martes, 26 de noviembre de 2019

Vivir del cuento


Creo que España vive un mal momento política e institucionalmente, aparte los problemas sin resolver, que no son pocos, y las veleidades que a la economía mundial se le ocurran.

Creo también que hay un buen número de dirigentes políticos que viven del cuento sin aportar gran cosa al bien de la comunidad. Esquerra Republicana es responsable de no haber dado su aprobación a los presupuestos en la última legislatura, con lo que hubo que convocar elecciones de nuevo que no han traído sino un ascenso notable del PP, un ascenso espectacular de Vox, la entrada en el Parlamento español de las CUP y la pérdida de escaños para la propia Esquerra, el Partido Socialista y Podemos. No he oído a ningún dirigente de Esquerra hacer autocrítica sobre su maniobra para que España no tuviese unos presupuestos sociales, a pesar de llamarse como se llama: es una “izquierda sui generis”.

Al señor Iglesias lo único que le interesa es ser ministro y colocar a alguno de los suyos, no la gobernanza del país y su progreso. Por eso no respetó que gobernase el partido que había ganado las elecciones y –con Esquerra- propició unas nuevas elecciones con el resultado ya dicho.

Hay algunos “históricos” del socialismo que parecen también vivir del cuento: si se han pronunciado las bases de acuerdo a una consulta hecha por la dirección del partido ¿a qué viene ahora un “manifiesto” para decir que no están de acuerdo con lo que aquellas bases ya se han pronunciado? ¿o es que esos “históricos” son más importantes que miles de socialistas en España? Una manía a la que no renuncian quienes ya no están al mando de nada, pero tienen la capacidad de molestar todo lo que pueden. Incluso me parece entrever una suerte de odio en algunos de ellos, contra un Secretario y Presidente, el señor Sánchez, a quien se le han puesto más obstáculos que a nadie en la democracia española.

No soy un entusiasta del pacto entre el Partido Socialista y Podemos, ya que, como le ocurre al Presidente Sánchez, no me fío del señor Iglesias y de sus allegados (otra cosa es el conjunto de dicha organización), pero no veo otra salida si la derecha y ¿por qué no la otra izquierda? no permiten gobernar en minoría y en solitario al Partido Socialista, ganador de las elecciones, que para mí es la mejor opción, la más coherente y la menos compleja.

Esquerra no quiere investir al señor Sánchez; lo que quiere es tener al Estado débil (aunque sus dirigentes dicen “un PSOE débil). Cuanto más débil sea el Estado, más posibilidades de tener a la sociedad nacionalista  catalana movilizada y, por lo tanto, en jaque al Estado. No es posible, según lo veo yo, una negociación de Gobierno a Govern, como no es posible aceptar un referéndum que ni el artículo 2º de la Constitución permite ni un partido de gobierno puede admitir. Ningún estado prevé en su Constitución la posibilidad de descomponerse en partículas. Si Esquerra ha planteado esto para la galería el tiempo lo dirá. Si se empeña en imponerlo, creo que el Partido Socialista y el Gobierno en funciones no pueden aceptarlo. Sería ilegal, sería impolítico y sería malo para el conjunto de los españoles, incluidos, claro está, los catalanes, muchos de los cuales tienen a gala ser españoles como los que más.

Hay un sentimiento romántico entendido en el peor sentido de la palabra en los señores Junqueras, Rufián y compañía (el caso de los del señor Mas y Puigdemont ya es otra cosa). Dialogar no es suficiente si al mismo tiempo no se razona: si Esquerra no es capaz de comprender que el Estado no puede aceptar determinados presupuestos disolventes, no hay mucho más que “dialogar”. En cuyo caso se podría entrar en un proceso –malo también pero quizá necesario- de pactar con todo aquel que quiera defender la integridad de España primero, la gobernanza del país después y el mantenimiento de la democracia (en sus diversas versiones) por fin.

L. de Guereñu Polán.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Democracia real



Hace décadas que debiéramos haber aceptado que la democracia es el arte de la convivencia y la colaboración de diferentes tendencias políticas en beneficio del bien común. Pero no es así. La democracia moderna no parece otra cosa diferente a un malvado juego de tahúres, donde los más osados, quienes más vociferan o aquellos capaces de mentir con más desfachatez arrastran las monedas del tapete e, incluso, se llevan la gloria y el aplauso de los pacientes espectadores. La democracia española se ha convertido en un espectáculo donde desnudar las cebollas e intenciones de los jugadores es harto complicado. Las tramas de los partidos y de sus líderes ni tienen que ver con la lógica de las novelas tradicionales, ni con la ceguera de los romances, ni con las paradojas vitales. Incluso ni con la vida. Ni siendo ingeniosas, en nada se parecen a la picaresca, tan admirada en España.
Fíjense. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han logrado el abrazo de las izquierdas, han abierto la puerta a la estabilidad exigida desde todos los foros ideológicos y, en lugar de aplaudir o colaborar, el ruido de sables se escucha por doquier. Yo, que hubiera preferido un gobierno sin Iglesias, me congratulo de la jugada de Sánchez porque, quizás, el tenue retroceso de las izquierdas el 10-N va a suponer un punto de giro en el guion de esta desnortada política del multipartidismo. Si logran actuar con sensatez, lealtad y paciencia, alejados del escándalo mediático, puede que estemos inaugurando una nueva etapa política de equilibrios para la ciudadanía de todos los colores.
UP ha tomado conciencia de su estado descendente, de alguna manera ha alcanzado el cielo del poder gubernamental pero ya no es redentor de nada, va a entrar en el engranaje de la fábrica de realidades. El PSOE retorna a la filosofía de la casa común de la izquierda, del pacto y del pragmatismo. Cs después de perder la razón de ser, al situarse de muletilla del PP en las comunidades autónomas, camina por la senda de la desaparición y, no tardando mucho, se sumará a las filas de Casado (si este resiste después de no alcanzar sus objetivos por segunda vez). La tragedia, propiciada con la defunción del bipartidismo, la protagoniza la extrema derecha. El tahúr que maneja los naipes de Vox puede acabar adueñándose del tapete azul del juego, si en el PP perseveran en la confusión de desleal oposición y tácticas de aprendices de brujos.
A tenor de las declaraciones de algunos varones conservadores, el acuerdo ha sido para sus contradicciones un gran tropiezo. Si aspiraban a tener cautivo a Sánchez en minoría, se han quedado sin horizonte. Ahora van a encontrarse emparedados entre un Gobierno barajando soluciones y una extrema derecha vociferando con más fuerza y populismo que ellos. Las matemáticas van a igualarlos, con excesiva frecuencia, en el mismo tablero del NO en el Parlamento. Oscurecido Cs como socio de gobiernos municipales y autonómicos, el emparejamiento (por mucho que lo nieguen) con Vox va a estallarles un día sí otro también.
Para no ser fagocitado por las barbas de Santiago Abascal, Casado tendrá que cambiar de baraja. No le bastará con volver a renovar la imagen, el logotipo o los muebles del despacho. La política de confrontación radical ejecutada desde su llegada a la cúpula del PP no le ha funcionado y Vox le ha ganado la partida. Quizás el cambio consista en volver a la vieja leal oposición. A practicar la democracia real por el bienestar de España.

Xose A. Perozo |

sábado, 16 de noviembre de 2019

QUINIENTOS AÑOS DE LA HABANA. Antonio Campos Romay*

Se vanagloriaba Augusto de que había encontrado una ciudad de ladrillo, y dejó una Roma de mármol. Seguramente no sea algo de lo que pueda vanagloriarse el castrismo respeto a La Habana, a la que siempre observo con cierto recelo.

La Habana, una linda jovencita con su medio milenio a cuestas, se dibuja en una corona mural, un campo azul tres castillos, un laurel y una llave de oro, obligada en quien fue llave del mundo y antemural de las Indias. La más bella y sensual dama del Caribe. Capital de esa República que dice ser y llamarse Cuba. La que Nicolás Guillen con lira enamorada describe,

Por el mar de las Antillas,
también llamado Caribe”,

cantando a lagrima viva
navega Cuba en su mapa;
un lagarto verde con ojos
de piedra y agua”…

De La Habana cabe hablar con pasión, con amor, con nostalgia, con la poesía que inspira su belleza deslumbrante o con los pausados comentarios de un historiador. Lorca, poeta, soñador y víctima, informaba a sus padres, “Esta isla es un paraíso, si me pierdo algún día, que me busquen en Cuba”… Finalmente desapareció en un recodo de odio una noche con aroma a azahar y balas fratricidas. Con su sensible espíritu de esteta relata con verbo sincrético goloso de placer…

¡Oh Cuba¡ ¡OH reino de semillas secas¡
¡Oh cintura caliente, gota de madera¡
¡Arpa de troncos vivos. Caimán, flor de tabaco ¡

La Habana nace a la sombra de una corpulenta ceiba, vigorosa como su pueblo, en una reunión de lo que sería el cabildo de la Villa un 15 de noviembre de 1519. Pero si nos adentramos por los escondrijos de la historia habanera, asoma la mano de D. Diego de Velázquez en 1515, en la partida bautismal de lo que inicialmente es San Cristóbal de la Habana, muy cerca del Surgidero de Batanabó. Son apenas cincuenta colonos que ante lo insalubre del territorio pronto refundan la villa en la desembocadura del Río Almendares. Eran gentes inquietas y el espacio abundoso. Tardan apenas un año en liar los petates y escoger un tercer asentamiento que será definitivo en la península inmediata a Puerto de Carenas. Como no podría ser de otra forma está presente un gallego osado y aventurero de vida azarosa D. Sebastián Ocampo. La Perla del Caribe nace como campamento de chozas de madera y guano en lo que es hoy el Ayuntamiento y la Lonja de Comercio.

La corriente del Golfo, en aquellos tiempos determinante para la navegación, está íntimamente ligada a la adolescencia habanera. Su puerto era escala obligada antes de hacerse a los peligros del Mar Océano. Al se muestra como magnifico abrigo natural, con gran calado y comodidad de acceso.

La Habana en su atormentada historia sufrió los embates de corsarios, ingleses, yanquis, hampones, dictadores, saqueos sin fin…pero siempre desde Martí a Fidel contó con espíritus indomables dispuestos sentirse libres, aun a costa de avatares crueles.
Los bohíos primitivos de su asentamiento fueron génesis de los populosos barrios que se consolidaran en el siglo XIX, Vedado y Víbora, Luyano, Buenos Aires, Las Cañas, Santos Suarez, Mendoza, Lawton, Aranguren etc. Frente a la Habana Vieja, Casablanca y Regla crecen separadas por una lengua de mar.

La Habana es Malecón. Ese abrazo al mar de la bahía que es sueño, suspiro, música y sexo. El viento que lo barre con mimo, en ocasiones se vuelve zarpazo feroz. Se convierte en bramido y agua salada que desgarra impía la fachada atlántica varias cuadras arriba reclamando su tributo a la soberbia de los que se acomodaron en su orilla. Bajo el fuego del sol su trazo es un escenario único y desenfadado. Por su baluarte el ron y música acompañan promesas, charlas demoradas, juramentos de amor entre un hola y un adiós...

Sus grandes calzadas que hoy languidecen escleróticas, fueron envidia de coetáneos. Monte. Zanja. Belascoin. Galiano, que tuvo a gala ser en algún momento la calle más famosa de América. Bélgica. Menocal, calle hermosa con nombre de siniestro presidente. Paseo Prado. Carlos III, mudado su nombre por el de Salvador Allende….Arterias que unían, calor y color, brillo inusitado y el mayor cosmopolitismo posible.

Su Universidad la fundan los dominicos en 1728 y se seculariza cuando en 1842 se traslada a su actual ubicación en la falda de una colina habanera. Sus escalinatas dan fe durante siglo y medio gran parte de las convulsiones sociales y políticas del país. Otro referente ineludible, es el impresionante edificio neobarroco del Centro Gallego que alcanzo a tener cerca de 80.000 socios. En su teatro, hoy llamado Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso se interpretará por primera vez el Himno Gallego, el 20 de diciembre de 1907.
La UNESCO, en 1982 declaró el centro histórico de La Habana Vieja y sus sistemas de fortificaciones coloniales Patrimonio de la Humanidad, incluyendo las antiguas murallas hasta el Paseo del Prado, el Canal del Puerto y las fortificaciones de los siglos XVI y XIX, amparando más de un millar de edificios en una extensión de 156 hectáreas.
Al abordar Rancho Boyeros, donde las pistas del aeropuerto José Martí son puerta de entrada, al viajero le inunda el hechizo de la ciudad, que se enraíza en el alma. Una turbadora sensación al hallarse en la tierra de los mil sentimientos encontrados.
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Es La Habana… es esa “ciudad enferma de columnas” que citaba Alejo Carpentier. O de columnas enfermas que muestran una huella dolorosa en el rostro de una las ciudades más bellas del mundo. Decenios de orfandad de pintura y atenciones muestran edificios carcomidos por la desidia y el abandono, precariamente apuntalados. La ciudad que hizo soñar a Hemingway, hoy le haría llorar con sus escaparates famélicos, escombros y abandono. Con las viejas calles de solera y tradición, donde librerías, bancos, comercios y restaurantes alegraban su trazado, que hoy apenas conservan algún letrero ruinoso superviviendo en un prototipo de belleza maltratada.

Pero pese a todo tiene pleno vigor un dicho popular cargado de sabiduría: “La Habana, solo quien no la ve, no la ama”. Provoca un intenso flechazo que hace imposible olvidarla. También el dolor de enamorado que contempla la prenda de sus sueños hundirse en la degradación. Es bálsamo contemplarla desde la distancia que en aras del todo oscurece el detalle. Una panorámica reconfortante es la visión desde el piso veinticinco del Hotel Habana Libre en el atardecer cuando la ciudad, inmenso mosaico, asoma difusa, plena de belleza.

Contemplada desde la otra orilla, en el Castillo del Morro, almorzando en la terraza del restaurante la Divina Pastora, se muestra luminosa, una inusitada postal en un marco de azul y fulgores dorados. Enigmática promesa, ronda voluptuosa de los sentidos, sinfonía sensual en el regazo del mar.

Es la misma La Habana que languidece entre el desanimo, y vegeta en un vacío de esperanza. Puede que con nuevos tiempos recupere el pulso, y renazca como ave fénix. Es deseable, pero también inevitable que la acechen tormentas no menores. Las plagas propias de un capitalismo desenfrenado que el vaivén del péndulo de la historia puede plantar como irónico epitafio sobre el túmulo del castrismo crepuscular. Y con ello una especulación desaprensiva, desatenta con la estética y el espíritu de la Perla del Caribe que fue Joya de la Corona, reconstruyéndola con paisaje ramplón e impersonal, provocando aberraciones que destrocen la más bella lamina americana de exótico barroco colonial.

Resultaría doloroso contemplar, -y no sería singular ni nuevo-, ver como la ciudad es devorada por la especulación, destrozando una urbe histórica para alzar sobre sus ruinas una arquitectura de cartón piedra indecente y engañosa. Una falsificación de la ciudad. Un acto tan brutal, y estúpido como matar a un ruiseñor o aplastar los pétalos de una rosa.

La Habana, recuerdo siempre cálido en el corazón de los que te conocieron y te amaron, que los dioses, paganos como tú, dioses del amor y la alegría amparen tu esplendor, tu lozanía,
y acompañen tus pasos por el navegar incierto de tu futuro. FELIZ CUMPLEAÑOS.

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia

martes, 12 de noviembre de 2019

Mal

No acerté gran cosa en mi anterior participación en este foro, quizá porque confundí mis deseos con la realidad, que es terca. El avance tremendo de la extrema derecha, no obstante, puede ser como un "souffle" cuando buena parte de sus votos vuelvan al Partido Popular, a la postre, casa matriz de esa familia que es la derecha. 

Los resultados electorales, tal y como han quedado, presentan un panorama endiablado para la gobernación de España, sobre todo teniendo en cuenta los muchos y graves problemas que enfrenta. Sin saber cual sea la solución de gobierno que se imponga, creo que cualquiera será mala y con ella habrá que tirar hasta que no dé más de sí. 

Por un lado está el problema planteado por el independentismo catalán, que tiene su fuerza bien demostrada aunque se empeñe en llevar el método ignorando a millones de compatriotas. También están los compromisos europeos, la política social pendiente, la necesidad de allegar recursos y mil asuntos (la aprobación de unos presupuestos del Estado entre otros) que no se han podido abordar en estos últimos años.

España tiene, quizá, uno de los Parlamentos más divididos de Europa, empeñados como están los líderes locales en preferir ser cabezas de ratón que colas de león. Cada uno, en Cartagena como en Canarias, en Valencia como en Teruel, en Santander como en Madrid, han presentado su candidatura para conseguir uno, dos o tres escaños y exigir, por este medio, un trozo de tarta. De igual manera los españoles se han empeñado en dar su voto a partidos vasquistas, regionalistas, localistas, fueristas, nacionalistas de todo tipo, para -cada uno con dos, tres o cuatro escaños- participar también en el festín. Otra cosa es que haya festín.

Si hubiese una ley que dijese que por el mero hecho de aceptar ser diputado o senador, se da por hecho que todos y cada uno aceptan y acatan la Constitución española, no tendríamos por que asistir, dentro de unos días, al teatro bochornoso de las diversas formas de juramento y/o promesa, cada cual más rocambolesca y estúpida.

Si el Partido Socialista, que tiene la responsabilidad de tomar la iniciativa para formar gobierno, tiene que dar cabida en él a los del señor Iglesias, malo, si ha de valerse de los votos de los independentistas vascos y catalanes, peor. Si para la formación de ese gobierno que no se puede hacer esperar más, hay que soltar algunas migajas o prebendas a alguno de esos que han conseguido uno o dos escaños, también malo. Y malo veo el futuro de España, institucionalmente hablando, con el gobierno que se adivina y con el Parlamento tan fraccionado. 

Los del señor Iglesias, y me refiero sobre todo a los de su grupo más próximo, no son de fiar para ninguna política de Estado que se precie. Ni en el tema catalán, ni en la política exterior, ni en el orden público, ni en la lealtad constitucional, ni en casi nada. Por si esto fuese poco, hay partidos que se empeñan en ignorar la naturaleza pluralísima de España, presentando una lucha dialéctica denodada contra las provocaciones de los nacionalismos periféricos que, nos guste o no, existen porque tienen apoyo social suficiente.

El Presidente en funciones, señor Sánchez, tiene la inveterada costumbre, por si los problemas no fuesen suficientes, de meterse en jardines intrincados sin venir a cuento: que si España es una nación de naciones, que si el delito de estos es de rebelión, que si traerá por su mano -poco menos- al señor Puigdemont, y otras cosas por el estilo. Contrasta su tenacidad y los servicios que ya ha prestado a España con la verborrea que le traiciona. 

Lo delicado de la situación institucional y política de España quizá no llegue a la necesidad de un gran pacto entre los dos grandes partidos políticos -que no quieren unos ni otros- pero ya se andará el camino. Por mi parte deseo que no sea necesario, entre otras cosas porque la dirección del Partido Popular está en manos de tales enanos, que tengo mis fundados temores de lo que se les ocurriría. Pero si se llegase a tener que recurrir a esta fórmula, malo también porque indicaría a que extremos hemos llegado. 

Con la extrema derecha como tal en las instituciones, el Partido Socialista debilitado aún ganando las elecciones, antipatriotas en el Congreso y en el Senado, cuestionadores de lo divino y de lo humano por doquier, mal veo la estabilidad institucional de España, por ende la política, y mal veo que las soluciones que haya que arbitrar se tomen acertadamente, porque si se llegase a acuerdos en el Gobierno, ya se encargarán algunos de torpedearlas en el Parlamento. Asistiremos ahora a un permanente acoso y derribo por parte de la patronal, los partidos minoritarios y la derecha política, por razones distintas pero a lo mismo.

Se me ha ocurrido -puesto a pensar- que el Presidente en funciones podría ofrecer un ministerio al PNV (hay precedentes en la II Republica) y a Ciudadanos, aunque solo sea para que la "cuota" que se le ocurra exigir a los del señor Iglesias, tuviese por fuerza que verse menguada. Difícil me parece que esto cuajase. Los que se fueron de Podemos y los que aún están dentro de IU, que reconocen al Partido Socialista legitimidad para gobernar en minoría con el Parlamento, no pintan nada ahora. El resto de la sopa es un berenjenal de mucho cuidado. Mal.

L. de Guereñu Polán.  


lunes, 4 de noviembre de 2019

Adivinanza

Imaginemos que el día 10 próximo los resultados electorales son los siguientes: el Partido Socialista gana con claridad pero sin poder valerse por sí mismo para formar gobierno; el PP se reparte los votos de la derecha con Ciudadanos con ventaja para aquel; los del señor Iglesias pierden posiciones en favor de los del señor Errejón; la extrema derecha mejora algo, solo algo, sus resultados; los nacionalistas vascos y catalanes siguen igual y a lo suyo; ciertas minorías se quedarán, cada una, con un escaño y poco más. 

El Parlamento estará tan fraccionado que no faltarán quienes pongan precios altísimos para dejar formar gobierno. En el Senado los escaños se los repartirán dos y poco más. 

Si así fuese, no veo por que no se habría de intentar una investidura pactando a derecha y a izquierda (excepto con Vox y las Cup, que vienen solo a hacer el gamberro en la sede de la soberanía nacional).

Vendrían entonces los voceros del "ya lo dijimos", pero esto duraría solo unos meses. Si a derecha y a izquierda no hay voluntad de respetar el modelo de descentralización política, la unidad territorial de España, los presupuestos del Estado aunque estos no contenten ni a unos ni a otros (por ende una política tributaria a medias) y una política social mínima, en la que habría que contar, por lo menos, con la anuencia de los sindicatos de trabajadores, entonces es que España tiene un problema de hondísimo alcance, incluso de régimen, que merecería la movilización de la sociedad y de todas las organizaciones que quieran siga habiendo Estado, no una banda de activistas que creen que pueden hacer y deshacer sin miramientos.

Los intereses de 47 millones de españoles deben de estar por encima, y sin Gobierno, aunque inestable, no están a salvo dichos intereses. 

L. de Guereñu Polán.