domingo, 17 de junio de 2018

"Nación de naciones"



No hay más que consultar el Diario de Sesiones de las Cortes de fecha 9 de mayo de 1978, para ver que en la Comisión de asuntos constitucionales, Manuel Fraga se expresaba diciendo “a mí me gusta la expresión nación de naciones" para referirse a España. Siguió el prócer mostrando su admiración por el jesuita Ramón Lázaro, catalán y miembro de las Cortes de Cádiz que, desde posiciones moderadas, fue partidario del liberalismo en España. También mostró Fraga su admiración por Antonio de Capmany, militar catalán y miembro también de las Cortes de Cádiz, donde demostró sus avanzados conocimientos en varias materias.

Fraga siguió diciendo en aquella ocasión que todas las regiones y provincias españolas debían tener el mismo régimen, unas buenas Diputaciones provinciales a las que se podrían llamar Generalidad. Está clara la ironía, pero lo que me interesa recalcar aquí es que, tras lo que años más tarde se vio con la discusión del segundo Estatuto de Autonomía de Cataluña, en relación al concepto de nación, casi nadie parece haberse acordado de aquella frase de Fraga en la que se mostraba de acuerdo con la expresión “nación de naciones”.

Viene esto a cuento para demostrar que las palabras valen poco, porque según quien las pronuncie, tienen un significado y trascendencia u otro. Si yo fuera un alto responsable público del Estado, me guardaría muy mucho de patrocinar para España la frase de Manuel Fraga, pues entrañaría determinar, en primer lugar, el concepto de nación, y en segundo lugar decidir si Cantabria, Murcia, La Rioja, Madrid o Baleares (por poner solo unos ejemplos) son naciones.

El historiador Álvarez Junco, que creo es uno de los que más claro tiene este tema de las naciones, habla de que los diversos teóricos se han visto obligados a hacer un repaso sobre la raza, la lengua, la religión, el pasado histórico… para acabar comprobando que ninguno de estos datos culturales sirve como criterio objetivo, universalmente aplicable, para decidir qué comunidad es una nación y cual no. Hay que recurrir, entonces, a la subjetividad de los individuos, si se consideran miembros de una comunidad que quiere llamarse nación. Pero ello trae consigo un problema –sigue diciendo Álvarez Junco- y es un “plebiscito cotidiano”, porque los miembros de una comunidad pueden considerarse nación en un momento histórico y no en otro posterior o anterior.

En efecto, para los casos de Cataluña y Euzkadi, ¿se distinguen sus habitantes por la raza, la religión o el pasado histórico del resto de los españoles? Solo la lengua es un elemento identitario y parcialmente, pues al lado del catalán y el euskera está el castellano que, lógicamente, está ahí por razones históricas. El castellano no se debe considerar un intruso ni siquiera por los nacionalistas vascos, catalanes o gallegos, porque si lo hacen también podría verse como intruso al gallego en el Bierzo, entre el Eo y el Navia o en algunos pueblos de Extremadura. No digamos el portugués en Brasil o Timor oriental, en Angola, Mozambique o Guinea Bissau. ¿Es intruso el catalán en Baleares o Valencia? Obviamente no: está ahí por razones históricas. Como el euskera no se extendió hacia el sur ni hacia el norte, como no tuvo literatura durante muchos siglos, de ahí que no sufre la acusación de intruso en sitio alguno, y si se hubiese extendido a otras regiones no podría considerársele intruso porque la historia cuenta y no se puede evitar.

Hay algunos párrafos de Castelao en “Sempre en Galiza” donde el eminente escritor y artista gallego se contradice: es cuando considera que el castellano se ha extendido por la fuerza de las armas a otros territorios… pero nada dice del mismo fenómeno sobre el portugués. ¿Qué nos importa cual sea la forma en que una lengua se ha convertido en madre para millones de personas? Lo que nos importa es que esos millones de personas no están dispuestas a renunciar a ella, como no se renuncia a una madre.

Si el académico tema del concepto nación, sobre el que no hay acuerdo, emponzoña a los políticos y españoles de un signo u otro, malo. Dótese a las comunidades autónomas de recursos de forma justa y consensuada, respétense sus peculiaridades culturales (y la palabra cultura equivale a forma de vida) y no se pretenda privilegio de ningún tipo. De lo contrario, el “diálogo” del que se habla no servirá para nada, porque todo diálogo, si no va acompañado del razonamiento, es inútil. Los sentimientos de mayor o menor raigambre romántica los puede guardar cada uno para su casa. Portugal, que es un estado independiente del español, es hispano, como son hispanos los mexicanos o los chilenos. La historia está ahí y no se puede cambiar.

L. de Guereñu Polán.





viernes, 15 de junio de 2018

Movilizar a la izquierda



Creo que un objetivo loable del Gobierno socialista y del partido que lo sustenta es conseguir que la derecha no ocupe el poder político durante muchos años, tantos como los más posibles, pues solo esto hará que España progrese como lo hizo durante los más de trece años de gobierno del señor González (errores aparte). La derecha española no es como la francesa, la británica o la alemana, comprometidas con la democracia, opositoras del fascismo a mediados del siglo pasado y reconstructoras de Europa, junto con los socialistas, por lo menos hasta los años ochenta. La derecha española, por lo menos la que representa el PP, es montaraz y mentirosa, practica la rapiña y, en no pocas ocasiones, es reaccionaria.

Algunas de las medidas que ha tomado el Gobierno del señor Sánchez en unos pocos días prometen que se puede movilizar a la izquierda durante los próximos dos años, tope que imagino para que se convoquen elecciones generales. El electorado de izquierdas, diverso, coincide sin embargo en la defensa de los derechos humanos y en la extensión de los derechos civiles, es partidaria de que prevalezca lo público sobre lo privado, quiere que el Estado invierta en educación y en sanidad, en investigación y desarrollo; quiere que el comportamiento de los cargos públicos sea ejemplar, desea una política exterior multilateral y no alineada con los partidarios de la guerra como solución primera a los problemas del mundo. La izquierda española, como la izquierda en general, es comprensiva con las dificultades que plantea la economía capitalista, pero es consciente también de que se la puede combatir con unas estructuras públicas fuertes, capaces de detraer recursos de las rentas altas, exigir la contribución de las rentas medias (las de la mayoría) y que ello redunde en garantizar pensiones dignas, subsidios de paro, atención a la dependencia, becas de estudio… servicios públicos en definitiva.

Creo que la reforma de la ley de relaciones laborales actualmente en vigor será difícil de modificar en profundidad porque a ello se opondrán el PNV, el partido del señor Mas y, por supuesto, Ciudadanos y el PP. Pero el Gobierno socialista puede escenificar que quiere contar con los sindicatos –incluso con ELA-STV- y hacer ver a la sociedad su cara más solidaria.

Creo que las exigencias de la Unión Europea en materia de déficit, gasto, salarios y deuda pueden ser discutidas: en eso consiste la política, independientemente de que el margen de maniobra –no nos engañemos- es pequeño. Por otra parte este, como cualquier otro gobierno, está al albur de cualquier crisis económica internacional que surja, pues los grandes decisores financieros tienen el poder de poner en jaque a estados enteros. Como las crisis económicas suelen ser cíclicas, parece que la próxima tardará algunos años en hacernos sufrir, sobre todo a los más débiles, pero debe tenerse en cuenta que en España tenemos entre diez y doce millones de personas con rentas muy bajas, en el umbral de la pobreza o en la pobreza de solemnidad. Un Estado fuerte, como el socialismo ha defendido siempre, ha de tener recursos para atenderles.

No me cansaré de decir que, en una economía libre de mercado, el empleo lo crea la empresa privada, no el Estado (aparte las promociones de funcionarios) por lo que, de nuevo, un Estado fuerte debe de estar atento a los intentos de la gran patronal, pero también de los pequeños empresarios, de boicotear el equilibrio y reparto de la riqueza. Cabe pensar que el mundo empresarial no renuncia a crear empleo si ello le reporta beneficios, pero los que hasta ahora han obtenido las grandes empresas son una ofensa que hay que combatir.

La izquierda española, como la derecha, están desunidas, pero la primera está, a la vez, desmovilizada, sin motivos para embarcarse en un esfuerzo colectivo. Ilusionar y hacer ver que hay un Gobierno honesto y decidido en políticas sociales puede hacer que la izquierda española actúe en tromba cuando sea necesario, y solo así se podrá alejar por mucho tiempo a la derecha del poder político.

Medios de comunicación, jerarquía eclesiástica, gran banca, especuladores, la oposición conservadora, pondrán todas sus maquinarias para desprestigiar al Gobierno, por lo que este no debe dar ni un solo argumento gratuito a sus adversarios. Los autónomos españoles no están bien tratados por la legislación, los trabajadores de los sectores “colaborativos” tampoco, muchos obreros y empleados trabajan en condiciones fuera de toda ley, hay pensionistas con limitaciones lacerantes. Esta es la “clientela” del Gobierno que se llama socialista, a ella deben ir dirigidas las políticas sociales. Y no es posible atender tanta demanda si no se detraen recursos en mayor cuantía que en la actualidad: gestionarlos bien es también necesario.

Hay una preocupación creciente en la izquierda española: la preservación del medio ambiente, el ahorro de energía, la regulación de los mercados que la suministran. He aquí otro campo de ejemplaridad que el Gobierno tiene por delante. Salvo mejor opinión.

L. de Guereñu Polán.

lunes, 11 de junio de 2018

PEDRO, PABLO, Y TODOS LOS SANTOS



Con casi tres años de retraso, la izquierda española se hizo presente acuciada por un escenario que ya no admitía siguiese enclaustrada  en su inseguridad, sus egos y sus complejos, su pasión cainita y su tactismo compulsivo. Tras tres años perdidos, el Sr. Sánchez explora exactamente la misma posibilidad abortada en su momento por fuego cruzado, amigo y de quien se presuponía que sin ser amigo podría compartir grandes trazos de un cambio de rumbo. Curiosamente muchos de los que dispararon desde sus líneas contra el Sr. Sánchez, hoy con visión taumatúrgica y fe de converso, encuentran en su persona virtudes cardinales y teologales en tal cuantía que asombran a aquellos que tuvieron a bien acompañarle en su extenuante travesía del desierto sin haberlas descubierto.
Asimismo quien bloqueó toda posibilidad, exigiendo poltronas ministeriales de forma extemporánea con una riada de peticiones que hiciesen imposible vadear al Sr. Candidato en tal hora reunido con el Jefe del Estado y ulteriormente con discurso bronco y rupturista, en esta ocasión, con una mansedumbre, que a un escéptico pareciera impostada, asume que es el presidente del Gobierno quien organiza su gabinete. Aunque al hacerlo, asome su incomodidad por no participar en él, esgrimiendo un argumento no menor, el reforzar sustancialmente un ejecutivo muy limitado en escaños. Trasluciendo en ello, más allá de la forzada  continencia, inequívocos signos de grietas en poco más que epidérmica afinidad con el mismo. Lo que no deja de pincelar escenarios azarosos.
El Sr. Sánchez, con fino instinto ha sorprendido nuevamente a sus detractores. Reunió en torno a la mesa del Consejo a un grupo humano en el que fácilmente se reconoce  un amplio abanico de la sociedad española. Una colección de hombres y mujeres, en la que estas últimas con su presencia mayoritaria, dan respuesta a una realidad donde la mujer manifiesta con decisión legitima su empoderamiento y su protagonismo. Ciudadanas y ciudadanos con  interesante nivel académico que no parece pueda estar al albur de recelos, sospechas o chapuzas. Donde la anécdota de la condición sexual deja paso a la categoría humana. En la que todos sus componentes tienen su vida profesional acreditada y no precisamente en la sala de máquinas partidaria. Lo que den de si está por ver. Pero lo que les precede invita al optimismo. Y sobre todo, en varios casos tras haber desempeñado cargos públicos, la decencia les acompaña.  
La tarea es ardua y la herencia incomoda pese a las elucubraciones de quienes la dejaron tan a regañadientes. La deuda pública en el sexenio negro se disparó. La hucha de las pensiones otrora repleta queda  exangüe. El espejismo de la recuperación del empleo, esconde a duras penas la precarización escandalosa del mismo y una tasa de paro juvenil que se sitúa entre las peores de la UE. En consecuencia, aunque sobre el papel aumenten las cifras de afiliaciones, la  endeblez   de estas sigue sin compensar el gasto en pensiones. Acecha inocultable el aumento del riesgo de pobreza, mientras las ingentes cantidades empleadas en sanear a la banca se han ido por el vertedero, al igual que el dinero despilfarrado en “obras públicas” con beneficiarios con nombre y apellidos. La erosión de la credibilidad institucional y de los pilares del estado solidario genera una brecha social temible. A ello se une la escasa pulcritud en el respeto a la separación de poderes, voladura del pacto social, y una disparatada forma de afrontar las relaciones con Cataluña. Contribuyendo todo ello al desgaste de nuestro prestigio internacional. 
Ciertamente estamos ante un tiempo nuevo, pero no necesariamente  tranquilo ni cómodo. En el que la geometría parlamentaria más que variable, será casi acrobática.  Y con el lastre de actores cuyas actitudes reaccionarias y agresivas bordean  peligrosamente la vereda de lo impropio en democracia. Manifestaciones e insultos tabernarios, coros mediáticos deslegitimando el proceso constitucional, desdoro de la condición de la mujer reduciéndola a portadora de modelitos, descalificaciones mendaces a las que con no poco entusiasmo se suma la insolencia injuriosa y verbo infame del Sr. Hernando, portavoz parlamentario, al menos de momento, del grupo popular en el Congreso. Un caldo de cultivo que auspicia la tensión como norma en los próximos meses.
En última instancia en el legado del Sr. Punto Rajoy, no cabe olvidar el estado de fronda y descomposición, de degradación moral  en la que deja a su partido. Incluida la inmensa hendedura por la que entra a saco la formación que le disputa el liderazgo de la derecha. Aunque tras la moción de censura, al menos de forma temporal, los severos traspiés estratégicos de ese partido, hayan frenado en parte la sangría.  
Es el mismo líder conservador que solemne y grave en sede parlamentaria afirmaba que “dejaba tras de sí un país en mucha mejor situación que cuando accedió al cargo”… Algo tan difícil de creer para la ciudadanía, como para la Justicia sus afirmaciones cuando compareció ante ella para exponer su conocimiento de la  corrupción del partido que presidia.      

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

viernes, 8 de junio de 2018

El Gobierno



Ha sido tal la alegría por el triunfo de la moción de censura que echó al señor Rajoy del Gobierno, que me había olvidado del escepticismo que se adueña de mí en cada nueva etapa de gobierno socialista. En efecto, la audacia del señor Sánchez, consiguiendo que el hasta hace poco Presidente del Gobierno ya no lo sea, es un bien en sí mismo, sabiendo el poco gusto por la democracia de este último y la forma de actuar, un tanto cómplice con la corrupción. Si el señor Sánchez hubiese aceptado la dialéctica de que parte del Congreso está formado por populistas y separatistas apestosos, nada se hubiera podido hacer. Parte del Congreso, también, está formado por diputados que pertenecen a un partido corrupto (justicia dixit) y no por ello dejan de contar.

Con el nuevo gobierno creo que el actual Presidente ha pretendido impactar a aquellos que valoran la capacidad y la competencia de sus miembros, lo que parece haber conseguido. Con uno de ellos ¿ha pretendido el señor Sánchez demostrar su sensibilidad con quienes no son heterosexuales? Porque el señor Grande Marlaska, aparte sus méritos profesionales, no parece tener tradición alguna en la izquierda española. Tampoco la tiene algún otro, que se les conoce más por su popularidad televisiva.

En conjunto cabe decir que se trata de un Gobierno con predominio femenino, y quizá feminista si todas las mujeres que lo forman se reclaman como tales, lo que no sabemos, aunque muchos lo han dado por supuesto. La presencia de los ministros Borrell, Calvo, Ávalos, Montón, Celáa y Planas (además del propio Presidente) garantizan lo que se entiende por socialdemocracia, sin que pueda decir por mi parte nada sobre los/las demás, aunque se supone su adscripción progresista.

Y esto es lo que fundamentalmente caracteriza a este Gobierno, el progresismo, ya que la palabra socialismo se ha hecho cada vez más indefinida, teniendo en cuenta las tendencias que caben en ella. Que todos o casi todos los ministros del actual Gobierno son progresistas parece garantizado.

No hablaré aquí de los grandes retos que los ministros y ministras tienen por delante porque se ha repetido y se repetirá hasta la saciedad, pero sí que vale la máxima evangélica de que “por sus obras les conoceréis”. En efecto, si en las declaraciones públicas no son equívocos los ministros actuales, si se entregan con denuedo a la labor que tienen encomendada, si la política de nombramientos no cae en el favor para amigos de capacidad dudosa, si la honestidad pública que han de demostrar no sufre mácula alguna, si no se hacen concesiones ni a la demagogia ni a las presiones de ciertos grups, ya se habrá andado un buen camino.

Noto que los medios de comunicación son muy proclives a llamar a este o a aquel para hablar de temas banales, pero no para tratar las grandes cuestiones de la política nacional. Debiera insistirse, creo yo, en que un ministro, y sus subordinados más directos, no están para lo primero, sino para lo segundo. La tentación de salir en los medios continuamente para decir vaciedades debe de ser vencida. ¿Qué sentido tiene decir, para justificar antiguas debilidades, que los deportistas son “héroes”? Muchos de ellos son negociantes en el peor sentido de la palabra. Los deportistas no profesionales son los que han de ser atendidos por un gobierno socialista.

La ministra de Economía, que viene precedida de una gran reputación profesional por su trabajo en la Comisión Europea, me presenta las dudas de quien nunca ha entendido del todo lo que se hace en esa institución. Sé que la U.E. es una gran burocracia, entre otras cosas, y que el margen de maniobra de los gobiernos viene determinado por las exigencias de los contables europeos, que lo que quieren es que cuadren las cuentas. No suelen ser, sin embargo, sensibles a los graves problemas sociales porque no han sido elegidos por los ciudadanos: es el gran déficit democrático que tiene la U.E. y del que tanto se ha hablado.

Teniendo en cuenta que la citada ministra viene de ese mundo ignoto y burocratizado ¿hasta que punto estará en condiciones de entender lo que necesitan sectores muy mal tratados de la sociedad española? Mi pregunta no es capciosa sino bien intencionada, porque le deseo el mayor acierto. Cuando se empiecen a redactar –por otra parte- los presupuestos para 2019, es de esperar que se note –imposiciones de la U.E. aparte- que el actual Gobierno es claramente distinto al del señor Montoro. Y la ministra de Hacienda, que parece haber mostrado su oposición al cupo vasco, veremos como se maneja para llevar a cabo esa política (y si no puede, veremos como actúa en beneficio de todos los españoles) porque ya no es ahora la consejera de una Comunidad Autónoma sino una ministra de España.

Estoy de acuerdo en que el cupo vasco, más tarde o más temprano, tendrá que desaparecer si queremos ser justos, pero también debemos de ser conscientes de las implicaciones políticas que ello tiene, en relación incluso a las pretensiones de algunos nacionalistas catalanes. Estos, a mi parecer, van a rebajar sus exigencias en el corto y medio plazo, porque de lo contrario seguirán a quienes les han precedido en la cárcel, pero van a estar dando la lata al Gobierno exigiendo decisiones que solo los jueces pueden tomar… y sabedores de ello, sacar tajada en contrapartida.

Suerte al nuevo Gobierno, que ha llegado a serlo legal y legítimamente, y que tendrá que conseguir un buen resultado electoral dentro de equis tiempo si quiere que todo lo hecho se consolide. Ello sabiendo que algunas leyes tendrá que sacarlas con Ciudadanos y el PP (a no ser que estos se tiren al monte), mientras otras con Podemos y el resto (a no ser que hagan lo mismo).

L. de Guereñu Polán.

martes, 5 de junio de 2018

El caso del PNV



El Partido Nacionalista Vasco, que si no me equivoco es el más antiguo de España con la excepción del socialista, es peculiar. ¿Recuerda alguien la celebración de un congreso por parte de estos nacionalistas vascos? Más allá de la crisis que sufrió, con división subsiguiente, por las diferencias entre los seguidores de los señores Garaicoetxea y Arzalluz, que ya ha sido superada hace bastantes años, el PNV suele tener tres cabezas con los papeles muy definidos, con poderes distintos pero muy influyentes: el lehendakari (cuando ha gobernado, que es casi siempre), el Presidente del Bizkai Buru Batzar, y el portavoz en el Congreso de los Diputados. Este es el encargado de procurar en Madrid los beneficios que, en cada caso, deba recibir Euzkadi, pero también es el negociador con el Gobierno y otros grupos parlamentarios, lo que da una gran cantidad de información y, por lo tanto, influencia.

He dicho “procurar” porque los diputados de los partidos nacionalistas o regionales se comportan, en no pocas ocasiones, como los antiguos procuradores medievales en las Cortes, iban a la capital a procurar beneficios para los grupos sociales a los que representaban en sus respectivos territorios. A cambio, en el caso de los medievales, ofrecían su apoyo al monarca para exigir el pago de impuestos; en el actual régimen español, al Gobierno de turno sin importar de que signo político es. Ello les hace aparecer como partidos bisagra que permiten formar y desformar gobiernos cuando no hay mayoría absoluta. Recuerdo un debate en la televisión pública de la transición, donde el señor Arzalluz fue preguntado por la situación del PNV en el espectro político español: en el centro, dijo, o centro izquierda, lo que muestra una indefinición muy buscada, pero con la que no estoy de acuerdo y a los hechos me remito.

No sé en que medida aquella división del poder (asimétrica) entre tres cabezas, que siempre son hombres, es lo que explica la innecesariedad de congresos o elecciones primarias (estas últimas suenan a chino en el caso del PNV). Es un partido conservador, tanto por sus orígenes carlistas y clericales como por su comportamiento a lo largo de la historia, pero casi siempre ha estado al lado de la democracia en España. Lo que no le puede tocar Madrid al PNV (según este) es el cupo que nació en el siglo XIX y los intereses que defiende, que son los del empresariado vasco, un empresariado atomizado en forma de pequeñas y medianas empresas con una tradición gerencial bastante moderna, lo que contrasta con los caseríos y el mundo rural tradicionalista (por nacionalista) que aún conserva muchos resabios del pasado, vivero de votos del PNV y que explica su conservadurismo.

El PNV tiene, a su vez, un importante sindicato (ELA-Solidaridad de Trabajadores Vascos) que mantiene junto con la patronal de pequeñas y medianas empresas un consenso bastante reconocible en las relaciones laborales, que se complementa (para beneficio del PNV) con su defensa de posiciones nacionalistas casi siempre legalistas. Es una articulación del país, en lo social y en lo político, que ha hecho –junto con razones históricas- un gran instrumento para el PNV. La Iglesia vasca, en su mayoría, también está con el nacionalismo, por lo que ya tenemos el conglomerado que ha permitido gobernar casi siempre al PNV, no pocas veces con el apoyo socialista, como en la actualidad. Recuerdo al socialista Enrique Mújica decir que, en Euzkadi, el PSOE debía contar siempre con el PNV salvo en aquello que repugnase, procurando con ello una gran estabilidad que rompió el PNV con el señor Ardanza y la salida de los tres consejeros socialistas del Gobierno vasco. El tema de la violencia etarra estaba de por medio.

En el momento actual se acusa al PNV de haber “traicionado” al PP con motivo de la moción de censura al señor Rajoy, pues aquel partido acababa de apoyar los presupuestos del Estado presentados por el último con importantes partidas para Euzkadi. Tal cosa, de ser cierta, habría que extenderla a los otros diputados que apoyaron los presupuestos y luego no apoyaron al señor Rajoy: los dos regionalistas canarios. En todo caso el PNV y los “procuradores” canarios están a lo suyo: recursos para sus territorios.

Cuando hablamos de Euzkadi no debemos olvidar dos casos particulares: la provincia de Álava, muy castellana por su geografía e historia (tanto que incluso conservó sus foros durante el franquismo) y el mundo industrial de Vizcaya, tantas veces denostado por los antiguos nacionalistas, no por los nuevos. Por lo tanto, como en el caso de Cataluña y cualquier otra comunidad, no hay que confundir la preeminencia del PNV en Euzkadi con la uniformidad, que no existe, como no existe unanimidad nacionalista en Cataluña muy a pesar de sus partidarios.

Históricamente Bilbao nunca ha jugado el papel de Barcelona en cuanto a conflictividad social se refiere: no hubo allí un rechazo a la intervención en Marruecos como en Barcelona, no hubo allí un sindicalismo anarquista como en Cataluña, no hubo en Euzkadi (excepción hecha de ETA) una propensión a la ilegalidad como sí en Cataluña, ilegalidad que se remonta a la guerra de los “matiners” a mediados del siglo XIX y así sin solución de continuidad, incluso durante momentos muy diversos del franquismo (ilegalidad, en este último caso, legítima).

L. de Guereñu Polán.