domingo, 9 de junio de 2024

Que el sueño de la razón no nos rapte Europa

El sueño de la razón produce monstruos, dejó grabado Goya, que conoció una Europa de incertezas, en continúa lucha, donde los errores y los vicios humanos se acababan imponiendo al pensamiento crítico. Tuvo que acaecer una II Guerra Mundial para que los europeos nos diéramos una oportunidad y construyéramos un proyecto común basado en el Estado del Bienestar, la cuestión social, con la que llevaba años batallando el movimiento obrero y que finalmente se asentó desde bases socialdemócratas. Pero esa vacuna que fue la II GM, parece haberse disipado, especialmente entre unas nuevas generaciones que no sufrieron las consecuencias del conflicto, y una nueva ola de autoritarismo semeja asolar Europa, como una paradoja del éxito de la democracia. La historia no se repite, los seres humanos siempre, decía Voltaire.

La desinformación, ese teatro de títeres moderno, desde cuyo teatrillo se distrae a la ciudadanía de lo que verdaderamente importa, contribuye, golpeando con su hipérbole diestra, al descrédito de la política y a gestar la inestabilidad necesaria para que la gente se cuestione la capacidad de la democracia para generar bienestar. Así nacen las “longas noites de pedra”, cabalgando a lomos de un populismo que promete resolver problemas complejos con soluciones simples. Un ejemplo de ello, que debería hacernos poner nuestras barbas a remojar, es el de Milei, que ha incrementado en más de 13 puntos el índice de pobreza en su país, que ha recortado las pensiones en un 35%, y ha aplicado su motosierra a lo que él llama “gastos superfluos”, que han resultado ser los servicios públicos y sociales.

Es la política espectáculo, superflua, que da lugar al síndrome Chikilicuatre, en el que, una vez asumido el mantra promovido por la derecha de que todos los políticos son iguales, que tanto desmoviliza a los zurdos, anima a, al menos, echarse unas risas. Pero ya se sabe que el que ríe último ríe mejor, y los ciudadanos no podemos hacernos corresponsables de malas decisiones en detrimento de los valores democráticos y de nuestras libertades. No olvidemos que el franquismo, el nazismo o el fascismo, fueron posibles porque muchas personas los apoyaron.

Por eso, deberíamos concienciarnos de que ahora toca hablar de la Europa que queremos. Si queremos mantener ese camino de democracia, de distribución de la riqueza, de inversiones públicas, de cohesión entre regiones, apoyando a las más desfavorecidas, o acabamos con la solidaridad, retornando a un nacionalismo que nos hará más frágiles en un mundo globalizado. Si deseamos seguir por el camino de una educación en valores, de igualdad, de feminismo, o preferimos que resuenen los ecos del pasado y el mensaje de odio racista. Si anteponemos las políticas de defensa del medio ambiente a las teorías terraplanistas y negacionistas. Si queremos seguir siendo la Europa de las libertades, o preferimos imitar los recortes de Argentina, la prohibición trumpista del aborto, el encarcelamiento de los inmigrantes en Inglaterra, la eliminación del diferente en Israel, el control de los medios en Rusia, o el sometimiento de la judicatura en Hungría. Si elegimos la Europa de los pueblos, o la Europa de las naciones.

No vaya a ser que, como en otro cuadro de Goya, un toro bravo español de esos que tanto gusta a los patriotas de banderita, aunque luego disfruten ajusticiándolo en la plaza, como muestra de su cultura ancestral, nos rapte a Europa.

Guillerme Pérez Agulla

1 comentario:

Anónimo dijo...

Espléndido!!