Como ha sido
históricamente, los republicanos españoles están divididos en grupúsculos que,
en la actualidad, ni siquiera se han constituido en partido (salvo en Cataluña).
Las dos repúblicas que se constituyeron en España lo fueron porque el rey, en
cada caso, abdicó y se fue, independientemente de los contextos políticos que
se daban en 1873 y en 1931, que eran distintos entre sí.
Ahora no se da esta
circunstancia, en particular porque la monarquía goza de apoyos incuestionables
(la derecha y parte de la población) y al Partido Socialista no le parece
conveniente plantear el debate monarquía/república con toda razón. ¡No tienen
los españoles problemas para entretenerse en frivolidades! Además de que ello
significaría una deslealtad a la Constitución –en la que otros no se sienten
concernidos- y provocar al ejército de obispos que, montados en sus corceles,
recorrerían España al grito de “Dios, Patria, Rey” (soy consciente de que
exagero pero se me entiende).
No digo nada del
Partido Popular, Ciudadanos y Vox, que harían de la monarquía su bandera para
el mal de España y la distracción de los verdaderos problemas que hoy tenemos.
Pero algún miembro del Gobierno, colado por las circunstancias en él, su
coalición de pequeños partidos, algunos independentistas a los que poco importa
lo que no sean ellos, e individuos que a título de sus personas se permiten –con
toda legitimidad- llamar a una república que no va a llegar, por la sencilla razón
de que no se dan las condiciones para ello, salen de vez en cuando reclamando y
engañando a la población.
Ya en la I República se
pelearon los unitarios con los federales, los cantonalistas con los
centralistas, los laicistas con los que no lo eran tanto. Así fue a los españoles
de aquella época. En la II República los partidarios del régimen estuvieron
divididos en múltiples partidos como Esquerra,
Izquierda Republicana, el Partido Republicano Radical, Unión Republicana y aún
otro que añadía el calificativo “socialista”; por no hablar de los que se
decían republicanos de boquilla, como Falange Española y el Partido
Nacionalista Vasco (de orígenes carlistas). También hubo algunos grupúsculos
que se decían republicanos, e incluso en Galicia un partido fundado por un
ensayista que llegaría a ensalzar al nazismo: Dereita Galeguista...
¿Por qué no se unen los
republicanos españoles hoy? Sencillamente porque ser republicano no lo es todo:
se puede serlo conservador o progresista, además de que cada grupo tendría que
definir todas las políticas en materia de educación, sanidad, asuntos exteriores,
medio ambiente, etc.
Aunque hay republicanos
de buena fe, que saben lo que ello implica, noto muchas voces falsamente
republicanas, con el solo objeto de un electoralismo zafio. Pero la sociedad
española, como cualquier otra, es compleja, puede no estar de acuerdo con la
monarquía pero soportarla –incluso apoyarla- antes de dar un salto en el vacío.
La población española quede ver con sonrojo los delitos de los que es acusado
(por ahora solo en los periódicos) uno que fue Jefe del Estado, y sin embargo
saber que debe esperarse a que hable la justicia, si habla. Y la sociedad
española sabe también que no se cambia una Constitución por otra con la sola
voluntad de unos pocos. Vive España un momento de gran desacuerdo entre los
principales partidos; no como en la transición, donde se trataba de conseguir
un régimen homologable a Europa como fuese.
El presidente del PP no
es Adolfo Suárez, que se jugó el tipo con su propio partido y con los
militares. El presidente del PP es un niñato de poca altura y menos seso. Hará
bien el Partido Socialista no dejando que aventureros como el Vicepresidente
Segundo de Gobierno le metan en un grave problema de estado. Hará bien el
Gobierno si no permite que se añadan a los muchos problemas de los españoles
(autónomos, empleados, parados, enfermos, pobres de solemnidad, jóvenes,
mujeres discriminadas…) otro que es ficticio, que no guarda relación con las
necesidades del país y que el tiempo dirá si merece la pena plantearlo.
Si el grueso del
Gobierno actúa de acuerdo con la Constitución (no puede ser de otra manera); si
el grueso del Gobierno actúa con sentido de estado y con prudencia; si el
grueso del Gobierno es leal a las instituciones de los españoles (no como los
nacionalistas catalanes y como el Vicepresidente Segundo) estamos en el buen
camino.
Los republicanos
españoles, entre los que me encuentro, podemos seguir estudiando, trabajando,
alimentando nuestros ideales, pero sin poner en jaque al país. Para eso ya
están otros.
L. de Guereñu Polán.

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