sábado, 11 de agosto de 2018

U G T: 130 AÑOS DE HISTORIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA




 En el primer tercio  del siglo XXI, cuando la Unión General de Trabajadores cumple sus 130 años de existencia, es perceptible como la oligarquía emplea a fondo sus mecanismos para silenciar los sindicatos. Los medios subordinados a la misma son diligentes en la estrategia de desprestigio de estas organizaciones. Medias verdades o mentiras se repiten hasta la saciedad hasta conseguir vitola de autenticidad.
Se trata de que las trabajadoras y trabajadores, esquilmados en sus ingresos, precarizados sus trabajos, u obligados a emigrar, no solo se estrellen ante los brutales recortes de sus derechos, sino hacerlos más vulnerables alejándolos de sus instrumentos de apoyo y negociación, los sindicatos. Negar tal intención, sería ceguera suicida o cinismo interesado. Algo que no se reduce al ámbito español. Buena muestra es el fundamentalista Trump y su cohorte reaccionaria intentando ahogar económicamente el sindicalismo de su país. Lo advierte el periódico británico “The Guardian”, citando documentos de colectivos ultra-liberales que trazan entre otras acciones,  “campañas encaminadas  a convencer a los miembros de los sindicatos que dejen de pagar sus cuotas”. “
El movimiento sindical, que ciertamente necesita fortalecer su imagen y protagonismo, acomodando su dinámica a los nuevos retos de la sociedad, es un  mecanismo indispensable en la lucha por la libertad, y para vertebrar el diseño de un escenario democrático de garantía de derechos y protección de conquistas sociales.  Con visión histórica, cuando la UNION GENERAL DE TRABAJADORES celebra su 130 aniversario, queda fuera de toda duda, que más allá de numerosas luces y algunas sombras,  es un elemento indispensable del relato contemporáneo de la historia de España y del catálogo de conquistas sociales habidas.                                                                
En la mañana de un 12 de agosto de 1888, 26 delegados de 44 sociedades obreras de oficios de toda España, representación de algo más de 5.000 afiliados se reúnen en una sede socialista ubicada en la calle Tallers núm. 29, de Barcelona, para iniciar las sesiones el Primer Congreso Nacional Obrero. A propuesta de Pablo Iglesias Posse, la organización que surge se nominará UGT. Su hombre de confianza, miembro como el de la poderosa Federación de Tipógrafos,  Antonio García Quejido, a la sazón Secretario General de la Federación Socialista Madrileña, será el primer presidente. Como dato curioso, la cuota de los afiliados se fija en cinco céntimos.  El P.S.O.E.,  fundado en 1879 por Pablo Iglesias Possé  establecería como requisito para la militancia su pertenencia a la UGT, lo que estará en vigor hasta la década de los ochenta del pasado siglo.  
Desde su fundación, su acción sindical está encaminada a alumbrar una legislación social garante de unas relaciones laborales justas y dignas. Para ello basculó tácticamente entre la lucha reivindicativa y el reformismo. Lo que siempre generó debates sobre la estrategia del sindicato entre sus dirigentes. El año 1917 es una prueba de fuego del sindicalismo español. La UGT apoya decididamente la huelga del 13 de agosto de ese año, afrontada por el gobierno con la proclamación del estado de guerra. Durante la dictadura de Primo de Rivera, en una maniobra cuando menos polémica, posiblemente encaminada a desmarcarse del auge anarcosindicalista, mantiene un dialogo con el régimen que se visualizará en la presencia de Lago Caballero en el Consejo de Estado. La relación se rompe en 1927 al rechazar la UGT formar parte la “Asamblea Nacional” con la que Primo de Rivera pretendía legitimarse.    
La UGT  apoyó decididamente la Republica, ocupando  Largo Caballero la cartera de Trabajo entre 1931 y 1933 dejando la impronta de importantes leyes sociales. En octubre de 1934 ante la deriva reaccionaria y antirrepublicana de la CEDA participa en la huelga revolucionaria de octubre que es  aplastada con brutalidad y dureza represiva con la intervención del Ejército y la Legión extranjera a las órdenes del general López Ochoa y el coronel Yagüe y del general Franco desde el Estado Mayor en Madrid.  
Tras el golpe de estado y posterior guerra civil, la UGT se vuelca en colaborar con el gobierno de republicano en todos los planos. Pone su casi millón y medio de afiliados al servicio de la Republica con un doble compromiso: la participación militar en los frentes de combate y en la retaguardia, intentando afrontar la demanda productiva del esfuerzo de la guerra. 
El triunfo del franquismo obliga a una trágica diáspora a centenares de miles de compatriotas que en muchos casos terminaran en campos de concentración. La represión se ensaña con el sindicalismo, y los sicarios fascistas saquean, igual que hacen con el resto de las organizaciones democráticas, todos sus bienes e inmuebles. Es el umbral de “a longa noite de pedra” donde la represión, el crimen y la impunidad van de la mano.
Nicolás Redondo Urbieta, socialista de trayectoria ejemplar y comprometida, será la persona que a partir del  18 de abril de 1976,  en que es elegido secretario general en el XXX Congreso de la UGT, pilotará el tránsito del sindicato en las primeras décadas de la democracia restaurada.  Referente en las luchas obreras de las acerías navales vascas y metalúrgico de La Naval, su retiro es un modesto piso en Portugalete (Vizcaya) comprado a plazos a mediados del pasado siglo.     
Este ciento treinta aniversario es bueno para recordar la deuda de gratitud que  España, la clase trabajadora, la ciudadanía tiene con los hombres y mujeres que desde el sindicalismo contribuyeron a construir una sociedad más solidaria y humana.  Y desde luego con dirigentes de la altura moral de Marcelino Camacho (CCOO) o Nicolás Redondo (UGT) entre otros.



  .Antonio Campos Romay

No hay comentarios: