sábado, 12 de enero de 2019

El mapa rojo



Más que perder el tiempo en discutir si debe seguir al frente del Partido Socialista andaluz la actual Secretaria o no, creo que resulta interesante partir del mapa rojo que refleja el apoyo que el Partido Socialista tiene en Andalucía y, por ende, su implantación. En la mayoría, con mucho, de los municipios andaluces, el Partido Socialista ha sido el más votado, aunque en el resultado electoral global se refleje la escasa diferencia con respecto al segundo o al tercero.

De los 778 municipios andaluces, solo 44 están en la provincia de Cádiz, pero esta provincia es atípica incluso en el conjunto de España, pues contiene muchas ciudades y villas con no pocos habitantes (Algeciras, Jerez, San Fernando, Arcos, Barbate, Los Barrios, Chiclana, Conil, La Línea, el Puerto de Santa María, Puerto Real, Rota…). Y es precisamente en esta provincia, la de origen del dirigente de Ciudadanos, donde el Partido Socialista ha perdido muchos votos.

Un caso a estudiar es la provincia de Córdoba, donde hay grandes manchas de color distinto al rojo, así como los municipios costeros gobernados por la derecha, particularmente en la provincia de Málaga, Almería y Granada. El resto es un espacio de abrumadora implantación socialista, que cobra especial interés en las provincias de Jaén, Sevilla y Huelva.

Los socialistas andaluces a buen seguro conocen este mapa rojo y lo explotarán para trabajar en los próximos años (si no hay elecciones anticipadas) y dar la vuelta al gobierno conservador que se formará en los próximos días. También hay que tener en cuenta que quien disputa el mismo “espacio” electoral al PSOE, la marca de Podemos en la región, es primera fuerza solo en dos o tres municipios, quedando muy por detrás en el resto, y ni siquiera ganando en Cádiz, donde gobierna un alcalde de esa formación.

La estructura económica de Andalucía, como en cualquier otro país, condiciona el resultado electoral: hay grandes diferencias de renta y de riqueza entre la mayoría de la población y un sector reducido de la misma, hay un déficit en transportes y comunicaciones (por más que el tren de alta velocidad haya venido a comunicar rápidamente el occidente andaluz con el resto de España), hay importantes carencias en sanidad, consecuencia en parte de los recortes económicos sufridos durante la crisis económica iniciada en el año 2008 y hay una hipertrofia del sector terciario, basado sobre todo en el turismo y sus ramificaciones, la hostelería en primer lugar. Es un sector este que no destaca en los inputs de la economía, no hay en él suficiente valor añadido.

El sector secundario no es desdeñable, pero sufriendo crisis periódicas como en el resto del mundo industrializado. Está bastante concentrado en Sevilla, y ello no se debe solo a la capitalidad, pues ya ocurría con anterioridad a la existencia de la Comunidad Autónoma, sino a las buenas comunicaciones, a la situación en el eje del bajo Guadalquivir y a la existencia de un puerto fluvial que está en contacto con los marítimos de Huelva, Cádiz y Algeciras. En el caso de Huelva se viene repitiendo un fenómeno fácilmente visible: la fidelidad de los obreros metalúrgicos y químicos al Partido Socialista. Otro tanto se puede decir de las zonas mineras, menos claramente en el caso de Córdoba. Esto mismo se puede ver en el caso de Sevilla, aunque en la provincia es el campo de jornaleros, como en la provincia de Jaén, el principal vivero para el socialismo.

Es importante en Andalucía el sector del transporte, pero al estar atomizado y muy diversificado espacialmente, no es posible aquí atribuirlo a este o a aquel partido en cuanto a sus preferencias. Es indudable, sin embargo, la relativa fidelidad que se da al Partido Socialista por parte de profesionales de las diversas ramas, particularmente en la enseñanza (menos en la Universidad).

Hay, no obstante, un “hartazgo” entre ciertos sectores sociales de la preponderancia y el gobierno socialista a lo largo de más de tres décadas, máxime cuando problemas endémicos como el del paro no han encontrado solución, sin que se diga por parte de nadie que, en una sociedad de libre mercado, quien crea empleo es la empresa privada, no el sector público, que es muy pequeño en términos relativos, salvo en lo que respecta a la Administración. Parece evidente una estructura empresarial en Andalucía muy poco moderna, concentrada en el sector servicios y en la transformación de productos agrarios (vino, aceite), pero nada que se parezca, por ejemplo, a los casos de Madrid, Barcelona o las provincias vascas. Tampoco las empresas multinacionales han creado en Andalucía el empleo que sí en otras regiones de España, sobre todo teniendo en cuenta la importancia demográfica de aquella.

El “hartazgo” también se traduce entre los mismos votante socialistas, que no soportan los casos de corrupción que funcionarios y sindicalistas han cometido y que están en los tribunales, así como la ambición personal de doña Susana Díaz en la operación de palacio que protagonizó en 2016, solo un año más tarde de haberse comprometido con la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Quienes van a gobernar lo hacen con un apoyo social muy pequeño, sobre todo si se tiene en cuenta el que tienen en cada caso: solo el 23,8% del 58% del electorado el Partido Popular, y menos los otros dos del trío. Es fácil adivinar en que va a consistir la política del nuevo gobierno andaluz: más de la mitad del tiempo se dedicará a denunciar (veraz o mendazmente) el despilfarro que ha representado la administración socialista, y desmontar algunas políticas sociales y de derechos como ya se ha venido haciendo en Madrid y Valencia, por citar dos casos notables.

Ante esto está el mapa rojo que ha de hacerse valer, porque no se va a volatilizar fácilmente, pues Andalucía es un país con gran sentido de la memoria histórica. Allí la Iglesia, los terratenientes, los señoritos y la derecha han cometido las mayores tropelías que imaginarse pueda.

L. de Guereñu Polán.


jueves, 10 de enero de 2019

La izquierda seria

Olof Palme

Recuerdo a aquel Partido Comunista de España (al que nunca pertenecí) predicando ser los primeros en proponer una reconciliación nacional a mediados de los años cincuenta (aunque Carrillo pasaba temporadas acogido por Ceacescu y Pasionaria vivía “sin enterarse” de los crímenes de Stalin en Moscú). Pero sobre todo recuerdo a sus militantes en los años setenta y ochenta animados de un espíritu democrático y de una vitalidad excelentes. Habían contribuido a las Comisiones Obreras desde años atrás y, por lo tanto, a la modernización del movimiento sindical en España; les recuerdo en las reuniones y en los debates, siendo conscientes de la debilidad de la izquierda en aquellos años que preceden y suceden a 1975…

Recuerdo a los militantes socialistas de la cuenca minera asturiana, con quienes estuve varias veces, incluso en la formación de agrupaciones cuando habían quedado desmanteladas desde los años cincuenta: San Martín del Rey Aurelio, Morcín, Sama de Langreo, El Entrego, Mieres… En la costa lucense los socialistas de Foz, que tenían como referente a Ramón Couto y, mucho más joven, Salvador Fernández Moreda, luego siempre a la sombra de Francisco Vázquez. En A Coruña estaba Luis Arangüena y más tarde Antonio Carro (al que en cierta ocasión desplazaron a Pontevedra para que formase parte de una candidatura al Parlamento de Galicia). Con Moreda estaba uno, serio y trabajador, a quien conocíamos por un apodo que no puedo recordar. En Lugo estaban Ramos y Camarón, pero también la agrupación más numerosa de Galicia en 1976. En 1978, con la entrada de los militantes del PSP del profesor Tierno, las agrupaciones, sobre todo en las ciudades, se enriquecieron; también vinieron al PSOE muchos del Partido Socialista Galego (quiero recordar de forma especial a Baltasar García, Miguel Ángel Montero y Antón Novás). Hay una buena nómina de antiguos comunistas en las filas del PSOE formando parte de sus facciones más moderadas.

Vigo fue, con Pontevedra y O Grove, una de las agrupaciones más tempranas en torno a la muerte de Franco: los principales animadores eran López Peña (lucense) y Manuel Espárrago, quizá este el militante que más kilómetros ha recorrido para llevar la voz del socialismo. También Francisco Osorno, noble a carta cabal, Óscar Troncoso (más ugetista que otra cosa), Manuel Soto, “Baquelita” y un buen número de militantes abnegados entre los que estaba Isidoro Gracia y los hermanos Pedrido (perdón por no citar a todos, lo que sería prolijo). En cierta ocasión, con motivo de un conflicto laboral en Citroën, estuve acompañando a Francisco Bustelo y José Vázquez Fouz ante la patronal.

En Pontevedra contamos con Arturo Hermida, Manuel Cagiao, Andrés “o mariñeiro” y, algo más tarde, Marcelino Otero. Pero la agrupación creció cuando se afiliaron en masa muchos trabajadores de Tafisa y de la empresa de pasta para papel. Yo recibía la visita periódica de Espárrago y de López Peña (en ocasiones de Indalecio Tizón y su esposa Isabel) para ir a Chantada, a Vila de Cruces, Lalín, Silleda, Padrón, Ribeira, Boiro, Rianxo, Cée, Corcubión y otros pueblos de Galicia, pero también aldeas donde se encontraban los hijos de aquellos que habían desaparecido ya pero permanecía el recuerdo de su testimonio.

Los fines de semana se empleaban en estos viajes atiborrados de “El Socialista”, un periódico pequeño en formato y páginas que estaba llamado a desaparecer. Así se consiguió aglutinar a un “bloque de clases”, en expresión de la época, que permitió resultados electorales espectaculares (en 1977, 118 escaños) y llegar a 1982 con los míticos 202 escaños en el Congreso. Era el Partido Socialista disciplinado, como toda la izquierda, por más que sedicente; se recibían las consignas (así se hablaba entonces) y se llevaban a cabo sus designios; había una camaradería no exenta de tiranteces propias de la naturaleza humana.

En 1983 se produjo un aluvión de altas, militantes noveles (casi todos lo éramos) que estaban ilusionados en ese proyecto que capitanearon los más destacados sevillanos, madrileños y vascos. También llegaron al Partido Socialista indeseables que fueron desapareciendo cuando no conseguían un medro aquí o allá más o menos rápido. A Galicia venían con frecuencia Pablo Castellanos (hoy en otra onda) y Luis Gómez Llorente, de los cuales aprendí yo tantas cosas sobre el movimiento socialista internacional; de ellos recibí los primeros libritos de Marta Harnecker y Gabriela Uribe. Ya antes recibíamos algunos libros editados en Argentina por la editorial Losada, a la que nunca agradeceremos bastante la labor intelectual y divulgativa que realizó.

En el sur de la provincia de Pontevedra recuerdo la labor incansable de Uris Guisantes y el maestro Borrajo; en Nigrán estaba Manel, que fue luego diputado provincial conmigo; en Baiona el arquitecto Berride; en Vilagarcía Seso Giráldez y su esposa, pero también Cayón y la suya (no será de recibo hoy recordar antes a los varones), José Vázquez Fouz, formando una nutrida agrupación cuyo personaje más desinteresado y simpático fue, a mi parecer, Ferreira Faro.

En Vila de Cruces, Vilariño, sastre de profesión, en cuya trastienda se hacían las reuniones. En A Lama militantes que venían a Pontevedra para recibir la información que no les llegaba por otro medio; en Redondela estuvo el malogrado (ya no son pocos los fallecidos) Emilio González Iglesias, diputado provincial también, verdadera columna vertebral a la sombra de Rey, el alcalde del PSOE. Chapela era el vivero de votos en aquella época y no sé si en la actualidad, y luego se puede dar el salto a Oia, donde era la parroquia de Pedornes el núcleo de la militancia socialista.

En As Neves el cura Verísimo (en curas nos ganaba el Partido Comunista), desengañado más tarde por la nobleza de su carácter, incompatible con ciertas miserias humanas. En Gondomar estaba el maestro Giráldez; en Padrón, Emilio, dueño de una pastelería de obligada parada en el trayecto a Santiago. Aquí estaba un personaje siniestro (lo digo sin maldad), Andrés Eguíbar, que derivó a otros derroteros creo que por necesidades vitales.

Cierto que antes del triunfo del 82 estuvo la escisión estúpida de aquel congreso del “marxismo”, la época del entrismo de los trostkistas en el Partido Socialista, fenómeno que me parece no pasó de anécdota. Al heterodoxo de le llamaba “trosko” sin más miramientos; bobadas de gente joven en las que no incurrían los más veteranos.

En A Golada la agrupación se hizo sobre la base de un funcionario de prisiones, jubilado, de apellido Negro: hombre sobrio y serio, colaborador incansable, llegaba a Pontevedra con su coche de más de veinte años y doscientos mil kilómetros…; en Silleda estaba Castedo, que montó un restaurante chuletero de parada muy apetecible. Cristóbal Fernández (luego Delegado de Educación) pasó una verdadera cruz del verdugo Cuiña, dominador al más viejo estilo caciquil de aquellas tierras del Deza y el Trasdeza, aprendiz de Fraga. En A Estrada estaba la familia Leis Carlés, pero también otros que no puedo citar por fallarme la memoria. En Cerdedo Mari Carmen, que llegó a ser diputada del Parlamento Gallego, sostuvo una agrupación de gentes trabajadoras que recordaban –y nos contaban- los suplicios de sus ancestros a manos de falangistas y otras tropas.

En Pontecesures etaba Chenlo, otro maestro, como si se quisiera seguir la saga de otros tiempos, cuando los enseñantes fueron vanguardia de las ideas socialistas. En Catoira, mi condiscípulo Castaño, que arrasó en unas elecciones municipales para, retirándose, dejar el campo bien sembrado a Alberto García, alcalde sempiterno del municipio asomado al mar de Arousa. En Caldas Adolfo Abalo y su esposa, la familia Froján y otros que trajeron al PSOE a Vázquez Fouz. En Cuntis estaba Eiras, que fue alcalde hasta que se cansó, siguiéndole José Manuel García, recientemente jubilado, personaje con una empatía pegadiza, si es que vale la expresión. En Moraña estaba Celso, de una humildad y disciplina ejemplares, hacedor de una agrupación sólida sobre la base de la parroquia de Santa Lucía.

En Vilanova de Arousa estuvo el incansable contra el crimen, contra la corrupción, alcalde y nada apegado al poder, José Vázquez (distinto del diputado), al tiempo que ya se encontraba en su incansable lucha contra la droga la que se puede considerar apóstol, Carmen Avendaño. En Ponte Caldelas todo giraba en torno a José Luis Portela Perdiz, a quien considero merecedor de un mejor trato que el que recibió en el Partido Socialista; en Marín la agrupación cobró impulso con Senén Fernández, pero ya había allí un veterano (perdón de nuevo por mi memoria) que aún resuena hoy como ejemplo de seriedad y compromiso. Su hija Enriqueta le hace honor. En Cangas de Morrazo Suso “Caramuxo”, de grave voz y locuaz palabra: la vida no le trató bien y aún anda él predicando aquí y allá sus convicciones.

En Soutomaior fue el centro Andrés Vilán, director muchos años del Instituto “Valle-Inclán” de Pontevedra, donde yo ejercí la docencia en dos etapas distintas (en mi adolescencia estudié ahí el bachillerato). En Mos estaba Marcelino (pero no me acuerdo del apellido), hombretón muy simpático, concejal, que consiguió adecentar el barrio de San Andrés del municipio, dejado de la mano de Dios hasta su ejemplo. En Porriño, Raúl Francés, técnico farmacéutico, que dejó una prole militante de la izquierda. No puedo referirme a todos los municipios de la provincia, ni de Galicia, porque tampoco es el caso, cuando se trata de comparar aquellos años de seriedad y compromiso con otros que vinieron luego y que nos han dejado tantos sinsabores, con dos mandatos no cortos de la derecha en España (no digamos en Galicia).

Me perdonarán los que no cito, pues seguramente tienen el mérito asegurado, como tampoco puedo referirme a poblaciones donde mi actividad fue menor o ninguna. Fuera de Pontevedra, en el conjunto de Galicia, recuerdo la formación de las agrupaciones de Castro Caldelas, de Viveiro, de Chantada, de Monforte…

Recordando al Partido Comunista, al PSOE más que centenario ¿qué vienen siendo esas Mareas y esos Podemos, esa IU, amalgama informe sin ideologías definidas? Recuerdo la izquierda seria.

L. de Guereñu Polán.

lunes, 7 de enero de 2019

¿Y si las sentencias son benévolas?


Personalmente no estoy interesado en que las sentencias que se pronuncien por el Tribunal Supremo, sobre los políticos independentistas acusados, sean severas o benévolas. Me basta con que se haga justicia, es decir, que el peso de la ley caiga sobre quienes han querido violarla gravemente. Los acusados sabían que no podían librarse de la acción de la Justicia si conculcaban el orden legal vigente.

He leído aquí y allá que el Tribunal Supremo está viendo con lupa todas las posibilidades que otros tribunales internacionales tendrían, si se tuviesen que pronunciar sobre el caso de los independentistas catalanes, si estos acudiesen en recurso a ellos. Y por lo tanto que, sin dejar de tener en cuenta el ordenamiento jurídico español, la sentencia que se pueda producir evite, en lo posible, un pronunciamiento diferente por parte de dichos tribunales internacionales. Es perfectamente lógico, y nadie puede ignorar que el juez de una instancia inferior, pensará siempre en los posibles criterios que otro superior tenga sobre un asunto que lleve entre manos.

Si se diera el caso del título de este artículo, será interesante ver las reacciones de la derecha española, partidaria de medidas inquisitoriales más allá de las consideraciones racionales que procedan, en este como en otros casos. Unas sentencias benévolas dejarían el campo expedito para indultos que –si hay buena voluntad- se podrían conceder a los reos a petición de ellos, lo que implicaría reconocimiento de la culpa, aunque no de forma expresa. Pero también pueden solicitar el indulto los parientes o cualquier otra persona, incluidos el Tribunal Supremo (o Superior de Justicia de Cataluña en su caso), el Ministerio Fiscal o el Gobierno.

No sabemos cuánto tiempo transcurrirá desde ahora hasta que se produzcan las sentencias (se habla de seis meses) con lo que pueden darse aún circunstancias políticas que empeoren o mejoren la situación planteada por la población de Cataluña, dividida entre quienes son partidarios de la independencia y los que no. Se habla mucho de la división del mundo independentista catalán, donde los de Esquerra serían los más partidarios de no tensar más la cuerda con el Estado, pero lo cierto es que el independentismo tiene un apoyo social cierto y –como en el caso de ETA aunque sin terrorismo- ello plantea un problema político de primer orden.

Volviendo a los Tribunales de Justicia, si las sentencias fuesen tan escrupulosamente rigurosas y benévolas que a los interesados en primera persona no les cupiese recurrir a los tribunales internacionales, estaríamos en un escenario que abriría muchas posibilidades para la política, bien entendido que ninguna de las partes –independentistas y Estado- van a renunciar a sus objetivos. Puede que el Gobierno de España sea el mismo, o del mismo signo, que el actual, en cuyo caso mejor para que el ruido no solape a lo verdaderamente importante; pero puede ocurrir que no sea así, en cuyo caso veríamos el grado de pragmatismo que el Gobierno de turno tendría que demostrar, porque echarse al monte o seguir con incendios es lo que menos necesita el país.

La derecha española, que ha nacido para defender ciertos principios e intereses sensiblemente distintos a los de la izquierda, tiene entre lo que considera “suyo” la esencia patria y la uniformización política de todos los españoles. Pero esto no es lo que está consagrado en la Constitución, cuyos redactores han aprendido de la historia y se han dado cuenta de que hay dos comunidades donde las peculiaridades políticas y sus anhelos son muy diferentes de las del resto de los españoles. Como no en todas las comunidades de España se sienten aquellos valores patrios, muy teóricos y retóricos, que en otras. Un extremeño, por ejemplo, es difícil que se plantee si “se siente” antes español que extremeño. Sabe que es las dos cosas y está muy contento con ello. Así podríamos hablar de la inmensa mayoría de los españoles. Y esto vale para un alsaciano o un sajón en los casos de Francia y Alemania respectivamente.

Esa derecha de la que vengo hablando está ahora espoleada por una escisión del Partido Popular, donde anidaba hasta no hace mucho, que se ha planteado volver a poner sobre la mesa muchos presupuestos del franquismo, del patrioterismo e incluso de la España imperial. Las otras facciones de la derecha española andan ahora enredadas en ver cómo cuentan con la extrema sin que lo parezca.

Antes debemos de saber si España cuenta con una ley de Presupuestos para el año 2019: si la respuesta es no, va a ser difícil que el Gobierno pueda seguir solo mediante Decretos-Leyes, que exige negociar medida a medida contando con la misma mayoría que permitió la defenestración del señor Rajoy. Absurdo si se puede tener una Ley de Presupuestos que compromete a mucho más y no hace correr el riesgo de unas elecciones cuyo resultado es incierto, porque la derecha está crecida en ánimo, siendo su principal valedor esa excrecencia del PP que ha irrumpido en Andalucía con las mismas consignas que la extrema derecha europea.

L. de Guereñu Polán.

sábado, 29 de diciembre de 2018

El futuro, relativamente próximo, de la automoción.

Todos los años se realizan informes globales sobre un sector que está entre los primeros en aportación al PIB mundial, uno basado en opiniones de los consumidores, otro en las de los directivos del sector.
El último sobre opiniones los conductores indica que la cultura de tener coche propio sigue siendo fuerte, también entre los jóvenes, y que está calando el mensaje de evolucionar desde las actuales tecnologías, de motores a hidrocarburos hacia vehículos eléctricos e híbridos. De todas formas 2018 termina con un peso de los vehículos totalmente eléctricos en el entorno del 2% del parque mundial. Y con unas preferencias divididas al 50% entre las dos alternativas hidrocarburos / electricidad, entre aquellos que se plantean cambiar de automóvil.
Otra de las tendencias que ganan terreno es , a pesar del mayoritario deseo de propiedad del automóvil, el cambio a nuevas alternativas, nuevas opciones de movilidad, como el renting o leasing. Lo que sigue sin obtener la confianza del conductor es el vehículo autónomo (robótico o sin conductor). Esto último es congruente con la sensibilidad creciente hacia la protección de los datos personales y privados, que todo tipo de vehículos, que incorporan tecnología avanzada, transmiten a fabricantes, alquiladores, aseguradoras, administración, etc. sobre el uso y preferencias del conductor. Según algunos expertos la protección de estos datos se convertirá en un factor de competencia clave entre los fabricantes y distintos proveedores de soluciones de movilidad, desde alquiladores hasta entidades financieras que financian los vehículos.
El uso compartido sigue siendo una opción muy minoritaria, incluso entre los más jóvenes, la independencia y la seguridad del vehículo propio pesa mucho frente a esta solución.
El informe de ADL sobre la Automoción Global encuestó a más de 8,000 conductores en 13 países. Un resumen está disponible aquí: www.adl.com/FOAM
El informe basado sobre todo en las opiniones de los ejecutivos del sector, que no olvidemos, en muchos países pasan frecuentemente de las direcciones empresariales a los cargos de confianza de los gobiernos, y viceversa, condicionará tanto decisiones empresariales como las políticas de los distintos gobiernos, lo que explica anuncios y decisiones próximas (como las que han sido el detonante de las movilizaciones que han puesto en dificultades al Presidente francés).
Hay una coincidencia inicial con lo que ya se recoge el informe anterior: Para el 85% de los ejecutivos, la seguridad cibernética y de los datos será una condición indispensable para adquirir un coche en el futuro.
Y un par de datos preocupantes: Las tres cuartas partes de los ejecutivos (el 74%) prevén que el porcentaje de automóviles fabricados en Europa Occidental (actualmente, el 16%) caiga por debajo del 5% de aquí a 2030, si bien la producción mundial aún tiende a crecer. Y entre un 30% y un 50% de los concesionarios podrían desaparecer del mercado de cara al año 2025, sustituidos por otros actores del “ecosistema del automóvil” o por la comercialización directa por los constructores.
¿Y quienes son los nuevos “actores” que tan drásticas repercusiones van a tener (o están teniendo ya) en el ecosistema del automóvil?: Las grandes empresas tecnológicas y buena parte de las energéticas.
¿Significa eso que tanto los fabricantes generalistas, como los concesionarios, no tienen margen de maniobra? Respecto a los primeros, a pesar que su potencia económica es apenas la mitad de las de los “invasores” de su espacio, al menos dos medidas pueden ser solución para la supervivencia las alianzas y colaboraciones entre ellos y/o con los servicios de tipo GPS, mapas o de redes de carga de vehículos eléctricos; ambas medidas pueden ser suficientes tanto frente a los gigantes tecnológicos como a las energéticas, al menos para las marcas y proveedores más acreditados. Y dado que más del 80% de los ejecutivos está convencido de que el uso de los datos extraídos de los vehículos y los conductores será la base del futuro modelo de negocio de la industria automovilística, hacer que la seguridad cibernética y de los datos, indispensable para adquirir un coche en el futuro, dependa de ellos mismos y venga en el equipamiento de serie de sus vehículos.
Respecto a los concesionarios casi el 80% de los ejecutivos está convencido de que la alternativa que tienen los concesionarios para sobrevivir es convertirse en centros de servicio multimarca o de vehículos de segunda mano.
Hoy las 700 o 750 fábricas producen unos 3.000 modelos y su producción anual se acerca, en un horizonte no muy lejano, a los100 millones de vehículos. El informe puede consultarse en: https://home.kpmg.com/es/es/home/sectores/automocion. 
Isidoro Gracia




sábado, 22 de diciembre de 2018

Reflexiones al finalizar el año


El nacionalismo es un movimiento tan irracional que los no nacionalistas han de poner el doble de racionalidad cuando pretenden llegar a acuerdos con los adeptos del primero. El nacionalismo, constructor de ideales colectivos no basados en la realidad, es un sentimiento, no obedece a razón alguna. De lo contrario no existiría xenofobia, racismo, segregación, sencillamente porque estas actitudes son el resultado de la irracionalidad pasional, no de la reflexión, que fácilmente permite comprender la unidad esencial de los seres humanos.

Cuando dentro de veinte o treinta años, quizá menos, los protagonistas del movimiento independentista catalán se vean, comprenderán que no es exactamente historia lo que hicieron, sino una pérdida más o menos explicable de tiempo. Como ocurre con los ahora veteranos protagonistas del movimiento del 68, que pedían lo imposible y terminaron integrándose en el sistema, incluso algunos aprovechándose de él.

El nacionalismo que se atribuye a un Nkrumah o a un Lumumba no es el que asola ahora a Europa. Los movimientos de aquellos líderes negros estaban inspirados en la liberación de sus pueblos de la opresión y depredación por parte de los estados europeos en plena expansión industrial. Nada menos parecido al nacionalismo croata, catalán o corso, por poner tres ejemplos.

Cuando se habla, en el caso catalán, de la necesidad del diálogo entre las partes, falta añadir algo que el nacionalismo difícilmente puede aportar: razón. Es cierto que el problema radica en que el nacionalismo catalán cuenta con miles y miles de adeptos, algunos incluso dispuestos a casi todo para conseguir sus objetivos, pero lo que no están dispuestos a reconocer esos nacionalistas catalanes es que el problema radica, antes que contra el estado, en el seno de la propia sociedad catalana, tan plural como cualquier otra europea, y por lo tanto donde existen no nacionalistas que se identifican con el concepto de España, su historia y su presente. ¿Entenderá un nacionalista catalán de hoy que el Estado no va a permitir que se vulnere la Constitución? Porque si no lo entiende es que no usa la razón. ¿Entenderá que no hay Estado que permita a la primera de cambio la segregación de una parte de su territorio? Porque si no lo entiende es que no usa la razón. Y así sucesivamente.

En cambio, desde posiciones racionales (dejo a cada cual que incluya aquí a quien considere) sí se puede entender la pretensión de una parte del pueblo catalán a la independencia de Cataluña; otra cosa es que lo considere bueno para el colectivo o incluso viable en el mundo actual. Poner el foco en el caso balcánico es absurdo, pues una segregación de tal magnitud generó más guerra, muerte y xenofobia que otra cosa. Y en otros estados no se dan las condiciones de los Balcanes.

Decir por parte de un nacionalista catalán que no es español es negar la evidencia; podrá decir que no se siente español porque en él se ha operado una transformación sentimental, no racional, que le ha llevado a tal situación. A poco que usase la razón, a poco que meditase y contrastase con otros ese sentimiento, vería que no se borran de un plumazo siglos de historia, instituciones comunes, lenguas y costumbres, religión o descreimiento, geografía y economía. No. Es difícil borrar todo esto de un plumazo… a no ser que se quiera renunciar a la razón y se dé rienda suelta solamente al sentimiento, que chocará una y mil veces con la realidad.

Cataluña, durante siglos, ha servido de articulación a territorios muy diversos de la España que terminó de construirse en el siglo XIX: los antiguos reinos de Valencia, Mallorca, Valencia, así como otros territorios que hoy no forman parte de España tuvieron a Cataluña como centro y argamasa. Incluso cuando a partir del siglo XV los reinos castellanos (entendidos estos en su sentido amplio) se relacionaron con catalanes, aragoneses, valencianos, gascones, navarros y provenzales (¿para qué seguir) Cataluña fue nexo geográfico, pero también económico de todos esos territorios.

Los momentos de sedición catalana respecto del conjunto de España que se dieron en el siglo XVII revelaron lo absurdo de lo que minorías habían pretendido (la unión a Francia) y poco después Cataluña volvió a la monarquía española, que estuvo hecha de familias nobiliarias catalanas y castellanas. Cuando el nacionalismo catalán del siglo XIX se manifestó con toda la fuerza de sus intelectuales, nunca aspiró a la independencia de una realidad construida durante siglos que se llama España. Cataluña y Portugal, en el arcano de los tiempos, formaron parte de Hispania… Pero todo esto no ha de valer a quien en vez de la razón se deja llevar exclusivamente por sus sentimientos.

Cuando he escuchado en más de una ocasión al señor Junqueras decir que Cataluña es “un poble”, nada más lejos de la realidad; Cataluña es un complejo de individuos unidos por instituciones y leyes que ahora se han dado a sí mismos. No hay un pueblo catalán, como no hay un pueblo gallego o canario; hay muchas sensibilidades, muchas personas, divididas por razones de clase (esta sí es una fisura dolorosa) a las que el nacionalismo niega vigencia. Dialogar sí, pero sin razonar no vale para nada; y el nacionalismo, desvestido de otros atributos, no obedece a razón alguna, es puro sentimiento, mudable con los tiempos.

L. de Guereñu Polán.