lunes, 11 de junio de 2018

PEDRO, PABLO, Y TODOS LOS SANTOS



Con casi tres años de retraso, la izquierda española se hizo presente acuciada por un escenario que ya no admitía siguiese enclaustrada  en su inseguridad, sus egos y sus complejos, su pasión cainita y su tactismo compulsivo. Tras tres años perdidos, el Sr. Sánchez explora exactamente la misma posibilidad abortada en su momento por fuego cruzado, amigo y de quien se presuponía que sin ser amigo podría compartir grandes trazos de un cambio de rumbo. Curiosamente muchos de los que dispararon desde sus líneas contra el Sr. Sánchez, hoy con visión taumatúrgica y fe de converso, encuentran en su persona virtudes cardinales y teologales en tal cuantía que asombran a aquellos que tuvieron a bien acompañarle en su extenuante travesía del desierto sin haberlas descubierto.
Asimismo quien bloqueó toda posibilidad, exigiendo poltronas ministeriales de forma extemporánea con una riada de peticiones que hiciesen imposible vadear al Sr. Candidato en tal hora reunido con el Jefe del Estado y ulteriormente con discurso bronco y rupturista, en esta ocasión, con una mansedumbre, que a un escéptico pareciera impostada, asume que es el presidente del Gobierno quien organiza su gabinete. Aunque al hacerlo, asome su incomodidad por no participar en él, esgrimiendo un argumento no menor, el reforzar sustancialmente un ejecutivo muy limitado en escaños. Trasluciendo en ello, más allá de la forzada  continencia, inequívocos signos de grietas en poco más que epidérmica afinidad con el mismo. Lo que no deja de pincelar escenarios azarosos.
El Sr. Sánchez, con fino instinto ha sorprendido nuevamente a sus detractores. Reunió en torno a la mesa del Consejo a un grupo humano en el que fácilmente se reconoce  un amplio abanico de la sociedad española. Una colección de hombres y mujeres, en la que estas últimas con su presencia mayoritaria, dan respuesta a una realidad donde la mujer manifiesta con decisión legitima su empoderamiento y su protagonismo. Ciudadanas y ciudadanos con  interesante nivel académico que no parece pueda estar al albur de recelos, sospechas o chapuzas. Donde la anécdota de la condición sexual deja paso a la categoría humana. En la que todos sus componentes tienen su vida profesional acreditada y no precisamente en la sala de máquinas partidaria. Lo que den de si está por ver. Pero lo que les precede invita al optimismo. Y sobre todo, en varios casos tras haber desempeñado cargos públicos, la decencia les acompaña.  
La tarea es ardua y la herencia incomoda pese a las elucubraciones de quienes la dejaron tan a regañadientes. La deuda pública en el sexenio negro se disparó. La hucha de las pensiones otrora repleta queda  exangüe. El espejismo de la recuperación del empleo, esconde a duras penas la precarización escandalosa del mismo y una tasa de paro juvenil que se sitúa entre las peores de la UE. En consecuencia, aunque sobre el papel aumenten las cifras de afiliaciones, la  endeblez   de estas sigue sin compensar el gasto en pensiones. Acecha inocultable el aumento del riesgo de pobreza, mientras las ingentes cantidades empleadas en sanear a la banca se han ido por el vertedero, al igual que el dinero despilfarrado en “obras públicas” con beneficiarios con nombre y apellidos. La erosión de la credibilidad institucional y de los pilares del estado solidario genera una brecha social temible. A ello se une la escasa pulcritud en el respeto a la separación de poderes, voladura del pacto social, y una disparatada forma de afrontar las relaciones con Cataluña. Contribuyendo todo ello al desgaste de nuestro prestigio internacional. 
Ciertamente estamos ante un tiempo nuevo, pero no necesariamente  tranquilo ni cómodo. En el que la geometría parlamentaria más que variable, será casi acrobática.  Y con el lastre de actores cuyas actitudes reaccionarias y agresivas bordean  peligrosamente la vereda de lo impropio en democracia. Manifestaciones e insultos tabernarios, coros mediáticos deslegitimando el proceso constitucional, desdoro de la condición de la mujer reduciéndola a portadora de modelitos, descalificaciones mendaces a las que con no poco entusiasmo se suma la insolencia injuriosa y verbo infame del Sr. Hernando, portavoz parlamentario, al menos de momento, del grupo popular en el Congreso. Un caldo de cultivo que auspicia la tensión como norma en los próximos meses.
En última instancia en el legado del Sr. Punto Rajoy, no cabe olvidar el estado de fronda y descomposición, de degradación moral  en la que deja a su partido. Incluida la inmensa hendedura por la que entra a saco la formación que le disputa el liderazgo de la derecha. Aunque tras la moción de censura, al menos de forma temporal, los severos traspiés estratégicos de ese partido, hayan frenado en parte la sangría.  
Es el mismo líder conservador que solemne y grave en sede parlamentaria afirmaba que “dejaba tras de sí un país en mucha mejor situación que cuando accedió al cargo”… Algo tan difícil de creer para la ciudadanía, como para la Justicia sus afirmaciones cuando compareció ante ella para exponer su conocimiento de la  corrupción del partido que presidia.      

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

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