrario de lo que se pretende hacer en España y en la Unión Europea (Merkel dixit; quiero decir BCE dixit). 

El déficit público se recuperará vía impuestos, exportaciones y productividad cuando la economía se haya recuperado; aquellos no pueden aumentarse si el país vive una recesión; no obstante el Gobierno español ha decidido aumentar las retenciones a cuenta del Impuesto de Rendimientos del Trabajo Personal; aumentará el IVA y castigará justamente a aquellos que no hay que castigar: a las clases medias-medias, medias-bajas y desarraigadas o desheredadas. Los autónomos se van a resentir, los pequeños empresarios también; no digamos los trabajadores por cuenta ajena... Quienes no sentirán la crisis, porque para eso está el Gobierno español, es la gran banca, los grandes empresarios y las rentas saneadas, sencillamente porque se confía en que con las reformas que se están llevando a cabo esos sectores sean los que recuperen los activos perdidos por el capitalismo español. 

No sabemos nada -de la contrarreforma del Gobierno- sobre los agricultores, cooperativas agrarias, arrendararios o pequeños propietarios agrarios. No hay una sola palabra de cómo se van a redistribuir los recursos; muy al contrario, se acentuarán las diferencias de renta como ya ha venido ocurriendo en los últimos años, y esto le ha costado al Partido Socialista una gran decepción de parte de su electorado. El Gobierno está combatiendo a los sindicatos (todo lo contrario de lo que hizo Roosevelt con la Wagner Act); no gustan los sindicatos al Gobierno porque no gustan a la CEOE, que es el "gobierno en la sombra" del partido gobernante. 

En el plano ideológico la Iglesia católica está de enhorabuena, igual que la extrema derecha, la gran patronal y la sociedad conservadora española: se homenajea fuera de todo límite al franquista Fraga; se contrarreforma la ley de interrupción del embarazo; se modifica en un sentido retrógrado  la ley de educación... El Gobierno tiene una ciega confianza en los jueces conservadores para que dejen impunes los delitos de los más antipatriotas de los españoles, mientras se castiga a los que se han comprometido con la democracia y el resarcimiento de derechos. Malos tiempos para España.

L. de Guereñu Polán.

miércoles 15 de febrero de 2012

Los partidos políticos y los intereses contrapuestos

La izquierda en España, desde el régimen democrático de 1978, ha representado bastante bien los intereses de la clase media, entendido este término en su sentido más amplio, desde la clase media alta hasta la clase media humilde; pero no ha representado tan bien los intereses de las clases desheredadas y marginales. Ha contemporizado mucho con los detentadores del poder económico por varias razones: durante los primeros gobiernos socialistas porque existía el temor de desestabilizar el régimen (se conocía el reaccionarismo y el gran poder de dichos sectores) y ya en la II República española las diversas patronales (agraria, industrial y financiera) fueron un freno para el progreso y un apoyo extraordinario para la derecha y el fascismo (de esto sabe mucho Mercedes Cabrera, porque ha sido objeto de sus investigaciones). 

Durante los últimos siete años y medio tampoco se han lesionado los intereses de las grandes fortunas ni de los grandes detentadores del dinero: en parte, creo, porque no cuadraba con lo que se hacía el en resto de Europa (me refiero a la Unión Europea) y poque se tiene la idea de que atacar a la gran banca, la gran patronal, etc. es anticuado. Todo lo contrario, es tan moderno que está por hacer. Y solo si se hace habrá recursos para atender a necesidades que no están cubiertas. Es cierto que hay minorías en España que han visto satisfechas reivindicaciones seculares de sus derechos (homosexuales, mujeres, pensionistas) pero con tan mal fario que aquellas reformas corren serio peligro de ser desvirtuadas ahora. 

Lo que sí ha descuidado la izquierda, y eso ya desde los primeros años ochenta, es la movilización del electorado afín; sólo los partidos minoritarios de izquierda lo han intentado, con dudoso éxito, pero no así el Partido Socialista, que debió aglutinar a todos los demás para defender determinadas posiciones. Lo cierto es que al gobernar (y lo hizo trece años y medio seguidos) se tiende a cierto adormecimiento porque muchos dirigentes están en puestos institucionales. Ha habido, en mi opinión, una subordinación muy poco conveniente del Partido Socialista a los gobiernos afines. Debió haber más compenetración y menos subordinación. Se abandonó el trabajo con los vecinos, en el sindicalismo (al contrario, la UGT se apartó del Partido Socialista), con las organizaciones cívicas (progresistas o no) con los intelectuales, con los jóvenes, a quienes se ha pretendido captar con un par de ministras jóvenes en los últimos tiempos...

Yo creo que el Partido Socialista tiene que captar el electorado de los sectores pobres de la sociedad (casi ocho millones según ciertas estadísticas, pero si son seis millones también son muchos), de los cuatro millones que no le han votado ahora, de los que pueden dejar de hacerlo si se sigue en el mal camino (y no dejo de reconocer los esfuerzos de algunos socialistas en los campos que se les han asignado) y restar importancia a la connivencia con la Iglesia, con la patronal y otras milongas. Un partido socialista lo es realmente si tiene tras sí a las clases bajas y medias; si consigue hacer llegar un discurso de honradez diferenciado del de la derecha; si la población ve otra vez esperanza para sus desvelos; si el ejemplo que se da es misional (me atrevo a decir) y para ello sobran técnicos y faltan verdaderos políticos dispuestos a un patriotismo que hoy no se ve facilmente.

L. de Guereñu Polán.

¿QUIEN SE HA LLEVADO MI PARTE?

Poco antes del 2000, y durante un par de años, estuvo de moda un librito que contaba una fábula sobre cómo se adaptaban a una situación de crisis cuatro pequeños personajes. La crisis consistía en que su modo de vida, un depósito de queso del que se alimentaban, un día apareció vacio. La respuesta de cada uno de ellos fue diferente, y triunfaron los que se movieron para buscar otros depósitos de queso, sin embargo todos se hicieron la misma pregunta antes de buscar la solución: ¿Quién se ha llevado mi queso?
A diferencia del ejemplo de la fábula, la tarta de queso de la riqueza española anual, producida en 2011, sigue siendo sustancialmente la misma que la de cinco años antes, según Eurostat el PIB español en PPA (Paridad de Poder Adquisitivo) es de unos 1.200.000 millones de € al año. Según el Instituto Nacional de Estadística Español (INE) unos 1.100.000 millones de € en moneda real. Pues bien, de forma poco explicable nos comunican, un día sí y otro también, y por todos los medios de comunicación, que muchas de las porciones de tarta que en 2007 o 2008 se dedicaban a sanidad, educación o especialmente a salarios, no están disponibles para 2012. Parece muy razonable que los parados, los enfermos, las familias con hijos se hagan la misma pregunta: ¿quien se ha llevado mi parte?
Ya sé que mis conocimientos de ingeniería y relaciones laborales y empresariales, o los dos cursos de ciencias económicas y los más de 15 años de experiencia en política,  no llegan para comprender los misterios de la respuesta, por lo que he acudido a una fuente fiable: el Centro de Estudios del FMI. Este centro, muy valorado por los expertos en la materia, ha realizado un informe cuyos datos son concluyentes: Una de las causas más importantes de la actual  crisis es el crecimiento de las desigualdades sociales,  la gran concentración de las rentas en los sectores más adinerados, rentas que provienen sobre todo de las rentas del capital, a costa de las rentas de los ciudadanos cuyas rentas proceden principalmente del trabajo, ha determinado un descenso muy notable de la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población, forzándola a endeudarse, e incrementado las desigualdades hasta límites insostenibles por el sistema. El informe demuestra que a mayor crecimiento de la concentración de las rentas en unas pocas manos  mayor endeudamiento del resto de la población, y mayor tamaño del sector financiero.
El estudio se realizó sobre lo que calificaba como una economía avanzada, por lo que podría ser de aplicación, no solo a España, sino a la mayor parte de los países europeos.
Para mí la respuesta es clara, yo sé quien se está llevando mi parte. La solución también, moverme contra los que se la están llevando.

Febrero de 2012
Fdo. Isidoro Gracia Plaza.

martes 14 de febrero de 2012

¿INTEGRACIÓN DE LAS DIPUTACIONES PROVINCIALES EN LA XUNTA DE GALICIA?

Fue Felipe González quien no hace mucho hizo la propuesta de suprimir las diputaciones provinciales, liberando así un importante volumen de recursos económicos para, por ejemplo, mantener la sanidad y la educación públicas en unos niveles aceptables. Argumento: A lo largo de los últimos años se ha creado una doble administración diputaciones/comunidades autónomas, con solapamiento de funciones y duplicidades ineficaces y costosas.
Luego, Rubalcaba hizo suya esta propuesta, pero el rechazo de algunos sectores en el ámbito socialista evitó que prosperase de momento. Como quiera que el problema existe, es real, actualmente se perciben dos posiciones de fondo: Una que abanderan sectores del PP, que podríamos resumir en “menos comunidad autónoma y mas gobierno central y diputación provincial” (hablan incluso de devolver competencias), y otro que abandera un amplio sector del PSOE favorable a la progresiva integración de las diputaciones provinciales en las comunidades autónomas sin merma de las competencias y del papel del estado.

Así las cosas, días atrás, la Confederación de Empresarios de Galicia hacía público un documento con 140 propuestas para hacer frente a la crisis, una de las cuales es precisamente la de “integración de las diputaciones provinciales gallegas en la Xunta de Galicia”, para a partir de ahí, se supone, ir racionalizando y unificando la estructura administrativa intermedia entre la del estado y los ayuntamientos.

Al hilo de todo ello, recordé que ya aquel Gobierno tripartito que presidió Fernando González Laxe, había sacado adelante una ley de coordinación de las diputaciones provinciales gallegas, que luego el gobierno de Fraga derogó. Se trata de la “LEY 8/1989, DE 15 DE JUNIO, DE DELIMITACIÓN Y COORDINACIÓN DE LAS COMPETENCIAS DE LAS DIPUTACIONES PROVINCIALES DE GALICIA”. Por lo que se ve una ley muy adelantada a su tiempo, luego derogada, y que ahora muchos reclaman. Es sin duda un documento de lectura útil y conveniente hoy, 23 años después, como un buen referente de partida para estos tiempos nuevos.

Soy de los que pienso que los socialistas gallegos debieran retomar con urgencia esta iniciativa, y junto con nacionalistas y populares, escuchando a los órganos consultivos de Galicia, emprender la INTEGRACIÓN DE LAS DIPUTACIONES GALLEGAS EN LA XUNTA DE GALICIA, y de paso, poner freno al desmantelamiento de los servicios públicos, particularmente de la sanidad y la educación. La crisis arrecia y el tiempo apremia, no perdamos más tiempo.

XESUS MOSQUERA
14 de febrero de 2012

sábado 11 de febrero de 2012

La derecha alemana da ejemplo

El ejemplo que marca la derecha alemana es la que se quiere aplicar, por los gobiernos conservadores europeos, en todo el continente: los salarios para los trabajadores poco cualificados han descendido tanto (en el país germano) que se ha producido, según alguien ha dicho con acierto, un mercado laboral de dos niveles. La precariedad laboral en las empresas alemanas de menos de 50 trabajadores ha llegado al máximo, no conocido sino antes de la primera guerra mundial. Las autoridades alemanas están castigando también la baja productividad en algunos sectores productivos, cuando la misma muchas veces no depende del absentismo o de la escasa preparación de los trabajadores, sino de la obsolescencia de las técnicas productivas. Es sabido que el absentismo laboral en Alemania está rigidamente perseguido y controlado. 

He leído que se pagan dos euros por hora trabajada a tiempo parcial en aquel país, lo que implica una renta bajísima, porque dos euros en Alemania son mucho menos que en España o en Portugal. A cambio se han creado puestos de trabajo, pero con tal precaridad, sobre todo en las pequeñas y medianas empresas, que la combatividad obrera es prácticamente inexistente. Cuando gobernaba el socialdemócrata Schroeder realizó una serie de reformas: estas consistieron en una liberalización del mercado laboral que anunciaban la política actual de Merkel como consecuencia de la gran presión de la patronal (poderosísima en Alemania) para dar salida al problema de una población de la Alemania del este que demandaba trabajo a cualquier precio. Este factor no debe olvidarse en relación a las políticas laborales regresivas que se han dado en Alemania en los últimos quince años. 

La propia Organización Internacional del Trabajo ha criticado lo que se hace en Alemania con la competitividad salarial: una tasa de paro contenida que es capaz de disuadir a los trabajadores peor pagados de que exijan mejores salarios. Una tasa de paro más pequeña serviría a una combatividad sindical mayor; una tasa de paro más alta plantearía problemas parecidos a los que tiene España. Los sindicatos alemanes, que están atrapados entre la necesidad de una política pragmática de dar solución a las familias más humildes y no perder influencia entre los trabajadores, están en un momento difícil. Yo creo que los sindicatos españoles tienen una ocasión de oro para volver a jugar el importante papel movilizador que tuvieron en los años setenta y ochenta. 

Sectores de la clase media, en Alemania, España y otros países europeos están siendo castigados sobre todo en sus masas salariales; los trabajadores por cuenta ajena están siendo sometidos a una presión extraordinaria por la conservación o consecución de un puesto de trabajo; los autónomos están haciendo trampas a todo trapo, incapaces de dar una factura con IVA y de pagar la seguridad social de sus pocos trabajadores por unidad productiva. Los jóvenes, los parados de verdad (porque los hay de mentira), las mujeres y los hombres de mediana edad que están sin trabajo o con salarios de miseria.... he aquí el campo abonado para un trabajo sindical a medio plazo que debiera dar sus frutos en dos o tres años. No sé si confundo mis deseos con la realidad, pero el lodazal en el que está España ahora, con una derecha acrecida que sigue los pasos de su hermana mayor alemana, permite temer -si no hay lucha- lo peor. Si los sindicatos españoles se solidarizan con las políticas de austeridad del gobierno -los sindicatos alemanes están empezando a no hacerlo- estarán haciéndole el trabajo sucio. La labor de los sindicatos es otra, incluso cuestionar el sistema.

L. de Guereñu Polán.