sábado, 31 de marzo de 2018

La España de Trento



No es un secreto que la Iglesia, históricamente, ha estado al lado de las fuerzas conservadoras y poderosas contra las reclamaciones de las gentes humildes. El orden, de acuerdo con la máxima del Derecho Romano, heredado por la jerarquía católica, ha primado sobre cualquier otra consideración. La defensa de lo que la Iglesia ha tenido como sus derechos, la propiedad sobre todo, ha estado en la raíz de dicho comportamiento.

También es cierto que ha habido excepciones que no han conseguido evitar la idea de que la Iglesia ha preferido acumular riquezas y poder, aunque combinase esto con actos de caridad que, entre otras cosas, servían para lavar los enormes vicios en los que siglo a siglo ha incurrido. Nada que ver la Iglesia desde los siglos IV y V con el ejemplo de los primitivos cristianos, ni con el esfuerzo titánico de no pocos misioneros en América y otros continentes para evitar la injusticia.

La “Semana Santa” de este año en España ha sido especialmente hiriente para todos aquellos que no se sienten católicos, o incluso para los que llevan su laicismo como una seña de identidad que debe de ser respetada. La Constitución española establece la aconfesionalidad del Estado, por lo que los poderes públicos, y sus representantes, debieran abstenerse de hacer –en cuanto tales- manifestación alguna de apoyo a la Iglesia católica.

Se han visto estos días opulentas manifestaciones teatrales (más que religiosas) en las que, como en la Europa de Trento, se sacan imágenes con sus ricos mantos y cirios encendidos a las calles, como lanzando anatemas a la mitad de la población que siente de otra manera la religiosidad o no tiene religión alguna. ¿A que viene ese rebrote de teatralidad barroca si no es para dar rienda suelta a los deseos del clero más reaccionario y de la población que concibe la religión como un conjunto de actos externos? El argumento de que se trata de una tradición (cuando el Estado estaba íntimamente unido a la Iglesia católica) es tan válido como reivindicar la tradición de sacrificar animales en honor de este o de aquel dios.

¿Y si la cólera de los anarquistas volviese a incendiar conventos e iglesias como ocurrió en los años 1931 y durante la guerra civil? Porque esa también fue una tradición de cierta población española durante todo el siglo XIX… Yo no justifico, ni moral ni políticamente dichos comportamientos, que no hicieron sino ofender gravemente a la población católica y desprestigiar a España internacionalmente, pero comprendo que, llegados al hartazgo algunos sobre los vicios y privilegios de una Iglesia rica, amiga de los poderosos y mandamases, dieran rienda suelta a la barbarie.

Los ministros del Gobierno de España saben que no existe, hoy, en España ese riesgo. Pues mayor razón para que fuesen comedidos y exigiesen a la Iglesia que respetase la aconfesionalidad del Estado, que es una forma más de acatar la Constitución como se exige a otros. Ocupación del espacio público para que las cofradías religiosas hagan negocio alquilando por pingües rentas sillas en primera y segunda fila, alquiler de balcones para asistir al espectáculo de las procesiones (que nada o poco tienen de religiosas); dinero que no contribuye al fisco y que por lo tanto es más negro que el alma de algunos obispos y ministros.

Se ha perdido una ocasión más para demostrar que España es un país moderno donde se respetan las leyes, la fundamental en primer lugar, una vez más conculcada. El agravante es aún mayor con las manifestaciones de la ministra de Defensa, a la que todavía no se le ha oído ni una sola idea sobre las necesidades del Ejército nacional en misiones humanitarias internacionales. Allí el ministro de Justicia, de quien dependen las relaciones con la Iglesia… Hasta el papa Francisco, más preocupado por cuestiones sociales que por la teología, ha hecho llamamientos a la humildad y a no hurgar en heridas que debieran estar curadas.

La Iglesia católica tardó, hasta el Concilio Vaticano II, en reconocer la libertad religiosa, combatió el liberalismo y luego el socialismo. La jerarquía católica y política de España ha preferido burlarse de la mitad del país que reclama el cumplimiento de la Constitución, sacando más santos que ideas a la calle, como si ello significase algo positivo. Solo significa que la burla está a la orden del día desde las más altas instancias.

L. de Guereñu Polán.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El gobierno Rajoy y la teoría del caos



La teoría del Caos, tanto matemática como psicológicamente, establece que nada está absolutamente determinado y que pequeños hechos pueden cambiar las previsiones más fundamentadas.

La idea propuesta por Lorenz  establece que pequeños cambios en las condiciones iniciales crean grandes diferencias respecto al resultado final, con lo que una gran mayoría de los sucesos y sistemas no resultan totalmente predecibles. A la vista del devenir de los hechos de los gobiernos presididos por Rajoy, desde sus primeros instantes, hoy se puede afirmar que es una teoría que no es de aplicación al ámbito del aún (inexplicablemente según mi opinión), presidente de gobierno de España.

Después de escuchar su primer discurso de investidura de febrero de 2012, y estudiar atónito su contenido, que en resumen venía a decir que el Presidente, entonces recién estrenado, se declaraba impotente para hallar remedio a los males que “la herencia” le había dejado, a la vez que reconocía que en Europa mandan otros, firmé un artículo titulado “El barco España no tiene capitán”. 

Según la teoría del caos incluso pequeños hechos pueden cambiar sustancialmente el resultado previsto por cualquier sistema, lo que en una sociedad democrática debía ser aún de aplicación más evidente. Pues no, en este caso los hechos que debían haber influido en el resultado final no han sido nada pequeños, sino al contrario de gran importancia tanto en el terreno económico como en el social, tanto en España y Europa como en el resto del mundo, y a pesar de ello el destino más probable para un barco sin capitán es el desastre y el caos entre la tripulación y pasajeros, algunos involuntarios. Así pues el caso de los gobiernos de Rajoy viene a contradecir empíricamente la muy mencionada, y aparentemente probada, teoría.

Lo grave del asunto es que ni la tripulación de ministros, ni secretarios generales, ni parlamentarios, ni militantes y demás deudos, están reaccionando para corregir el rumbo de colisión con la realidad  de la creación de pobreza, de abusos de poderes nada democráticos como los bancarios, trasnacionales o mediáticos, del crecimiento de la desigualdad y otras injusticias varias, y en consecuencia el futuro inmediato está quedando en las manos e iniciativas de los pasajeros, muchos involuntarios, que a través de coordinadoras, plataformas u otras asociaciones informales, y seguidores emocionales, de las víctimas de la inacción o errores del gobierno, no solo ignoran a todas las instituciones formales y contrastadas democráticamente, como partidos, sindicatos, o judicatura, sino que las atacan y se declaran como únicos interlocutores válidos, para imponer sus criterios desde la calle y las movilizaciones a las que arrastran a sus conciudadanos, con motivaciones tan delicadas como la indignación o la empatía con el dolor ajeno, abandonando los canales de la razón y el imprescindible requisito de la acreditación democrática, regulada por la Ley.

En esta situación el que el barco España tenga potentes  motores, instrumentación de alta tecnología y abundante combustible de buena calidad no evita que estemos ya en una situación en la que el “efecto mariposa”, ese que puede crear huracanes por el aletear de una mariposa, cuenta con energía suficiente para alimentar tornados, de nivel 5,  nacionalistas, neo revolucionarios, o de retorno al “ojo por ojo, diente por diente” y al “sálvese quien pueda”.

Hay un antecedente, el de un rey español (por un breve periodo de dos años) Amadeo I de Saboya, el de la Constitución progresista de 1869, que viéndose superado por las circunstancias en su último discurso ante las Cortes dijo:”…entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males”, y….  claro, dimitió y se marcho a otros lares.
Es necesario aplicar la experiencia, si el actual Presidente reconoce que no sabe qué hacer, retírese y deje el paso a otro. En democracia existen formulas varias para hacer lo que se debe.

Marzo de 2018
Isidoro Gracia

MEMORIA HISTORICA FRENTE A LA FICCIÓN HISTORICA.



La Memoria Histórica es un mecanismo para visibilizar circunstancias habidas en el devenir colectivo, en una síntesis de investigación y activismo social rompiendo estereotipos y falacias, en orden a evitar el relato interesado que los sectores predominantes imponen al resto.
En el caso español, largos años de poder absoluto escribieron la historia a medida de una  ideología y unos intereses. Se fabricó una verdad arbitraria, glorificada, eludiendo lo infame, en un continuado lavado de cerebro desde púlpitos y escuelas. Alcanza un periodo muy violento. En el que se desató el odio de sectores que consideraban España peculio privado, contra todo lo que lo pusiese en cuestión. A partir ahí es impúdico establecer similitudes morales en actitudes y comisión de desmanes.   
Un régimen republicano establecía por primera vez en nuestra historia un marco creíble de libertad. Saboteado desde el primer día, iba lidiando con el pavoroso panorama social, caos económico y enorme atraso legado por la monarquía borbónica. Y siempre sometido al apremio de las demandas de quienes soportaron secularmente las injusticias sobre sus carnes.
Frente a él, un clero intolerante, bajo ningún concepto dispuesto a dejar de dictar la moral del país desde el pulpito y el confesionario. Terratenientes que preferían sus tierras en baldío antes que productivas y dando sustento a peones y braceros… Obscenos escupían a la cara de los trabajadores que pedían trabajo…“tenéis hambre…comed Republica”… ¡Como recuerda esta frase la de la diputada Andrea Fabra (P.P) cuando se cercenaban prestaciones a los parados!…“que se jodan”. Una industria poco competitiva, escasa de investigación y excelencia. Movimientos fascistas pujando al calor de sus homólogos germano-italianos. Un ejército con el prestigio maltrecho, hipertrofiado, que ve diluirse su preponderante papel en la vida pública.
El enfrentamiento fue provocado por los “hunos” contra los “otros”. Definidas las zonas combatientes tras el horror de los días iniciales, en ambas se producen sucesos infames. Pero es a partir de ahí, donde  se manifestará el abismo moral entre los contendientes y sus dirigentes.
La zona republicana asiste a explosiones descontroladas con violencia sangrienta. Los poderes públicos casi sin fuerzas de seguridad y tropas regulares se ven muchas veces superados al afrontar a la vez el embate del ejercito sublevado, mantener la legalidad institucional y  sofocar los estallidos de cólera de años de pisoteo de derechos y dignidad. A lo que se añade la ira que produce la traición a un proceso, y hacia quienes la protagonizan con intención de robar una vez más el futuro al país. El sufrimiento moral de los más destacados dirigentes republicanos es notorio Su humanismo y decencia fue duramente puesta a prueba. En más de una ocasión se producen actuaciones individuales para frenar la violencia, incluso a riesgo de su vida. Y en ningún momento abdican de retomar el control de un orden público que se había desbordado de forma trágica.
En la otra zona, la represión y la barbarie estaban perfectamente ordenadas y organizadas. El control del poder era férreo, y cada acto criminal obedecía al dictamen de los dirigentes militares. Suyas eran las decisiones sobre “paseos”,  saqueos,   asesinatos en masa, “campañas disuasorias”, etc. Se tomaban fríamente en despachos oficiales y con la anuencia de las más altas autoridades. Incluso donde la “autoridad” fascista-militar se estableció en los primeros días con escasa resistencia, su labor represora y criminal tuvo una violencia continuada y metódica. Mostrando su verdadero objetivo: laminar a perpetuidad con el terror, cualquier atisbo de la triada republicana, Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Es poco digno el énfasis desde ciertos sectores que afirman que tras la memoria histórica hay odio…Que la descalifican de forma soez afirmando “que es revolver en la mierda”, con grosera referencia a una historia cruel. Es habitual la falsedad de que  ambas partes sufrieron igual  y que no hay a que venir con historias…No… Jamás ambas partes sufrieron por igual. Ni en brutalidad ni en número. Ni durante la contienda ni tras la “victoria”… “Hunos” recibieron honores, méritos, canonjías e incluso  “beatificaciones”. Los demás siguen pudriéndose, unos en las cunetas y otros, vagando como fantasmas por países ajenos o en el  propio, donde se les negaba cualquier derecho.  Es penoso seguir oyendo, como invocan “los hunos” el haber ganado una guerra. O el uso de soberbia condescendencia como receta para la convivencia… Cuando no, reducir un drama aun no resuelto, a cosa del pasado…”Puestos a  hurgar en el pasado podría llegarse a la Inquisición”, dice algún detractor de la Memoria Histórica…. No… quizás es más simple. Hay muchos, que todavía se sienten parte de ese pasado, vinculados a él,  y no desean verse en ese espejo.
Pero, para actitud despreciable y sórdida, la del Presidente del Gobierno, M punto Rajoy jactándose ante un periodista…”dinero para la Memoria Histórica en presupuesto en mis años de mandato… CERO”… M punto Rajoy culmina su indecente mnesaje, dotando en “sus” presupuestos significativas subvenciones y ayudas a la Fundación Francisco Franco.  
Si la Memoria Histórica necesitase un solo argumento para justificarse, este se hallaría en la frase de Marco Tulio Cicerón hace unos cuantos siglos: «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla"

Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

lunes, 19 de marzo de 2018

Los delitos y las penas


Eso de que el 80 por ciento de los españoles quieren que se establezca en el Código Penal la cadena perpetua (o como se le quiera llamar) no tiene importancia alguna (o tiene la importancia de ser hechas las encuestas cuando ha habido crímenes execrables). Más del 80% de los pensionistas españoles quieren que sus pensiones suban de acuerdo con el IPC y el Gobierno no les hace caso, sencillamente porque no quiere detraer los recursos de donde están (en malas manos) para ponerlos a favor de los pensionistas.  
  
El señor Putin ha ganado las elecciones en Rusia con más del 76% de los votos emitidos (trampas posibles aparte) y sin embargo ello no contribuye a la paz mundial. Por lo tanto ya vemos que eso de los porcentajes no debe de servir para legislar, sino las ideas y los principios. Otra cosa es no tener ideas (o tenerlas retrógradas) y no tener principios. 
 
Adolf Hitler contó con manifestaciones plebiscitarias después de ocupar Austria, los Sudetes y Francia y ello no fue sino algo muy negativo, terrible, la gran tragedia de Europa en el siglo XX. Lo de las encuestas está bien para conocer estados de opinión, pero no para seguirlos a pies juntillas, porque si así fuese no podría gobernar nadie, pues nadie suele concitar más del 50% de los votos emitidos… salvo el señor Putin. El mismo Trump es Presidente de Estados Unidos habiendo tenido menos votos populares que la señora Clinton… Cousas veredes.
 
Si a cualquiera de los que consideran que el Código Penal español debiera establecer la cadena perpetua (revisable) para determinados delitos, se le preguntase si muestra ese mismo acuerdo en el caso de que fuese él el encausado o un familiar próximo, ya veríamos que la opinión se tuerce. Esto de los pareceres humanos es muy mudable, poco fiable y, por lo tanto, muy poco aceptable para legislar. 
 
En el siglo XVIII un jurista llamado Cesare Bonesana, más conocido por el título nobiliario que ostentaba (Beccaria) publicó una obra titulada “De los delitos y las penas”, pretendiendo acabar con la desproporción entre unos y otras. Hemos vuelto, con los trogloditas del PP, a épocas anteriores a Beccaria. Sí se puede modificar el Código Penal en materia de redención de penas (según el delito) endureciendo la ley, pero calentar los bajos instintos del ser humano para quedar bien no solo es mezquino, es suicida. Otra cosa es que al PP y al Gobierno de España esto no le importa, porque enfangados como están en el delito, seguir por la misma vía es lo de menos. 
 
L. de Guereñu Polán.

domingo, 18 de marzo de 2018

A dereita nacional-conservadora e as mulleres

O pasado 8 de marzo as mulleres escribiron unha nova e brillante páxina na historia da súa dura e longa loita pola igualdade. Unha loita na que si ben non están soas pois atopan unha crecente solidariedade de amplos sectores da poboación si  choca, en Galiza e en España, con fortes resistencias por parte dun sector minoritario pero poderoso social e politicamente. Así, a mais que xustificada indignación das mulleres galegas e españolas pola súa situación de desigualdade e discriminación está atopando por parte dos respectivos gobernos unha resposta mais propia de ideoloxías e políticas xa non so conservadoras senón tamén profundamente reaccionarias tal que nos fan recuar a longa noite de pedra do franquismo. Supoñen unha volta ao nacional-conservadorismo que tan ben reflicte a eirexa católica quen, no seu paroxismo, chega a acusar as mulleres feministas de “levar o demo dentro”. Fronte ao que poida parecer todo esto sucede na Galiza e na España do século XXI nón nas dos reis católicos (século XV) cando, por caso, aínda existía o dereito de pernada.
Seguramente haxa que empezar dicindo que os argumentos que se utilizaron para descalificar os actos dos días 5 e 8 –que contaron cunha presenza masiva de mulleres quen recibiron un amplísimo apoio social- son, de seu, falsos polo que volven a deixar en evidencia a estos/as políticos/as de dereitas por ter un descoñecemento tan elevado da realidade que lles rodea. Así, por caso, cando din que as mulleres deberan facer unha folga á xaponesa para asi “demostrar a súa capacidade” ademais de insultar as traballadoras xaponesas e españolas, na súa ignorancia parecen descoñecer que no Xapón fanse folgas como no resto dos paises. Mais aínda, non saben que a orixe desta lenda urbana é española. Sobran mais comentarios: para que precisan tal coorte de asesores?
Neste desvario os/as dirixentes do Partido Popular chegan a acusar as mulleres feministas, polas súas xustas reivindicacións, de “atacar ao capitalismo”. Están así de novo dando mostra da súa supina ignorancia, pois estes dirixentes deberan saber que estas reivindicacións aínda quedan lonxe das políticas que se aplican en estados europeos como os escandinavos (Suecia, Finlandia, Dinamarca). Estados que ninguén pode calificar de anticapitalistas pero dos que si se pode asegurar que están entre os máis avanzados, xustos, igualitarios e con maior nivel de vida no mundo. Estados nos que, por caso, a muller ten un papel relevante e moi paritario tanto no mercado de traballo como nas institucións públicas e no conxunto da sociedade. Estados nos que as taxas de actividade e ocupación femininas están entre as mais elevadas do mundo –ambalas dúas por riba do 70%- o que lles permite ter un desemprego femenino moi baixo -en torno ao 5%-. Comparense por caso eses indicadores cos das mulleres galegas: 48,8% de taxa de actividade, 40,5% de ocupación e 15,2% de paro. Indicadores que reflicten as enormes dificultades que atopan as mulleres galegas para incorporarse ao mercado laboral
Dificultades que teñen causas políticas como, por caso, as políticas de emprego e benestar social que se aplican en España e Galiza. Políticas de emprego que consolidan tanto baixas taxas de actividade e ocupación e altas taxas de desemprego femininos como elevadas fendas salariais entre os homes e as mulleres. Mentres nos estados europeos nórdicos a fortaleza tanto dos sindicatos como das asociacións de mulleres posibilitaron que a fenda salarial media sexa a mais baixa de Europa –e seguramente do mundo- variando entre o 15 e o 16%. En España e Galiza a debilidade sindical e a mingua da negociación colectiva que derivaron das (contra)reformas laborais facilitaron que a fenda salarial medrara ata superar o 29,1% e o 28,7% respectivamente -podendo chegar nalgúns sectores a case o 51%- situándose así entre as máis elevadas da Unión Europea. Unha fenda salarial que se dispara consonte medra entre as mulleres a precariedade laboral: o 76% dos empregos a tempo parcial están ocupados, non voluntariamente, por mulleres entre as que a temporalidade (28,4%) e claramente superior que nos homes (25%).
Se as políticas de emprego aplicadas en España e en Galiza afondan na desigualdade e a discriminación laboral por razón de xénero o mesmo sucede coas políticas públicas de benestar e moi en concreto  con aquelas que afectan as funcións que facilitan a incorporación da muller ao mercado de traballo: vellez e familia/infancia. Funcións, ámbalas dúas, cuxo déficit incrementado polas políticas de axuste fiscal amais dunha peor atención aos/as vellos/as e a infancia supón unha maior carga para as mulleres pois en Galiza, como en case toda España, este déficit público de atención leva a que recaia nelas os coidados dos/as nenos/as e os/as vellos/as. Unha situación que fai que o número de mulleres galegas con “un traballo invisible”, por desempeñar as labores do fogar ou atender a familiares maiores, enfermos ou dependentes –preto de 180.000-, sextuplique ao número de homes -30.000-, sendo ademais a segunda maior causa de inactividade (28,3%) entre aquelas.
Estas evidencias empíricas confirman que, en Galiza e en España, as causas da desigualdade de xénero son políticas. Políticas públicas, como as citadas, que afondan na desigualdade e na discriminación deica as mulleres. Velaí que actos como os dos pasados días 5 e 8 de marzo, mal que lle pese a patronal galega, estean máis que xustificados, sexan necesarios para reverter tales políticas. Sexan necesarios para mellorala sociedade e facela mais xusta.

Manoel Barbeitos

ESPAÑA,…DONDE VAS TRISTE DE TI.



 Un país atado a sus fantasmas, como el asno a la noria. Que se agosta en lánguida decadencia.  Ramoneando en círculos que lo devuelven a las huellas de una historia ya vivida, sin aprender de ella, camino del ostracismo interior y la decepción. Balada afligida, desnuda de canto de victoria. Envejecido como su demografía, agarrotado, arrastrándose por las escarpas de la indignación viendo cómo le arrebatan a puñados lo logrado con el sudor de la frente. Irritación que se evapora gaseosa, en actos escasamente eficaces. País de paisanaje entretenido en falaces juegos de proyectos nuevos nacidos viejunos. Que se  mimetizan con celo en modelos rancios, apolillados por la melancolía de una historia que se abortó en la inercia y en el oro de los ladrillos, a manos de becerros encorbatados.
Estancado en marismas putrefactas que licuan la tempestad salvífica que pudiera depurar sus miserias y despejar su horizonte haciendo brotar limpias las palabras y las promesas en las encrucijadas de piedra. Redimiendo de la oscuridad la palabra. Retomando el gozo de la decencia. Construyendo una España a semejanza de su necesidad. Comprometida con la justicia social. Poniendo fin a jornadas cenicientas en las que enanos se presumen gigantes, los ladrones estrategas, los petimetres filósofos y los vates reconocidos por su ruina moral apenas llegan a “bates” que golpean con la miseria de su bilis.
Macilentos anónimos tragan lágrimas de humillada impotencia. Esclavos de unos pocos que hacen de este mundo su reino para escarnio del Creador – si existir existiere- en una orgia de delincuentes absueltos,  financieros proxenetas y políticos lacayos. Entre los escombros en  que expiran las llamas de esperanza, fenece la solidaridad, víctima de la especulación más extrema. Se extingue la esperanza en sueño acunado por la dolida canción de un país tan moralmente empobrecido y colonizado que incluso perdió su musicalidad en la disonía bárbara llegada del gigante de Wall Street, que hasta en eso impone su melodía de imperio zafio, sin apenas letras.
Un país que hoy se hace extraño, alcanzado por el rayo deletéreo del miedo al miedo,  el pánico ante la idea, que sofoca la decencia y declina la ética. Incapaz de reconocerse en la democracia digna y la complicidad fraternal. Alguien hurtó el proceso ilusionado que amagó quebrar la lóbrega noche de espadones, pasando una mano siniestra por el lomo de la vida colectiva. Tirando del ronzal con estudiada insidia hacia otro paisaje, cruel, ajeno y desconocido. Un país donde las camisas azules se volvieron blancas y las guerreras blancas se tornaron ternos azules en un atrezo gatopardista donde el mucho cambio formal, es coartada para que nada cambie…
Entre el sueño y la nada, entre cielos negros de tormenta, de soles y lunas huidos, donde en el naufragio de la mesocracia, los burgueses se vuelven mendigos y los proletarios se tornan esclavos. La opulencia que especula obscena con mano foránea, desgrana una historia servil, de coronas, mitras, advenedizos enriquecidos, infames “okupas” de las instituciones que debieran ser feudo de la ciudadanía, desenfreno de banderas flameando a ritmo de chunda chunda y pasodoble casposo. Añoranzas de Pemán, y por todo progresismo, el tardío, empalagoso y poético de Dionisio Ridruejo… Un país que vuelve a escribir su crónica en las columnas de “Pueblo”, bajo el imperio de Emilio Romero… El túnel del tiempo es autopista de regreso, amordazado por ley, trocando la iniciativa social del viejo fascista de Fuengirola, Girón de Velasco en pasto para buitres logreros a los que privatizar la Sanidad Publica, es sueño de lucro.
D. Pio Cabanillas diría no sin acierto, con ironía escéptica y mordaz, contestando a una periodista sobre el resultado de un proceso electoral, “Ganaremos, señorita. No se quienes, pero ganaremos”… Un pio premonitorio de aquel pontevedrés corto de talla y largo de mente… Siguen ganando y vuelven a ganar, -no se quienes- pero los de siempre. Mientras, el país se desangra y desespera, y quizás se desintegra…
La mirada se despliega atónita  ante el vértigo de un mundo que malvive con la testa baja, sumiso a ruines que se creen señores, aurigas sobre cuadrigas de corceles apocalípticos que pacen en sus establos, distritos financieros, “downtowns” de hielo, apiñados en racimos de falos que arañando el cielo  proclaman desde sus alturas con arrogancia, su conciencia yerma. 
Bajo las columnas rotas de la igualdad y la fraternidad se despedaza la libertad. En sus despojos asoma un mundo no nuevo…Es el mundo viejo, vencido en la Bastilla y en el Palacio de Invierno, que tanto sangre costó moldearlo más humano y habitable… Resurge como venenosa hidra, asesina del progreso de la humanidad, que barre tóxico el sacrifico de generaciones.
“Paren el mundo que yo me bajo” gritaría Groucho Marx…”Paren el mundo que yo me bajo” clama Mafalda con su imagen traviesa… Curros Enríquez, poeta inmortal e irredento, de potente voz,  recoge lo que  espanta al mismo Dios:
“SI EU FIXEN TAL MUNDO
QUE O DEMO ME LEVE"

*Antonio Campos Romay ha sido diputado del Parlamento de Galicia

viernes, 16 de marzo de 2018

Manteros y globalización



La muerte de un inmigrante residente en Madrid, cuando huía de la policía, que quizá intentaba darle alcance por practicar un tipo de comercio que se considera ilegal en España, ha destapado lo que ya debía estar en la agenda de todos los responsables políticos, pero también de todos los ciudadanos que tienen un mínimo nivel de conciencia sobre el mundo en el que vivimos y sus problemas irresueltos.

Ya se ha dicho que un deportista de elite no tiene problema alguno para legalizar su residencia en España –y en otros países- pasando a ingresar fortunas anuales, mientras que comunidades enteras de inmigrantes permanecen durante años en la ilegalidad, sometidos a la presión pública y teniendo que realizar su trabajo en condiciones denigrantes. En un mundo globalizado, donde cada uno vende y compra donde quiere, va y viene, exporta e importa, mantener prevenciones sobre la inmigración va quedando fuera de lugar. No ignoro que el problema tiene difícil solución, por lo que tendría que darse el concurso de muchas administraciones (Unión Europea, estados, municipios, etc.) para cambiar la actual situación, verdaderamente injusta.

El inmigrante que se dedica a vender productos expuestos sobre una manta, cogida en sus cuatro esquinas por un cordel, va a seguir existiendo mientras dicho inmigrante no tenga otro modo más cómodo de vida, aunque las policías, las autoridades y la misma divinidad se empeñen en evitarlo. La sobrevivencia manda sobre todo lo demás. Lo cierto es que los manteros y otros que practican oficios no reconocidos legalmente no roban, aunque sí compiten deslealmente con los comerciantes que pagan sus impuestos y están sometidos a una serie de normas de obligado cumplimiento.

En primer lugar está la Ley de Extranjería en nuestro país, manifiestamente mejorable; faltan acuerdos con los países de origen de los inmigrantes para que estos no se vean obligados a abandonarlos; es necesario que ciertos comportamientos policiales (que estoy seguro son minoritarios) se moderen e incluso se humanicen, y los Ayuntamientos, sobre todo de las grandes capitales, deben tener este asunto como prioritario si quieren evitar convulsiones que lleven a situaciones trágicas. Casi nada: estoy pidiendo, ni más ni menos, que la riqueza se reparta de manera distinta a como lo está.

Porque si los estados allegasen recursos suficientes (y no es posible conseguirlos si no se sacan de donde están, en manos de las grandes fortunas, empresas y bancos) se podría facilitar la vida de personas que están ilegales y practican actividades económicas ilegales, para que viviesen y actuasen en la legalidad. Estados débiles, injusticias; Estados fuertes (siempre que administrados honradamente), justicia y equidad. No queda otra.

Como estoy seguro de que en las próximas décadas, por lo menos, no se conseguirán los objetivos que aquí expongo (insisto en que el problema entraña enormes dificultades), dentro de poco tendremos nuevas revueltas, casos dramáticos o trágicos y vuelta a tirarnos de los pelos. Los que se reclaman progresistas (socialistas o como quieran) han de saber que con la lógica económica actual no hay solución a graves problemas sociales que surgen episódicamente, pero que dejan un lastre de dolor que clama al cielo.

No es posible legalizar el comercio ahora ilegal porque perjudica al legal; no es posible dar vía libre a toda la inmigración que se presente porque no se dispone de recursos para atenderla, pero sí es posible luchar contra el injusto reparto de la riqueza, aunque difícil, sobre todo si no se tiene el apoyo político suficiente, y no se tiene –en algún caso particular- porque se ha dilapidado. Además, la solución a estos problemas ha de ser global, por lo menos a nivel continental, para lo que es necesario concitar el acuerdo de agentes políticos muy distintos y dispares.

Al menos podríamos tener conciencia de que el problema que tenemos planteado es a largo plazo, y por lo tanto no debemos caer en palabrerías vacías de contenido, consistentes en echar la culpa a la policía o a unos inmigrantes que han sentido en su propia carne la muerte de uno de ellos.

L. de Guereñu Polán.