martes, 10 de abril de 2018

A ACTUALIDADE E A REBELIÓN NA GRANXA DE ORWELL



Escrita fai 73 anos como crítica e análise da corrupción que xorde trala adquisición do poder, cando comeza a transformarse en tiranía é perfectamente aplicable ao día de hoxe.

O outro día un mozo da familia descubriu na miña biblioteca un exemplar do libro de Orwell e unha primeira ollada impulsoulle a pedirmo para a súa lectura. O feito fíxome recordar o seu contido e repentinamente as imaxes dos protagonistas da obra de 1945 se superpusieron sobre feitos e personaxes relevantes destes anos de crises.

Efectivamente, na miña imaxinación o honrado e traballador cabalo Bóxer se transformouse nos moi honrados e confiados traballadores que están sendo expoliados sen límite pola banca e demais granxeros, perdón especuladores donos do mercado. Certo é que nun principio a revolución expulsou ao granxero titular Sr. Jones, papel que na actualidade poderían asimilarse a Lehman Brothers, a nivel mundial, ou os dirixentes de Caixa Galicia en predios máis próximos, pero como ocorre nos sucesos do libro iso está quedando nunha mera anécdota, para os sufridos explotados  galiñas e demais productores, (comparables cos sufridos cidadáns que viven do seu traballo) que deben traballar máis horas por menos ración, desde a ignorancia dos consumidores, ovellas hoxe asimilables cos moi voluntariamente desinformados e egoístas adictos ao móbil, videoxuegos ou botellón, que terminasen pagando caro os seus excesos do presente e do pasado, e sobre todo a súa actual falta de reacción ante as inxustizas, que erróneamente creen que só afectan a “os outros”, a súa factura chegará cando o proceso convértase en irreversible en moitos dos seus efectos.

Realmente todos e cada un dos personaxes do relato literario teñen correspondencia en alguén que exerce a súa “rol” hoxe en día, os porcos do directorio poden corresponderse fácilmente coa famosas axencias de cualificación, sempre pedindo máis, sempre manipulando máis, para levar o beneficio á mesa dos seus socios (incluso as principais coinciden en ser tres), e usando os medios de comunicación, propiedade tamén dalgún dos seus socios especuladores, para ir evolucionando as mensaxes, igual que evolucionaban os mandamientos da historia orwelliana, engadindo ou reinterpretando os mandatos.

O muro de ladrillo blanqueado onde se escribiron os sete mandamientos hoxe ten paralelismo en potentes medios como televisións, diarios escritos, radios e redes sociais, medios que salvo escasas e en ocasións heroicas excepcións está controlados, moi maioritaria e masivamente, por moi poucas persoas e corporacións. Ata ao lugar onde invitan a que confesemos os nosos gustos, imaxes preferidas, e ata opinións máis intimas, denomínase “muro”.

Os gobernos tamén ofrecen dobre coincidencia, neste caso (e sen ánimo de ofender a ninguén) cos cans criados desde cachorros en segredo, primeiro rexeitan o ataque dos humanos, pero segundo vai avanzando o proceso de explotación e asimilación do poder polos porcos e os seus aliados externos quedan convertidos en meros instrumentos que actúan ao dictado de quen detenta o verdadeiro poder, véxanse senón os gobernos impostos ao socaire da penúltima crise, ou as actuacións ao dictado da maioría dos gobernos electos, con votos influídos por técnicas moi tecnolóxicas e moi escuras.

Ata o burro Benjamín, intelectual de prol, pode verse reflectido en múltiples tertulianos e as prédicas do corvo Moses nas das relixións varias, que hoxe predican o sacrificio das maiorías como única vía de saída á crise, so pretexto do que se perdeu é o referente moral do esforzo individual.

Abril 2018 
Isidoro Gracia

lunes, 9 de abril de 2018

La sociología electoral



Es uno de los temas que más interés tiene para mí, sobre lo que he leído mucho, pero poco bueno, y aún así sigue siendo un enigma la razón por la que cada individuo opta por un partido u otro (por abstenerse, votar en blanco o nulo) en cada convocatoria electoral. Por eso las encuestas electorales fallan en sus predicciones tantas veces, aparte de que –como los expertos confiesan- cada vez más se dejan influir por las consultas que cada partido hace para sí.

Hemos visto como, aún diciendo el actual presidente de Estados Unidos, que anunciando matar en una calle a tal o cual persona, él sería elegido, así ha sido (última campaña electoral en dicho país). Hemos visto como partidos embebidos en la corrupción, en España y fuera de ella, reciben votos a millones por parte de la ciudadanía. Hemos visto como no hay ley electoral que guste a todos, cuando si se actuase de buena fe las circunscripciones serían las mayores posibles en los sistemas proporcionales…

Cuando he intentado acertar en el resultado de unas elecciones no lo he conseguido nunca: siempre ha habido un factor nuevo, con el que no conté por no conocerlo, que ha venido a desfigurar mis vaticinios. Algo así reconocen algunos expertos cuando hacen sus sesudas y científicas encuestas.

En un país de fuerte componente individualista (como Galicia) suele ganar aquel partido que menos esfuerzos ha hecho por el asociacionismo y menos tradición democrática ha demostrado; le basta con ser el que haya heredado estructuras de poder (algunas sutiles pero otras no) que, aún con un régimen político nuevo, ha conseguido perpetuar. Andalucía es un ejemplo a contrario: con una tradición asociativa muy fuerte, sobre todo en el campo, es terreno abonado para los socialistas (al menos por ahora) pero habrá que estar atentos a que la sociedad en dicha comunidad, como en otras, cada vez está más terciarizada.

La estructura de la propiedad (Castilla y León) también influye en el comportamiento electoral, así como el predominio de la pequeña empresa sobre la grande y comunidades rurales que todavía siguen siendo un elemento importante a tener en cuenta. El comportamiento es a la inversa (matizadamente) en Castilla-La Mancha, donde los parecidos con Andalucía y Extremadura suelen dar el voto a los socialistas.

Ya pueden los nacionalistas vascos o catalanes estar sumidos en casos graves de corrupción, que su electorado está garantizado. Lo que cuenta es el concepto “nacionalismo”, ningún otro valor moral o político. Ya puede un señor de derechas, pero correcto y honrado, estar harto del PP, que le seguirá dando su voto antes de que el poder pueda ser ocupado por los socialistas. Y al revés.

La polémica absurda sobre si es mejor el bipartidismo o el multipartidismo electoral, merece dicho calificativo porque no depende de que decidamos, teóricamente, una cosa o la otra, sino de la voluntad de los electores. Cuando hubo bipartidismo en España fue porque así lo quiso el electorado; ahora que no lo hay es por lo mismo. Eso es lo que cuenta. Lo que se puede asegurar, sin embargo, es que el bipartidismo se cuartea cuando los partidos que lo forman se duermen en los laureles: uno creyéndose que se pueden mantener conflictos internos eternamente; otros incurriendo en casos de corrupción cada día. Las generaciones se suceden y suelen buscar, a poco que surja una variable (la crisis económica, por ejemplo) opciones que saltan al calor de la dormición bipartidista.

La estructura de partidos, en España como en otros países, se ha transformado más o menos importantemente, y ello permite observar que casi siempre a favor de la derecha: véanse los casos de Francia, España e Italia, por poner algunos ejemplos. Además, los partidos “emergentes” suelen no hacer gala ni de conservadurismo ni de izquierdismo, sino de un populismo nuevo, que tiene sus elementos diferenciadores con los fundadores del populismo latinoamericano. Creo que no tienen futuro, a no ser que en los próximos años se definan en múltiples asuntos que interesan al mundo (no lo han hecho).

Siempre se ha dicho que la izquierda sociológica es más exigente en términos de moral pública. Pues ya sabe lo que tiene que hacer la izquierda política. Y ello teniendo en cuenta que cada vez son más escuálidos los cinturones rojos que rodeaban a las grandes ciudades industriales, viveros para la izquierda. Siempre se ha dicho que el votante de derechas prefiere elegir a quienes dan la impresión de buenos gestores, a quienes conciben la cosa pública como si se tratase de una empresa que hay que gestionar bien. No puedo estar de acuerdo con esto último: el Estado es algo más complejo, con instituciones, tradiciones, historia, objetivos a corto, medio y largo plazo, compromisos internacionales… y problemas sociales y políticos que una empresa privada no tiene. ¿Cuántas veces se toma una decisión “política” a sabiendas de que no es la más rentable?

Durante la transición política española –y hasta los años noventa- la izquierda del país vivió mucho de la memoria colectiva: las grandes luchas obreras, el sindicalismo militante, la oposición a la dictadura y la prédica democrática, el ejemplo de las viejas personalidades, muchas de las cuales dieron sus vidas por la causa. Esto, hoy, ya no es referencia para amplias capas de la población. La sociología electoral se complica.

L. de Guereñu Polán.

sábado, 31 de marzo de 2018

La España de Trento



No es un secreto que la Iglesia, históricamente, ha estado al lado de las fuerzas conservadoras y poderosas contra las reclamaciones de las gentes humildes. El orden, de acuerdo con la máxima del Derecho Romano, heredado por la jerarquía católica, ha primado sobre cualquier otra consideración. La defensa de lo que la Iglesia ha tenido como sus derechos, la propiedad sobre todo, ha estado en la raíz de dicho comportamiento.

También es cierto que ha habido excepciones que no han conseguido evitar la idea de que la Iglesia ha preferido acumular riquezas y poder, aunque combinase esto con actos de caridad que, entre otras cosas, servían para lavar los enormes vicios en los que siglo a siglo ha incurrido. Nada que ver la Iglesia desde los siglos IV y V con el ejemplo de los primitivos cristianos, ni con el esfuerzo titánico de no pocos misioneros en América y otros continentes para evitar la injusticia.

La “Semana Santa” de este año en España ha sido especialmente hiriente para todos aquellos que no se sienten católicos, o incluso para los que llevan su laicismo como una seña de identidad que debe de ser respetada. La Constitución española establece la aconfesionalidad del Estado, por lo que los poderes públicos, y sus representantes, debieran abstenerse de hacer –en cuanto tales- manifestación alguna de apoyo a la Iglesia católica.

Se han visto estos días opulentas manifestaciones teatrales (más que religiosas) en las que, como en la Europa de Trento, se sacan imágenes con sus ricos mantos y cirios encendidos a las calles, como lanzando anatemas a la mitad de la población que siente de otra manera la religiosidad o no tiene religión alguna. ¿A que viene ese rebrote de teatralidad barroca si no es para dar rienda suelta a los deseos del clero más reaccionario y de la población que concibe la religión como un conjunto de actos externos? El argumento de que se trata de una tradición (cuando el Estado estaba íntimamente unido a la Iglesia católica) es tan válido como reivindicar la tradición de sacrificar animales en honor de este o de aquel dios.

¿Y si la cólera de los anarquistas volviese a incendiar conventos e iglesias como ocurrió en los años 1931 y durante la guerra civil? Porque esa también fue una tradición de cierta población española durante todo el siglo XIX… Yo no justifico, ni moral ni políticamente dichos comportamientos, que no hicieron sino ofender gravemente a la población católica y desprestigiar a España internacionalmente, pero comprendo que, llegados al hartazgo algunos sobre los vicios y privilegios de una Iglesia rica, amiga de los poderosos y mandamases, dieran rienda suelta a la barbarie.

Los ministros del Gobierno de España saben que no existe, hoy, en España ese riesgo. Pues mayor razón para que fuesen comedidos y exigiesen a la Iglesia que respetase la aconfesionalidad del Estado, que es una forma más de acatar la Constitución como se exige a otros. Ocupación del espacio público para que las cofradías religiosas hagan negocio alquilando por pingües rentas sillas en primera y segunda fila, alquiler de balcones para asistir al espectáculo de las procesiones (que nada o poco tienen de religiosas); dinero que no contribuye al fisco y que por lo tanto es más negro que el alma de algunos obispos y ministros.

Se ha perdido una ocasión más para demostrar que España es un país moderno donde se respetan las leyes, la fundamental en primer lugar, una vez más conculcada. El agravante es aún mayor con las manifestaciones de la ministra de Defensa, a la que todavía no se le ha oído ni una sola idea sobre las necesidades del Ejército nacional en misiones humanitarias internacionales. Allí el ministro de Justicia, de quien dependen las relaciones con la Iglesia… Hasta el papa Francisco, más preocupado por cuestiones sociales que por la teología, ha hecho llamamientos a la humildad y a no hurgar en heridas que debieran estar curadas.

La Iglesia católica tardó, hasta el Concilio Vaticano II, en reconocer la libertad religiosa, combatió el liberalismo y luego el socialismo. La jerarquía católica y política de España ha preferido burlarse de la mitad del país que reclama el cumplimiento de la Constitución, sacando más santos que ideas a la calle, como si ello significase algo positivo. Solo significa que la burla está a la orden del día desde las más altas instancias.

L. de Guereñu Polán.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El gobierno Rajoy y la teoría del caos



La teoría del Caos, tanto matemática como psicológicamente, establece que nada está absolutamente determinado y que pequeños hechos pueden cambiar las previsiones más fundamentadas.

La idea propuesta por Lorenz  establece que pequeños cambios en las condiciones iniciales crean grandes diferencias respecto al resultado final, con lo que una gran mayoría de los sucesos y sistemas no resultan totalmente predecibles. A la vista del devenir de los hechos de los gobiernos presididos por Rajoy, desde sus primeros instantes, hoy se puede afirmar que es una teoría que no es de aplicación al ámbito del aún (inexplicablemente según mi opinión), presidente de gobierno de España.

Después de escuchar su primer discurso de investidura de febrero de 2012, y estudiar atónito su contenido, que en resumen venía a decir que el Presidente, entonces recién estrenado, se declaraba impotente para hallar remedio a los males que “la herencia” le había dejado, a la vez que reconocía que en Europa mandan otros, firmé un artículo titulado “El barco España no tiene capitán”. 

Según la teoría del caos incluso pequeños hechos pueden cambiar sustancialmente el resultado previsto por cualquier sistema, lo que en una sociedad democrática debía ser aún de aplicación más evidente. Pues no, en este caso los hechos que debían haber influido en el resultado final no han sido nada pequeños, sino al contrario de gran importancia tanto en el terreno económico como en el social, tanto en España y Europa como en el resto del mundo, y a pesar de ello el destino más probable para un barco sin capitán es el desastre y el caos entre la tripulación y pasajeros, algunos involuntarios. Así pues el caso de los gobiernos de Rajoy viene a contradecir empíricamente la muy mencionada, y aparentemente probada, teoría.

Lo grave del asunto es que ni la tripulación de ministros, ni secretarios generales, ni parlamentarios, ni militantes y demás deudos, están reaccionando para corregir el rumbo de colisión con la realidad  de la creación de pobreza, de abusos de poderes nada democráticos como los bancarios, trasnacionales o mediáticos, del crecimiento de la desigualdad y otras injusticias varias, y en consecuencia el futuro inmediato está quedando en las manos e iniciativas de los pasajeros, muchos involuntarios, que a través de coordinadoras, plataformas u otras asociaciones informales, y seguidores emocionales, de las víctimas de la inacción o errores del gobierno, no solo ignoran a todas las instituciones formales y contrastadas democráticamente, como partidos, sindicatos, o judicatura, sino que las atacan y se declaran como únicos interlocutores válidos, para imponer sus criterios desde la calle y las movilizaciones a las que arrastran a sus conciudadanos, con motivaciones tan delicadas como la indignación o la empatía con el dolor ajeno, abandonando los canales de la razón y el imprescindible requisito de la acreditación democrática, regulada por la Ley.

En esta situación el que el barco España tenga potentes  motores, instrumentación de alta tecnología y abundante combustible de buena calidad no evita que estemos ya en una situación en la que el “efecto mariposa”, ese que puede crear huracanes por el aletear de una mariposa, cuenta con energía suficiente para alimentar tornados, de nivel 5,  nacionalistas, neo revolucionarios, o de retorno al “ojo por ojo, diente por diente” y al “sálvese quien pueda”.

Hay un antecedente, el de un rey español (por un breve periodo de dos años) Amadeo I de Saboya, el de la Constitución progresista de 1869, que viéndose superado por las circunstancias en su último discurso ante las Cortes dijo:”…entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males”, y….  claro, dimitió y se marcho a otros lares.
Es necesario aplicar la experiencia, si el actual Presidente reconoce que no sabe qué hacer, retírese y deje el paso a otro. En democracia existen formulas varias para hacer lo que se debe.

Marzo de 2018
Isidoro Gracia

MEMORIA HISTORICA FRENTE A LA FICCIÓN HISTORICA.



La Memoria Histórica es un mecanismo para visibilizar circunstancias habidas en el devenir colectivo, en una síntesis de investigación y activismo social rompiendo estereotipos y falacias, en orden a evitar el relato interesado que los sectores predominantes imponen al resto.
En el caso español, largos años de poder absoluto escribieron la historia a medida de una  ideología y unos intereses. Se fabricó una verdad arbitraria, glorificada, eludiendo lo infame, en un continuado lavado de cerebro desde púlpitos y escuelas. Alcanza un periodo muy violento. En el que se desató el odio de sectores que consideraban España peculio privado, contra todo lo que lo pusiese en cuestión. A partir ahí es impúdico establecer similitudes morales en actitudes y comisión de desmanes.   
Un régimen republicano establecía por primera vez en nuestra historia un marco creíble de libertad. Saboteado desde el primer día, iba lidiando con el pavoroso panorama social, caos económico y enorme atraso legado por la monarquía borbónica. Y siempre sometido al apremio de las demandas de quienes soportaron secularmente las injusticias sobre sus carnes.
Frente a él, un clero intolerante, bajo ningún concepto dispuesto a dejar de dictar la moral del país desde el pulpito y el confesionario. Terratenientes que preferían sus tierras en baldío antes que productivas y dando sustento a peones y braceros… Obscenos escupían a la cara de los trabajadores que pedían trabajo…“tenéis hambre…comed Republica”… ¡Como recuerda esta frase la de la diputada Andrea Fabra (P.P) cuando se cercenaban prestaciones a los parados!…“que se jodan”. Una industria poco competitiva, escasa de investigación y excelencia. Movimientos fascistas pujando al calor de sus homólogos germano-italianos. Un ejército con el prestigio maltrecho, hipertrofiado, que ve diluirse su preponderante papel en la vida pública.
El enfrentamiento fue provocado por los “hunos” contra los “otros”. Definidas las zonas combatientes tras el horror de los días iniciales, en ambas se producen sucesos infames. Pero es a partir de ahí, donde  se manifestará el abismo moral entre los contendientes y sus dirigentes.
La zona republicana asiste a explosiones descontroladas con violencia sangrienta. Los poderes públicos casi sin fuerzas de seguridad y tropas regulares se ven muchas veces superados al afrontar a la vez el embate del ejercito sublevado, mantener la legalidad institucional y  sofocar los estallidos de cólera de años de pisoteo de derechos y dignidad. A lo que se añade la ira que produce la traición a un proceso, y hacia quienes la protagonizan con intención de robar una vez más el futuro al país. El sufrimiento moral de los más destacados dirigentes republicanos es notorio Su humanismo y decencia fue duramente puesta a prueba. En más de una ocasión se producen actuaciones individuales para frenar la violencia, incluso a riesgo de su vida. Y en ningún momento abdican de retomar el control de un orden público que se había desbordado de forma trágica.
En la otra zona, la represión y la barbarie estaban perfectamente ordenadas y organizadas. El control del poder era férreo, y cada acto criminal obedecía al dictamen de los dirigentes militares. Suyas eran las decisiones sobre “paseos”,  saqueos,   asesinatos en masa, “campañas disuasorias”, etc. Se tomaban fríamente en despachos oficiales y con la anuencia de las más altas autoridades. Incluso donde la “autoridad” fascista-militar se estableció en los primeros días con escasa resistencia, su labor represora y criminal tuvo una violencia continuada y metódica. Mostrando su verdadero objetivo: laminar a perpetuidad con el terror, cualquier atisbo de la triada republicana, Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Es poco digno el énfasis desde ciertos sectores que afirman que tras la memoria histórica hay odio…Que la descalifican de forma soez afirmando “que es revolver en la mierda”, con grosera referencia a una historia cruel. Es habitual la falsedad de que  ambas partes sufrieron igual  y que no hay a que venir con historias…No… Jamás ambas partes sufrieron por igual. Ni en brutalidad ni en número. Ni durante la contienda ni tras la “victoria”… “Hunos” recibieron honores, méritos, canonjías e incluso  “beatificaciones”. Los demás siguen pudriéndose, unos en las cunetas y otros, vagando como fantasmas por países ajenos o en el  propio, donde se les negaba cualquier derecho.  Es penoso seguir oyendo, como invocan “los hunos” el haber ganado una guerra. O el uso de soberbia condescendencia como receta para la convivencia… Cuando no, reducir un drama aun no resuelto, a cosa del pasado…”Puestos a  hurgar en el pasado podría llegarse a la Inquisición”, dice algún detractor de la Memoria Histórica…. No… quizás es más simple. Hay muchos, que todavía se sienten parte de ese pasado, vinculados a él,  y no desean verse en ese espejo.
Pero, para actitud despreciable y sórdida, la del Presidente del Gobierno, M punto Rajoy jactándose ante un periodista…”dinero para la Memoria Histórica en presupuesto en mis años de mandato… CERO”… M punto Rajoy culmina su indecente mnesaje, dotando en “sus” presupuestos significativas subvenciones y ayudas a la Fundación Francisco Franco.  
Si la Memoria Histórica necesitase un solo argumento para justificarse, este se hallaría en la frase de Marco Tulio Cicerón hace unos cuantos siglos: «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla"

Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.