domingo, 8 de octubre de 2017

Una manifestación en mi ciudad



Estando en la terraza de un café, vi pasar hoy la manifestación de los adversarios de la independencia de Cataluña (incluso algunos serían adversarios de Cataluña) con banderas nacionales y sin ellas, pero sobre todo sacando la roja y gualda (como nos enseñaron en la escuela primaria) cuando nunca se había hecho antes si no es para ciertos acontecimientos deportivos. Por primera vez estuve en el lado contrario de los que gritaban “no nos mires, únete…”. Un nacionalismo excita a otro; por un momento pensé en la exaltación patriótica de la guerra contra el francés en 1808, cuando los historiadores dicen que se forjó la nacionalidad española, luchando allí contra la invasión, frailes, bandidos, jóvenes, aguerridos campesinos, militares y personal de casi toda condición.

La manifestación de hoy, no más de mil personas, pero no desdeñable para una pequeña ciudad, fue enardecida, con gritos apasionados (“soy español, español…”, como si cupiese alguna duda) y otros que no reproduzco aquí por pudor. Vi a algunos personajes de la derecha local más rancia, pero también a personas del común, bien intencionadas, espoleadas por tanta prensa, televisión y políticos que han agitado las aguas del nacionalismo español, en respuesta al catalán.

De vivir en Cataluña no hubiera asistido a ninguna manifestación por la independencia, como cabe suponerse, aunque sí a la que tuvo lugar por la defensa de la ley, pero al vivir en Galicia me ha parecido innecesaria esa demostración de gallardía patria. Yo no estoy orgulloso de ser español ni de ser gallego, pero sí estoy orgulloso de profesar las ideas políticas que tengo, porque estas las he elegido y madurado yo, no son el resultado de ninguna contingencia. Al ver hoy en mi ciudad tanto apasionamiento, tanto arrebato místico, tantas banderas de distintos tamaños (un niño, acompañado de sus padres, no se resistió a vestir la camiseta del Barcelona C.F.) sentí una rareza a la que me había desacostumbrado. Noto de falta, en estas manifestaciones por la legalidad constitucional, las senyeras junto a la bandera nacional (puestos a ondearlas). La demostración terminó ante la sede de la Policía Nacional, con grandes elogios para ella… dos policías –prudentemente- salieron para saludar, sin más alharacas.

Pero más noto de falta que la gente no se movilice, o lo haga de forma remisa, por problemas lacerantes que afectan a muchos millones de españoles: parados, ancianos sin prestación de dependencia, salarios bajos, diferencias enormes en renta y riqueza, propensión a la privatización de la sanidad pública y menoscabo de los recursos de la enseñanza, por poner solo algunos ejemplos. España es un estado antiguo, de los más de Europa, lo que no garantiza nada, pero cuartearlo resultará difícil por el momento. Hay muchos lazos –incluso económicos- que nos unen a todos: la Seguridad Social, el Ejército, las Fuerzas de Seguridad, la solidaridad interregional, las leyes y el flujo de mercancías, capitales y personas que, antes que en Europa y el resto de mundo, van y vienen por todo el territorio nacional. Pero estas cuestiones, que pueden ser discutidas a la luz de la razón, quedan cegadas cuando priman los sentimientos subjetivos, que no atienden a lo que de sensato diga el otro.

España no es Canadá ni el Reino Unido, y mucho menos la antigua Yugoslavia. España tiene un sentimiento colectivo –también en Cataluña- de que se pertenece a un Estado muy consolidado, que ha tenido que librar batallas internas muy duras en el último siglo (dos dictaduras y una guerra civil entre otras). Hay heridas que aún no están cicatrizadas, pero el sentimiento independentista, respecto del conjunto, es minoritario en todas las regiones o comunidades, también en Cataluña y las provincias vascas. Cuando el President Companys, en 1934, proclamó el “Estat Catalá” dentro de la República Federal Española, no hizo otra cosa que vulnerar la ley, como ahora sus epígonos. ¿Quién era Companys para establecer por él mismo, sin más concurso, qué era Cataluña y qué era España? Luego, como le asesinaron, ha quedado como el mártir que es. Así lo reconocemos y respetamos.

Una exalumna, que me vio antes de la manifestación que comento, dijo cuando me saludaba: “voy a la manifestación por España” (hoy es concejala de Ciudadanos). Puede que no tenga la misma idea de España que yo, pero podemos vivir en comunidad aunque ella prefiera ondear agitadamente una bandera y yo saborear un godello (me reservo para las verdaderas batallas). 

L. de Guereñu Polán.

martes, 3 de octubre de 2017

EL INCENDIO CATALÁN



Aunque el problema catalán es sumamente complejo y lleno de aristas (se han dedicado libros a su estudio, por lo visto sin grandes éxitos), aportaré mi modesta opinión, que se podría resumir en la frase de Sartre: “el infierno son los otros”.

El 1 de octubre muchos nos planteamos la pregunta ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y aunque la respuesta radica en múltiples factores, destacaré dos que han podido actuar de triangulo de combustión (modelo que explica la generación de un fuego), siendo la carga policial del día del referendo la energía de activación que faltaba para declarar el incendio:

1. La narrativa que ha ido creando el nacionalismo catalán a lo largo de los años. En mi última estancia en Barcelona pude comprobar, con verdadera preocupación, como se aleccionaba a la gente con falsedades históricas y posverdades (también denominadas mentiras emotivas porque se aceptan por ser favorables a quien se las quiere creer) a través de los medios de comunicación catalanes. Pero también en las visitas a monumentos, en los que se hablaba del reino "catalano-aragones", que nunca existió, generando un cuento ficticio paralelo a la realidad. Incluso pude ver, en el castillo de Montjuïc, un documental donde se narraba, con una gran carga dramática y clara intención de generar odio hacia lo español, los bombardeos indiscriminados de Barcelona por parte de los opresores españoles, que disparaban contra los ciudadanos desarmados. No quiero pensar lo que se puede estar enseñando en las escuelas. Este plan de adoctrinamiento ha ido moldeando una generación de ciudadanos que se sienten ofendidos y oprimidos por los españoles.

2. Las políticas neoliberales, que nos han llevado a una crisis económica que se ha solucionado a base de recortes y pérdida de derechos fundamentales, sin querer comprender que se estaba generando una desafección hacia el sistema político y, lo que es peor, hacia la democracia misma. Especialmente entre una generación de jóvenes a los que se les ha birlado su futuro y sólo se les ofrece la frustración de la precariedad laboral, impidiéndoles llevar a cabo un plan de vida digno. Esta es la generación que quiere acabar con el régimen del 78, la que habla de fascismo y represión sin haber padecido nunca lo que ello significa (en un verdadero estado opresor muchos estarían en la cárcel o habrían sido fusilados, el señor Rufián el primero, por mucho menos). Los resultados electorales de los últimos años en Europa son un claro ejemplo de cómo se ha estado alimentando al monstruo por parte de los políticos que dirigían los hilos de Europa. Como siempre, nadie ha tomado lecciones de historia. Ahora, como sucedió tras el crack del 29, una crisis económica y la mala resolución de ésta, ha encendido otra vez la llama de los nacionalismos y los fascismos. Han vuelto los discursos de "nos roban", que en otros tiempos se dirigieron a franceses o judíos, han vuelto los sentimientos tribales, ha vuelto la desafección democrática, porque los ciudadanos se sienten abandonados y traicionados por sus clases dirigentes. Unas clases dirigentes corruptas, lo que los empuja a buscar otras salidas como la ultraderecha o cualquier opción política que les anuncie el paraíso. Las políticas neoliberales han asfixiado tanto a los ciudadanos que estos están dispuestos a saltar por el precipicio. Así llegó el Brexit, los mal llamados populismos, Trump, el ascenso de los partidos neonazis y la caída de la socialdemocracia con piel de lobo... o el conflicto catalán. Los dirigentes europeos no han parado de alimentar a la bestia, y lo peor es que lo siguen haciendo.

Y así llegamos al problema en cuestión, de imposible resolución, pues resulta que los dos únicos partidos con capacidad política de solucionar la crisis catalana son el problema, quienes lo han generado. Dos partidos nacionalistas con ideología y prácticas similares, liberales, corruptos y dispuestos a todo por mantenerse en el poder; que lo mismo pactan la mesa del Congreso o la ley de la estiba, como se niegan a hablar entre ellos. Dos partidos a los que la confrontación entre ciudadanos les favorece. Y ya se sabe que cuando caen las bombas no se escucha ni se ve nada. Por ello, este enfrentamiento entre sordos tiene ya difícil solución y quienes pudieron evitarlo nunca quisieron solucionarlo. De un lado el PP se cargó años de tranquilidad al denunciar y tumbar el Estatuto de
autonomía que habían aprobado todos los catalanes en el 2006 (pese a que no distaba mucho del andaluz), y que había contado hasta con el apoyo del Congreso. Y por otro la antigua CIU que se echó al monte cuando la corrupción y su mala gestión amenazaba con alejarles del poder, creando un enemigo exterior (táctica que siempre funciona) y una cortina de humo que impidiera ver que eran el sujeto del fracaso de la situación social catalana (privatización de la sanidad y los servicios públicos, aumento de la deuda, prácticas caciquiles y mafiosas, el 3%...). Si bien es cierto que las políticas de recortes del PP alimentó aún más el discurso independentista.

Llegados hasta aquí, creo que ha sido un error no dejar celebrar la consulta; hasta tengo mis dudas de si la habrían hecho de habérselo permitido, ya que pienso que todo ha sido una pantomima muy bien coordinada para despertar el sentimiento antiespañol en la ciudadanía catalana. Incluso no haberla hecho hace años, cuando el independentismo era infinitamente menor, pues lo único que se ha conseguido ahora es lo que los secesionistas querían, alimentar su relato de víctimas. Hay que reconocer que el Gobierno les ha regalado todo un espectáculo.
 
Para vencer esa falsa narrativa los catalanes tenían que haber podido dar su opinión, ya que si el referendo hubiera sido legal y los del NO hubieran votado abiertamente y con garantías, igual el resultado habría zanjado el problema por unas cuantas generaciones. Y en caso de que hubiera salido el sí, habría dos opciones (en las que el Estado no aparecería ya como opresor, si no como dialogante y defensor de la democracia):

1. Dialogar una fórmula para apaciguar el problema habiendo escuchado al pueblo catalán, pero dejando claro que el modelo de solidaridad entre regiones no se puede romper y que la independencia no es una vía posible en las actuales circunstancias legales y constitucionales. Por lo que los secesionistas tendrían que convencer al Congreso (al pueblo español) del cambio constitucional, incluso de la obligación de hacer un referendo en el que dicha independencia debería ser aprobada por todos los ciudadanos españoles (a los que les afecta dicha decisión).

2. Permitir la independencia tras un nuevo referendo de ruptura, pero eso sí, informando del coste real que ello va a tener a los catalanes (salida de la Unión Europea, pago de la deuda con el Estado español, déficit económico para pagar la deuda externa, las pensiones y los servicios públicos, recesión, imposibilidad de jugar competiciones oficiales fuera de Cataluña, aranceles fronterizos, fuga de empresas, pérdida de mercado, etc.). Probablemente muchos catalanes se negarán a ver la realidad hasta que los enfrenten a ella.

En cualquier caso, puede que al final nadie gane y todos salgamos perdiendo, porque si Cataluña abandona España se empobrecerá con toda seguridad, pero también empobrecerá a
regiones como Galicia, deficitarias (entre otras cosas porque muchas empresas que producen aquí tributan allá, como en el caso de alguna empresa energética o, sin ir más lejos, el parking de la Plaza de Galicia en Santiago de Compostela). El economista Santiago Lago ya le ha puesto números al coste que la independencia catalana tendría para Galicia: 1.000 millones de euros al año. Y en caso de que finalmente se acepte el chantaje de las oligarquías catalanas para mantenerse en el machito (darles el control económico y judicial para que puedan hacer y deshacer a gusto), otras comunidades sufriremos los recortes de esa insolidaridad. Porque al final todo se trata de eso, de la insolidaridad por parte de todos.

En un mundo global, en el que la clase trabajadora debería luchar por el reparto solidario de la riqueza, andamos a vueltas con la tribu, siguiéndole el juego a las derechas nacionalistas, embobados con los colorines de las banderas y apoyando huelgas patronales. Lo tenían más claro las organizaciones obreras en los años 30, cuando les decían a los señoritos: "eso del nacionalismo nos parece bien, pero primero dennos una vida digna".

Y yo que siempre me consideré un ciudadano del mundo... que necesario es viajar.


Guillerme Pérez Agulla

lunes, 2 de octubre de 2017

Desafiuzamentos e desvergoña

“Tódolos españois teñen dereito a disfrotar dunha vivenda digna e axeitada. Os poderes púbricos promoverán as condicións necesarias e establecerán as normas pertinentes pra facer efectivo este dereito, regulando a utilización do terreo dacordo ao interese xeral pra impedir a especulación....” (Art. 47. Constitución Española)
Como xa sinalara en artigos anteriores o estoupido das burbullas inmobiliaria e crediticia (2008) deixaron ao descuberto en España unha enorme débeda privada tal que as fontes mais fiables cifraban nun valor próximo aos 3,7 billóns de euros que viñan a equivaler ao 332,1% do PIB español. Unha enorme débeda que, naquelas datas, multiplicaba case por 10 a débeda pública quen se cifraba en 0,45 billóns de euros (39,5% do PIB).
Unha débeda privada que se distribuía do xeito seguinte: bancos e outras entidades financeiras, 1,54 billóns de euros que equivalían ao 138,2% do PIB; empresas 1,25 billóns de euros equivalente ao 112,2% do PIB e familias 0,91 billóns de euros equivalentes ao 81,7% do PIB. Como se pode ver se a débeda privada global equivalía ao 332,1% do PIB, a débeda dos bancos e outros entidades financeiras representaba, por si soa o 41,6%  -practicamente a metade- de toda a débeda privada e o 37,1% -mais da terceira parte- de toda a débeda –pública+privada-.
O diverxente e discriminatorio comportamento posterior das autoridades públicas (PSOE e PP) con relación a cada tipo de débeda, e moi especialmente, aos respectivos debedores foi un exemplo paradigmático de quen manda realmente en Galiza e en España. Por caso, fronte a débeda dos bancos e outras entidades financeiras -1,54 billóns de euros- o goberno español saíu disparado ao seu rescate. Fronte a débeda das familias -0,91 billóns de euros- aquel favoreceu e dou cobertura política os desafiuzamentos. O rescate disparou –xunto aos gastos por desemprego- a débeda pública –que actualmente está no 101,3% do PIB: 1,14 billóns de euros-. Os desafiuzamentos dispararon o número de familias que se quedaron sen a súa vivenda habitual e seguen endebedadas: ao día de hoxe mais de 100.000 en toda España -15.000 en Galiza-. Un rescate que supuxo unha inxección do fondos públicos no sector bancario superior aos 100.000 millóns de euros. Uns desafiuzamentos que carrexan outros problemas gravísimos: o 50% dos suicidios habidos en España (11 diarios) e Galiza (4 diarios) atribúese aos desafiuzamentos    (PAH: Plataforma de afectados pola hipoteca).
Asemade e mentres os desafiuzamentos seguen o seu curso -segundo as fontes mais fiables (PAH)  chegan a superar os 100 diarios en España e os 6 en Galiza, neste caso segundo informa a propia Defensora do Pobo- e se incrementa o número de suicidios por desafiuzamento, enterámonos por fontes oficiais que o rescate bancario vai camiño de converterse nunha nova grande estafa das elites políticas e financeiras aos cidadáns de España e, xa que logo, de Galiza. Así si o Banco de España afirma que 60.600 millóns de euros do total do rescate bancario   –que asegura ascendera a 77.000 millóns de euros- non se recuperarán, o Ministro de Economía (Luís de Guindos) confirma esta evidencia pero xustificando que de non ter habido rescate a recesión tería sido aínda maior.
Resulta imposible non indignarse diante de tanta desvergoña e caradura. En primeiro lugar, e como ben lembraron algúns medios de comunicación e opinión, porque cando se aprobou o rescate o goberno de torno (PP) asegurou, con total rotundidade e por boca dos responsables políticos, que aquel “non custaría nin un euro aos contribuíntes españois …. custo cero” (Luís de Guindos) xa que “o crédito é a banca e vaino pagar a banca” (Mariano Rajoy).  En segundo lugar por que mentres se procedía “a rescatala banca” con diñeiro público –o maior rescate con fondos públicos da eurozona- púñanse en marcha fortes recortes nas funcións públicas de benestar –ensino, atención sanitaria, atención as familias, ós maiores e ós desempregados …- tales que provocaron un enorme deterioro na calidade de vida da maioría dos cidadáns e moi especialmente das clases populares. En terceiro lugar por que o monto total destinado a rescatala banca é, realmente, moi superior as cifras recoñecidas-77.000 millóns de euros- pois supera de longo os 100.000 millóns de euros polo que as perdas serán, en realidade, aínda maiores. Finalmente por que o se presentou como un proceso modélico de rescate dun sector financeiro, do que se loaba a súa fortaleza, aparece realmente como unha estafa e unha chapuza que contrasta, por caso, co rescate levado adiante polo goberno dos Estados Unidos –con B. Obama na Presidencia- quen si tivo un custo cero para o contribuínte -no ano 2013 o goberno estadounidense tiña recuperado, e con beneficios, tódalas axudas públicas prestadas a banca-.
Por razóns como estas mentres en España a recesión económica que precedeu a crise financeira durou case unha década nos Estados Unidos so durou catro anos.
Mentres tanto, como sinalaba anteriormente, seguen os desafiuzamentos en Galiza e en España. Actos que supoñen unha agresión directa ao dereito a unha vivenda digna recollido por caso na Constitución Española (art. 47) e tamén na Declaración Universal dos Dereitos Humanos (art.25). Actos que continúan sen que dende os poderes públicos, neste caso a Xunta de Galicia e o Goberno español, se lles ofreza unha alternativa habitacional incluso aos casos de máxima vulnerabilidade. Un comportamento que supón unha subordinación do dereito a unha vivenda digna en relación ó dereito a propiedade privada y a liberdade de empresa paradigmas da sociedade capitalista. Un comportamento que considero indigno por que o dereito a unha vivenda non é inferior aos dereitos anteriormente citados senón que debe ter unha prioridade diante dos mesmos como así se recoñece en numerosos tratados internacionais a maioría dos cales foron asinados polo Estado español.
Nun estado democrático e de dereito como, por caso o español, os poderes públicos (Goberno español, Xunta de Galicia) están obrigados a garantir, promover, respectar e protexer o dereito de tódolos cidadáns a unha vivenda digna. Cousa que, neste caso, non están facendo como estamos vendo tódolos días.
Por caso veño de recibir un novo correo dos meus amigos da PAH –Plataforma antidesafiuzamentos-. Xente, homes e mulleres, magnifica que veñen loitando dende fai anos contra os desafiuzamentos sen que reciban, tanto por parte da maioría da clase política como de moitos medios de información e comunicación, a atención e o apoio que merecen. Nembargantes, grazas a súa perseveranza e a súa teimosía, nacidas da solidariedade, conseguiron que miles de familias galegas non foran desafiuzadas. No correo infórmanme dos últimos acontecementos, das súas últimas batallas. De como nos vindeiros meses a PAH acudirá ao Congreso dos Deputados para esixir a sinatura de compromiso de tódolos grupos parlamentarios para que se lexisle, o antes posible, a Lei de Vivenda da Pah, un texto de lei que recolle cinco medidas de mínimos para afrontar a emerxencia habitacional.
Dende aquí so podo seguir animándoos na súa xusta loita e desexar que teñan éxito na mesma, por que do seu éxito depende o futuro de moitas miles de familias das clases populares galegas e españolas.

Manoel Barbeitos

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Antes del 1 de octubre


Duelo a garrotazos, de Goya
Estas líneas han sido escritas hace varios días, pero las publico ahora, cuando falta muy poco para el 1 de octubre porque es la fecha elegida por las máximas autoridades de Cataluña para que tenga lugar una votación a la que llaman referéndum sin serlo. Y no lo es porque un referéndum solo lo puede convocar quien está autorizado para ello, según nuestra Constitución el Jefe del Estado a propuesta del Presidente, autorizado por el Congreso. Yo no puedo convocar un referéndum porque no estoy facultado para ello, y en esto el señor Puigdemont tiene tanto poder como yo, en otras cosas, mucho más.

Tenemos la mala suerte de un gobierno sitiado por mil errores y vicios, presa de políticas que favorecen solo a unos pocos, pero es el Gobierno y, hoy por hoy, no hay otro. Tenemos la mala suerte, también, de que las máximas autoridades de Cataluña, entre las que están personas verdaderamente descerebradas, quieren llevar a su país a la ruina (objetivamente hablando). ¿No sería mejor que los partidarios de la independencia de Cataluña, que están en su derecho de perseguirla, iniciasen los tratos para reformar la Constitución española, en lo cual habrían de tener socios? Por ejemplo el artículo 2º, que habla de la indisoluble unidad de España. ¿Cómo permitir que no se acate la Constitución que han votado los catalanes? ¿Cómo permitir que no se acate el Estatuto que han votado los catalanes? El propio Estatuto catalán establece la fórmula para su reforma, pero se elige vulnerarlo, como así mismo la Constitución.

Sabemos que en las Constituciones se utilizan términos maximalistas que luego pueden no responder a la realidad (el derecho al trabajo, a la vivienda…) y que el territorio que ahora forma España pudiera no serlo en el futuro, nada es eterno. Hubo un tiempo en el que España no existía y puede que llegue un lejano tiempo en el que tampoco exista. Pero mientras exista, no queda más remedio que hacer el cesto con los mimbres de que se dispone, y esto es un principio elemental de la política. Ningún revolucionario ha triunfado para hacer su revolución sin contar con la realidad; si se equivoca en el análisis de la realidad está construyendo castillos en el aire.

Un partido minoritario en España (CiU, ahora PDCAT) y minoritario en Cataluña, se ha unido a otros dos minoritarios por sí solos para formar una mayoría parlamentaria que no se corresponde con la mayoría social, por la sencilla razón de que la participación en las elecciones autonómicas es relativamente baja (mucha gente no vota y de su voluntad no se puede apropiar nadie).

Si como digo, los partidarios de la independencia consiguieran reformar la Constitución española (algo que ahora hasta el partido del Gobierno dice estar dispuesto) se abrirían una serie de posibilidades a la discusión –en la discusión no valen cerrazones, hay que dar razones, que es otra cosa- y andar un camino hacia un tipo de estado que alentase a los independentistas a conseguir sus objetivos. Objetivos que seguramente tendrían que quedar pendientes, pero no necesariamente renunciar a ellos. En aquellas negociaciones constitucionales Cataluña, como otras comunidades de España, tendrían la ocasión de poner sus premisas y exigencias y llegar a acuerdos políticos; entiéndase lo de políticos en el sentido de que no colmarían los deseos de nadie, pero sí podrían satisfacer relativamente a todos.

Lo del día 1 –me atrevo a decirlo por anticipado- será el hazmerreír de medio mundo (porque el otro medio no ha oído hablar de Cataluña) pero traerá problemas de orden público, resentimientos y división más allá de la que existe en una sociedad marcada por el mal reparto de la riqueza. Enderezar todo esto es misión de los responsables públicos, que no sé si estarán a la altura de las circunstancias, y desde luego no lo estám el actual Presidente del Gobierno y el Presidente catalán, dos descerebrados. ¿Podrían arrastrarlos otros partidos a posiciones políticas y a abandonar el anticatalanismo de que ha hecho gala la derecha tradicional en la historia de España? ¿A abandonar el camino de la ilegalidad que tiene sus precedentes en 1934? Los partidos nuevos tampoco permiten ser optimistas, pero el día 2 de octubre se abre una etapa, una oportunidad de oro para el futuro de España. Los independentistas deben saber que retar a un Estado es absurdo por los inmensos resortes que este tiene; los que administran el Estado deben ser menos reaccionarios, menos simples, y comprender que hay problemas difíciles que no se solucionan con bravuconadas.

Puede haber incluso males colaterales tras el 1 de octubre si la actuación del Gobierno se sale de lo que el PSOE y otros partidos puedan aceptar: que se dividan como consecuencia de la no asimilación del grave problema político e institucional que vive España. Lo que me importa a mí es el PSOE, que no está soldado como debiera, pues acontecimientos recientes no han sido asimilados por peligrosos personajes de gran influencia en algunos territorios.

¿Podría ser el camino para una solución la convocatoria de elecciones anticipadas en España y en Cataluña, donde los dirigentes respectivos no fuesen los actuales, ineptos para problemas tan complejos como el que tenemos? A medio y largo plazo, creo que sería la política acertada.

L. de Guereñu Polán.

martes, 26 de septiembre de 2017

LA GRAN COALICION.



Hasta  hace cuatro días se vendía cual pócima de Fierabrás para los problemas de la democracia española, la Gran Coalición. Se enfatizaba con fanatismo cuasi religioso en la Santa Alianza II, con gran regocijo de la derecha más rancia de Europa. Los más destacados próceres que del socialismo han sido la cantaban como si de un festival de Eurovisión se tratase. Cual mercachifles ambulantes vendían su remedio por plazas y mercados, usando para ello los medios afines a la derecha más dura. Su “semilla del diablo” en cierta medida  estuvo latente en  la asonada que derribó en una página poco edificante al secretario general del PSOE aunque que este volvió de manos de la militancia con más fuerza. Lamentablemente en ese se ínterin se habilitó la continuidad del más nefasto gobierno que padece España en democracia.
Hoy, la socialdemocracia alemana capitaneada por un insulso doméstico de la Sra. Merkel se despeña hacia la irrelevancia, algo similar a lo que se prevé en Austria, mientras casi un centenar de “nazis”, dicho esto sin eufemismos, acceden al Reichstag tras la II Guerra Mundial. Son días  para una severa reflexión, -contrición es difícil-, de aquellos que con voz engolada y galones trasnochados predicaban la receta. O que por vía de ejemplo, satanizaban la salida política que el buen sentido del pueblo portugués abrazó con un notable resultado y envidiable estabilidad. 

La socialdemocracia sufrió un severo retroceso en Europa pasando a ser noticia por sus sucesivas derrotas electorales, tras haber apadrinado las mayores cotas bienestar basada en la universalización de los derechos sociales  y laborales financiados a través de fiscalidad  solidaria. Todo el esfuerzo encaminado a la corrección de las desigualdades sociales, se dilapidó en un progresivo alejamiento de su cultura política y su vocación de servicio a lo público en medio de una irrelevante capacidad de autocrítica.
Fue incapaz de resistir al virus del neoliberalismo inspirado y expandido desde EEUU, cuyo ejemplo más práctico es el socialiberalismo que hizo mestizaje espurio en la socialdemocracia.   La Tercera Vía del Sr. Blair, cuya aportación más destacada a la “política” tal cual la entendía el, es su foto en la Azores, descafeinó los principios socialdemócratas, causó una disminución substantiva de los salarios de su país, al tiempo que impulsaba una temeraria desregulación de los mercados laborales y de la banca. Reduciendo al tiempo a mínimos la intervención del estado bajo la falacia de estimular la economía. 

 La socialdemocracia alemana inicia desde 2010 una deriva bajo el liderazgo del canciller Schroeder, hacia  políticas neoliberales. Medidas drásticas de austeridad y apoyo incondicional al capital financiero y al empresariado, en detrimento de la calidad de vida de los trabajadores y clases medias. Con ello abrió de par en par las puertas al gobierno Merkel. El resto, con la degradación de la socialdemocracia convertida en mozo de espadas de la canciller conservadora es ya historia, cuya última página acaba de escribirse. 
La socialdemocracia europea,  pagó la gran estafa  económica y financiera de 2008 con mucha más dureza que la derecha, que era quien estaba tras de ella. Como consecuencia inicia una larga travesía del desierto. Y eso en medio de una situación crítica, donde se evidencia que la derecha se muestra como una gestora funesta, en contra de lo que como mantra se ha pretendido hacer creer, y de lo que en España existe abundancia en el ejemplo. 

La socialdemocracia tiene un papel central e indispensable que desarrollar. Pero necesita para ello una adecuación urgente y modernización que le permita  conseguir sus objetivos, conciliando  el impulso del crecimiento económico y desarrollo, con bienestar social e  igualdad.

Seguramente volver a las condiciones de vida previas a esta gran estafa que sufrimos no sea fácil. En el mejor de los casos, tardará más de lo deseado. Para ello es indispensable reponer lo lo que  fue eje del recorrido tras la segunda guerra mundial, el pacto social entre el capital y el trabajo. Algo solo posible encauzando severamente y no de forma retorica, al capitalismo financiero.  
El ex ministro sueco y dirigente de la socialdemocracia de aquel país, Pär Nuder, está convencido de que el programa de austeridad de la derecha no funciona y que esta entrará en crisis, como consecuencia de su exacerbada servidumbre a  los intereses financieros. Y afirma,  “La crisis europea es mucho más que un asunto de déficit y de deudas. Tiene mucho que ver con la falta de confianza social”.  Algo que debe recuperar la socialdemocracia europea, y que en España  apunta en sentido positivo. 

  Antonio Campos Romay