viernes, 28 de abril de 2017

LA DEMOCRACIA EN RIESGO.



 La democracia es un sistema  que facilita  organizar la sociedad de acuerdo con los postulados de Mostesquieu, habilitando que el poder se distribuya y contrapese, soslayando la acumulación del mismo en una sola mano o grupo. Se basa en el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos  ciudadanos. Pero suele pasar, el caso español es un buen exponente, que  muchas veces hablan de democracia  los mismos que la están negando. O que crecieron negando su práctica. Que los que pontifican sobre democracia, son aquellos o aquellas que la escarnecen con sus actos y en lo cotidiano la niegan. Que hacen de las contradicciones hoja de ruta para befa de un pueblo estupefacto ante tanta desvergüenza,  que pierde la fe en la clase política a chorros. Algo que las encuestas sociológicas nos recuerdan periódicamente.   
Se invoca la democracia  de forma altisonante, y se anatemiza a  los países totalitarios por su ausencia de respeto al ciudadano, olvidando que nos movemos en una pátina de ilusión democrática que  oculta la imperfección de una libertad que hoy está usurpada por poderosos intereses financieros que mueven sus tentáculos e imponen su criterio a través de políticos domesticados. Convirtiendo en esta perversión, a los trabajadores y a la mesocracia, en los parientes pobres y sin horizontes de tal modelo. Se orilla  la virtud máxima de una democracia que es el respeto al ser humano simplemente por el hecho de serlo. Malamente cumplirá su papel la democracia si es incapaz de una justicia social equitativa. Violentaría su razón de ser, si no consagra a la ciudadanía en pié de igualdad en el ejercicio de derechos y deberes.
Desde la instauración del estado constitucional, nos hemos visto lastrados por el riesgo de liderazgos con vocación de prolongarse en el tiempo de forma insólita, y que en muchos casos desembocan en las aguas revueltas de la demagogia. Algo de lo que no se libran las nuevas corrientes, que con más cargas reivindicativas que poso ideológico, han irrumpido en el escenario político. Mesianismo e intolerancia son prácticas al uso que no se comparecen con la reflexión sosegada, el debate y la capacidad de acuerdo que informan una democracia con dinamismo.  El papel de la ciudadanía en una democracia solvente no se agota con el ejercicio del voto.  La democracia es  participación con responsabilidad y el ejercicio de permanente pedagogía frente a la intolerancia. La democracia cumple su objeto cuando el poder hegemónico no es el económico, sino la suma ordenada de los intereses de la sociedad. Lo que requiere una cultura democrática constante y viva.
Nada más lejos de una democracia sana, del buen estado de la salud pública, que la administración caiga en manos de  una minoría corrupta y en muchos casos incompetente. Que la adultera en aras de su de lucro, estrategias o al servicio de terceros. Que para la impunidad de su ejercicio socave la credibilidad de los poderes del estado que dibujan la democracia. Haciendo que el poder judicial  se mueva a su capricho. Entorpeciéndolo,  privándolo de medios o directamente actuando con arbitrariedad sobre sus mecanismos. Extendiendo la sensación, con mucho de objetiva, que la metástasis de la corrupción llegan a las más  altas instituciones del estado, y que no parece descartable la connivencia  desde estas con los presuntos delincuentes.
No ayuda que la  consorte del jefe del estado (vitalicio y no electo) tenga  por “compi yogui” un  delincuente económico  con condena firme, en libertad bajo fianza por un  nuevo caso de corrupción, al que amen de mostrarle su apoyo, a la vez la tal señora, mande a la mierda (perdón, “merde”  debe ser más fino) a la ciudadanía por indignarse al saberlo. O que su esposo lo invite cordialmente a cenas íntimas. O que otro delincuente, también condenado, cuñado del jefe del Estado, se pasee alegremente en Semana Santa de la mano de su señora esposa y princesa, incluso firmando autógrafos y haciéndose selfies...
Se degrada y socava peligrosamente la democracia cuando ante el pueblo se exhibe una alarmante impunidad. Cuando son intolerables las distancias entre los que acaparan la riqueza y los que “acaparan”  pobreza. Cuando lo incorrecto llega al bochorno de prostituir algo tan noble y de la máxima dignidad, como es la política, presentándola como intrínsecamente mala. En el mejor de los casos quedaría la interpretación “marxista”... (Groucho Marx) : “La política es el arte  de buscar problemas, hacer un diagnóstico falso y aplicar el remedio equivocado”.
A estas alturas, la trascendencia no está con toda la obscenidad que representa, en el saqueo sistemático de la publico, en el desmantelamiento de lo público para satisfacer la voracidad de los especuladores, dinamitar la separación de poderes, y muchas otras aberraciones, sino en la degradación descontrolada (o intencionada),  de la democracia que conlleva. De sus valores y principios. Este es el primero y más grave de los actos delictivos que se están cometiendo hoy. Lo que está en juego, ya no es que “sean una manga de ladrones del primero  al último”  que diría Pepe Mujica, sino que estas conductas, están  poniendo en riesgo la propia democracia.

 Antonio Campos Romay

miércoles, 26 de abril de 2017

O necesario pacto de rentas

“E hora de subir os salarios pois resulta preciso revertela economía anémica actual e que a sociedade galega recupere poder adquisitivo” (Antón Arias, presidente da Confederación de Empresarios de Galicia-CEG)
Nos derradeiros tempos veñen producíndose en Galiza unha serie de pronunciamentos sobre o mercado laboral que considero de grande relevancia. Pronunciamentos que pareceran dar a entender que se vai estendendo entre os diferentes axentes sociais e políticos galegos a convición de que, como vimos repetidamente sinalando dende estas páxinas de Praza Pública, o principal problema macroeconómico de Galiza é a situación do mercado laboral (salarios, empregos). Circunstancia esta que non podemos por mais que aplaudir.
Se o movemento sindical (CIG, CCCO de Galicia e UGT Galicia) leva tempo denunciando a grave realidade do mercado laboral galego, os representantes do mundo empresarial, e ao seu carón a Xunta de Galicia (PP), parecían  estar satisfeitos coa situación presente (elevado desemprego, caída dos salarios) sen preocuparse da súa relación coa crise financeira e a longa recesión económica que derivou das políticas adoptadas co gallo de aquela. Pero de pronto parecera como si algo empezara a cambiar tanto na organización empresarial (CEG) como na propia Xunta de Galicia (PP), aínda que sexa moi timidamente polo de agora.
Así o actual presidente da CEG (Confederación de Empresarios de Galicia), Antón Arias, daba recentemente a coñecer aos medios de comunicación a súa aposta “por subir o salarios”, cualificando de modelo fracasado a reforma laboral “pois temos unha precariedade elevadísima e non somos quen de xerar emprego de calidade … non podemos ter unha economía anémica por falta de consumo”.
Pola súa parte o Parlamento de Galicia aprobaba, tamén recentemente, por unanimidade, é dicir co voto favorable do PP –amais de En Marea, PSdeG-PSOE e BNG-, unha moción presentada polo parlamentario Manuel Lago do grupo En Marea na que “se insta a Xunta de Galicia a tomar medidas concretas para loitar contra a desigualdade salarial e a pobreza laboral actual (…) que supón un problema global que tamén afecta a economía e a sociedade galegas e, xa que logo, combatela ten que ser un dos obxectivos explícitos na estratexia económica e laboral da Xunta de Galicia”.
A estas alturas xa deberan quedar poucas dúbidas de que a longa recesión que sufriu España, e con ela Galiza, non viu orixinada pola crise financeira do 2008 senón polas políticas que a continuación se adoptaron primeiro polo PSOE logo polo PP. Políticas que tiveron dos piares: o axuste fiscal e a rebaixa salarial. Cómpre, xa que logo, deterse un momento na relato do papel que a caída das rendas salariais tivo tanto na crise económica española, e galega, como na posterior recesión.
E ben sabido que, en contra de tódalas evidencias, os neoliberais que nos gobernan e os seus altofalantes subliñan que os graves problemas económicos que sufrimos son como consecuencia dos elevados salarios .. dos traballadores. Ergo, o que teñen que facelos gobernos e impedir que suban os salarios, facer que baixen xa que así seremos mais competitivos e sairemos da crise.  E niso están todos úfanos a pesar, repito, de tódalas evidencias en contra.
A maior evidencia de que é falsa a teoría de que baixando os salarios gáñanse mais cotas de mercado é a propia evolución, nestes derradeiros anos,  dos salarios e da economía en Galicia e en España. Anos nos que os salarios non pararon de caer sen que por ilo mellorara a competitividade de ámbalas dúas economías. A principios dos anos oitenta a participación dos salarios na riqueza nacional era do 62,1% en Galiza e o 65,9% en España, para a partires deses anos empezar a baixar inenterrumpidamente ata chegar aos actuais 44,1% e 47,4%. Nesta evolución descendente cabe subliñar varios aspectos: 1º. A participación dos salarios na riqueza nacional sempre estivo en Galiza por baixo da media española,  2º. España, e con ela Galiza, foi o único estado  da Unión Europea no que non se produciu un crecemento real dos salarios na fase expansiva última, 3º. Este comportamento dos salarios fai que España e Galicia, estean entre os países da Unión Europea con menor participación dos salarios na riqueza nacional, manténdose claramente por baixo da media na UE: 44,1% en Galicia, 47,4% en España, e 54,2% na UE15, 4º Unha evolución negativa dos salarios galegos, e españois que non se viu acompañada de maiores cotas de mercado.
Un empresario galego individualmente pode querer que na súa empresa baixen os salarios o máximo posible,  pero si é un empresario listo –como parece selo Antón Arias- sabe que si tódolos empresarios galegos –inmensa maioría de pequenos e medianos- fan o mesmo caerán as súas ventas pois diminuirá a capacidade de consumo dos seus clientes que son, maioritariamente, os traballadores galegos das outras empresas. Por iso mesmo estará interesado en que os salarios deses traballadores suban o máximo posible para poder vender todo o que produce. A grande recesión, da que aínda non saímos de todo, é unha evidencia deste aparente paradoxo.
A redución dos custos para mellorala competitividade non necesariamente ten que ser baixando os salarios senón que pode ser vía incrementala produtividade. Opción esta que moitos empresarios, políticos e altofalantes non contemplan. Así numerosísimas experiencias móstrannos como se pode incrementala produtividade sen baixalos salarios. Mellores formas de organización interna das empresas –horarios, ambiente laboral, -, melloras no ambiente laboral –transporte, conciliación-. Maior e  mellor formación dos traballadores e emprego de sistemas informáticos tamén supoñen melloras na produtividade e, xa que logo, menores custos por produto.
Para analizar o impacto real dos salarios na competitividade das empresas hai que vela súa relación coa produtividade e cos prezos o que se fai ao través dos chamados “custos laborais unitarios” –custo salarial medio que custa producir unha unidade de produto-. Unha análise que nos mostra de forma contundente como nas derradeiras décadas a suba destes custos en Galiza e en España ten máis que ver coa suba nos prezos dos produtos que cos salarios dos traballadores. Para reducir os custos laborais unitarios, en Galiza e en España, hai, xa que logo, que intervir nos prezos. Uns prezos que veñen determinados polas grandes empresas oligopolísticas que dominan os mercados e impoñen os prezos que lles interesan. Son estas grandes empresas –que, co beneplácito gobernamental, soben os prezos cando e como lles da a gana- as que provocan, en Galiza e en España, perdas na competitividade e non os salarios dos traballadores. Velaí que no caso dos “custos laborais unitarios reais” España, é con ela Galiza, estea a cabeza de Europa na redución dos mesmos.
Estas evidencias deberan ser suficientes para rexeitar definitivamente o dogma neoliberal sobre os salarios e a competitividade xa que nos leva de recesión en recesión.  Se analizamos con rigor as causas da, polo de agora, derradeira recesión veremos como o crecemento das rendas de capital a costa da caída dos salarios reais desempeñou un papel fundamental na explosión da crise financeira que a precedeu. A caída dos salarios trouxo como consecuencia unha enorme debilidade da demanda privada e un crecemento exponencial da débeda tamén privada. Un endebedamento estimulado pola abondosa liquidez derivada da existencia do euro pero que rematou creando unha enorme burbulla. Unha burbulla que como todas acabou estoupando e dando lugar a crise financeira. Crise financeira que tratada con políticas anticíclicas de austeridade fiscal e rebaixa salarial transformouse nunha longa recesión. Longa recesión que se apoiou, e tivo como consecuencia, que se seguira disparando a diferenza entre as rendas do traballo e as do capital (Vicenç Navarro: “Ataque a la democracia y al benestar”. Editorial Anagrama).
Feitos obxectivos que poñen en evidencia a urxente necesidade de cambiar esta dinámica de rendas e proceder a estimular o crecemento dos salarios e a creación de emprego para así recuperar o poder adquisitivo, como ben di Antón Arias, e con el a enormemente debilitada demanda.
Velaí a oportunidade e a xusteza da interpelación que ven de presentar no Parlamento galego o grupo En Marea. En Galiza, como en España, é urxente chegar a un Pacto de Rendas entre as forzas do capital –CEG- e o traballo –CIG, CCOO de Galiza, UGT Galiza- no que ademais ten que participar a Xunta de Galicia –como empresario público-. Un pacto que teña como principal obxectivo que as rendas do traballo recuperen, no prazo de unha ou dúas lexislaturas, o nivel dos anos oitenta cando menos.

Manoel Barbeitos

lunes, 24 de abril de 2017

Elecciones en Francia, análisis de urgencia.



Esta vez las encuestas serias se han aproximado a los resultados de la 1ª vuelta. Los análisis escuchados a los expertos me parecen menos acertados, aporto mi visión.

He escuchado el muy buen discurso de Macron: equilibrado, europeísta, con un gran peso de solidaridad, integrador, pero.......me parece que un análisis apresurado no va a servir mucho cara al futuro si solo se refiere a quien va a ser el Presidente. Por dos razones principales: 1ª Los resultados parlamentarios no son similares a los presidenciales, acordémonos de la repetida co-habitación Presidente/Asamblea (con ideologías y programas contrapuestos), o de la nula presencia actual del F.N. en la Asamblea Francesa, a pesar de haber tenido resultados similares a los actuales, en otras elecciones presidenciales. Y 2ª, los extremos suman demasiados votos, cerca del 50%, y van a condicionar la elección de diputados, también garantizan una época de problemas de orden público (de los que Francia tiene una larga y cercana experiencia) cara cualquier medida del futuro gobierno que no les guste.
 
Un dato importante, el sistema electoral no es de listas cerradas, es uninominal mayoritario a dos vueltas. Los ciudadanos eligen directamente a los Diputados. Este sistema favorece el control del candidato por parte de los electores en circunscripciones pequeñas, con intereses muy concretos y locales, frente a los más generales del conjunto de la República.
 
De todas formas intentando mirar a final de junio, y dando por hecho que Marcon gana la presidencia ¿con quién gobernará? Si los resultados son similares a los de este mes de abril en las legislativas, en muchas circunscripciones los finalistas pueden ser tres e incluso cuatro (pasan a segunda vuelta los que alcancen el 12,5% del censo) y para algún escaño los dos posibles electos con más posibilidades, si no hay retiradas y acuerdos previos entre las fuerzas "clásicas", serán los dos candidatos de los extremos, lo que garantizará presencia importante tanto del F.N. como de los izquierdistas de Francia Insumisa.
 
Ya hay experiencia de como votan fuerzas similares en el Europarlamento (por ejemplo Podemos y el grupo donde se asienta Le Pen), la coincidencia de voto supera con mucho el 80%. Los acuerdos entre los grupos principales, así como el gran peso de esos grupos, han hecho que, en los temas importantes, esa coincidencia entre extremos nunca haya tenido repercusiones. Esto no está garantizado para la Asamblea Francesa, por lo que para gobernar Macron necesitará apoyos y presencias de al menos dos grupos.
 
A la vista del programa ofrecido por Macron, reiterado en su discurso de ayer, solo con unos resultados aceptables del PSF en las elecciones parlamentarias, ese programa puede tener una cierta garantía de aplicación, ya que recoge en gran parte las medidas y objetivos del programa de Hollande que no se ha cumplido. No es de esperar que aquellos que se han opuesto a esas medidas (los conservadores agrupados en torno a Fillon) ahora cambien de opinión y voten a favor con Marcon, aquello que votaron en contra con Hollande.
Isidoro Gracia