viernes, 8 de diciembre de 2017

Cuatro gigantes socialistas


Bonares (Huelva) en 1932

De los cuatro gigantes del socialismo que la historia ha reconocido y que aquí se tratan, solo uno no ocupó ministerio alguno durante la II República española (ni en otra ocasión), Julián Besteiro, pues fue conocida su posición contraria a que el Partido Socialista llegase a acuerdos de gobierno o colaboración con organizaciones burguesas (era el lenguaje de la época). Podemos juzgar a toro pasado si estuvo o no acertado, pero mantuvo su coherencia siempre y defendió sus razones serena e intelectualmente, sin concesiones a la demagogia. Incluso cuando surgió a comienzos del verano de 1933 la crisis del gobierno republicano-socialista, uno de los llamados por el Presidente Alcalá Zamora para que se ocupasen de formar gobierno fue Besteiro, negándose este al tener que contar con republicanos no socialistas.

Desde dicha crisis la UGT y el PSOE se reunieron varias veces para discutir si habría de exigirse un gobierno exclusivamente de socialistas (lo que no hubiese sido aceptado ni por Alcalá Zamora ni por el Congreso de los Diputados), si volver a una fórmula de socialistas y republicanos para evitar la convocatoria de elecciones (que tendrían lugar en noviembre y diciembre de 1933) o apoyar a un gobierno de republicanos de izquierda sin formar parte de él. No se gastó poco tiempo en estas cuestiones, mientras la CEDA, recién formada, asustaba al movimiento obrero español y no solo a la UGT con sus demostraciones antirrepublicanas, ultracatólicas y –a la vista de los socialistas- fascistoides (en enero había accedido al gobierno alemán Adolfo Hitler).

Los temores a que la derecha deshiciese la obra legislativa del primer bienio republicano, que no había dado satisfacción plena a la clase trabajadora, la derechización del Partido Radical de Lerroux y la aparición en escena de la citada CEDA (a finales de octubre nació Falange Española), explican muchas cosas. Todo el año 1933, pues, fue de gran agitación en el seno del socialismo español, pues la oposición frontal de la derecha (política, económica y social) a las leyes impulsadas sobre todo por Largo Caballero, provocó la “radicalización”, se ha dicho, de la clase obrera en su conjunto. Recuérdese que se pretendió por el citado ministro de Trabajo una ley de Control Obrero de la industria que, a la postre, no entraría en vigor; pero sí la ley del Seguro contra el paro (bolsas de trabajo); la de Jurados Mixtos en la agricultura; la de Contratos de Trabajo que recogió todo lo hecho por el Instituto de Reformas Sociales anterior; la ley de Colocación obrera que conllevó la formación de un Sistema Estadístico para conocer el paro en España; la de jornada de ocho horas; la del Régimen de Cooperativas y otros Decretos Leyes sociales. No era poco si tenemos en cuenta que también se aprobó la luego rectificada Ley de Términos municipales; la de Accidentes de Trabajo; la de Arrendamientos colectivos; el Seguro Obligatorio de maternidad…

No estaba la patronal de la época para estas reformas, como ha demostrado Mercedes Cabrera. No fue la respuesta a esta patronal cosa exclusiva de Largo Caballero, que con su personalidad influyente en la UGT y el Partido Socialista arrastraran a estos a planteamientos revolucionarios, violentos incluso, que llevarían a la insurrección de octubre de 1934. Se temía por la supervivencia de la propia República, como explicó Indalecio Prieto brillantemente en varias ocasiones, y una prueba de que la “radicalización” no fue exclusiva de Largo es que el propio Prieto estuvo en contacto con militares para que la posible insurrección que se produjese (como se produjo) tuviese éxito. Al fin y al cabo las milicias católicas ya habían desfilado en El Escorial, ¿por que no habría de tener el Partido Socialista las suyas? Eran otros tiempos y otras formas de pensar, y a la insurrección de octubre de 1934 contribuyó desde la primera línea el “centrista”, según han dicho algunos, Indalecio Prieto, que había demostrado una extraordinaria capacidad para dirigir la cartera de Hacienda en el primer bienio republicano.  

El más moderado de todos los dirigentes socialistas aquí tratados fue Fernando de los Ríos, estudiado magistralmente por Virgilio Zapatero. Junto con Besteiro tenía una preparación intelectual muy superior a la de Largo y Prieto, que eran autodidactas, muy particularmente el primero. También de los Ríos estuvo en las discusiones sobre si gobierno con los republicanos (reedición), salida del gobierno por parte de los socialistas o participación en la insurrección de 1934 que luego se vería no estuvo bien preparada. Fue una manifestación antidemocrática propia de la época, cuando las posiciones estaban tan extremadas, y los historiadores se debaten entre si fue una huelga o una “revolución” (Julio Aróstegui incluso señala que ni los organizadores lo supieron).

Aquella insurrección tuvo la mayor virulencia, como se sabe, en Asturias; menos en Cataluña y resultó un rotundo fracaso en Madrid, por citar tres focos importantes del evento. No es correcta la interpretación que se ha hecho por algunos de que fue la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno de Lerroux (principios de octubre de 1934) lo que desencadenó la insurrección; esta venía preparándose desde hacía meses aunque sin saberse su alcance. Los dirigentes socialistas que la organizaron (Prieto se arrepintió más tarde amargamente) no midieron bien sus fuerzas; tuvieron la convicción de que la República estaba en peligro y había que salvarla, cuando el PSOE, como tal, no había participado en el Pacto de San Sebastián (1930) para traerla; solo se sumó más tarde.

Largo fue el político posibilista (colaboró en órganos consultivos con la dictadura de Primo, como se sabe) que tuvo por principal objetivo salvaguardar la organización de la UGT y el PSOE; Prieto fue el clarividente que formó su facción dentro del socialismo español precisamente a partir del fracaso de la insurrección de 1934; Besteiro siempre representó la facción minoritaria dentro del socialismo, por lo menos desde la muerte de Iglesias. Minoritaria pero nada oscilante, como sí fue la de Largo. Fernando de los Ríos sí fue el socialista moderado que estuvo casi siempre al lado de Largo y de Prieto, la facción mayoritaria hasta que estos dos se distancien irremediablemente. 

Pero asombra, leyendo “El Socialista” de la época, las actas de las reuniones del sindicato y del partido, a los historiadores que más se han ocupado de ellos, la disciplina que mantuvieron aunque dejando traslucir, de vez en cuando, la vena encendida de sus respectivas personalidades. 

(La fotografía ha sido tomada de  https://pizarra-sociales.blogspot.com.es/2017/04/ii-republica-espanola-el-bienio.html)

L. de Guereñu Polán.

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