lunes, 24 de septiembre de 2018

Enriquecimiento y muerte de SEJE



SEJE es como llama el historiador Ángel Viñas al general y dictador Franco (“Su Excelencia el Jefe del Estado”) en una obra titulada “La otra cara del Caudillo”. Entre varios asuntos, y siguiendo a historiadores como Javier Otero y Sánchez Soler, demuestra de forma incontestable cómo SEJE planificó su enriquecimiento desde muy pronto, concretamente el año 1937, y siguió acumulando riqueza sin reparar en las fórmulas hasta, por lo menos, principios de los años sesenta. Los negocios de SEJE en esa década ya no tenían el mismo interés para él porque España –son palabras del citado Ángel Viñas- era una gigantesca finca de su propiedad.

Son sabidas las precauciones que SEJE tomó cuando aún no era Jefe del Estado y se dispuso a participar en el golpe militar que llevó a la guerra civil de 1936, respecto de su familia (esposa e hija) por si fracasaba la intentona y los militares golpistas eran apresados. Luego, y  durante más de veinte años, SEJE fue acumulando una fortuna en dinero que estuvo depositado en varias cuentas del Banco de España, propiedades inmobiliarias y regalos que, lejos de engrosar el patrimonio nacional, fueron disfrutados espuriamente por él.

Javier Otero publicó en 2010 las cuentas de SEJE tras un trabajo que Ángel Viñas ha podido comprobar impecable en sus resultados: dinero que estaría destinado a los huérfanos de guerra, 689.000 pta.; a disposición de S. E. en el Banco de España en Madrid, 9,9 millones de pesetas; otra cuenta en el Banco de España, 11 millones de pesetas; donativos que debían ser destinados a indígenas africanos que participaron en la guerra, 56.000 pta.; a disposición de SEJE en el Banco de España en Burgos, 215.000 pta.; a disposición de SEJE en el Banco Hispano Americano, 6 millones de pta.; a disposición de SEJE en el Banco Español de Crédito, 6 millones de pta.; a disposición de SEJE en el Banco de Bilbao, 3 millones de pta.; a disposición de SEJE en el Banco Mercantil de Madrid, 468.000 pta.; dinero que habría de servir para la reconstrucción del Alcázar de Toledo, 258.000 pta.; total: algo más de 34 millones de pta. si sumamos, a las cantidades anteriores, 7,5 millones de pta. que Viñas ha comprobado, con una labor de archivo tediosa y larga, que corresponden a la ¡venta de café! Aquel importe se abonó en la cuenta –según ha podido comprobar Viñas- 70.713 del Banco de España, pero otra cuenta abierta en marzo de 1938 en el mismo Banco en Burgos, recibió también depósitos a disposición de SEJE.

Con la crisis económica que padeció el mundo en la década de los treinta, el café, que no tiene valor alimenticio, y que por lo tanto no es un producto de primera necesidad, sufrió un bajón espectacular en su precio en uno de los países productores, Brasil. El peculiar Getulio Vargas, a la sazón Presidente, decidió deshacerse de buena parte del café para que, escaseando, su precio aumentase y favorecer así a los empresarios cafetaleros. SEJE recibió un regalo de café por valor de esos 7,5 millones de pesetas que vendió aquí y allá para acrecentar su patrimonio. Es evidente que SEJE se valió de testaferros para estas operaciones, como de la más absoluta opacidad para hacer uso de fondos del Estado a su nombre y en su exclusivo beneficio. Viñas detalla con todo lujo de datos los kilos y su valor en pesetas enviados a las diversas Delegaciones de Abastos y Transportes, destacando, como es lógico, Barcelona y Madrid.

Para que nadie protestase –si es que se pudiese- SEJE hizo partícipes de regalos a militares en los que confiaba más o menos: Viñas cita a Yagüe, Moscardó, Varela y Aranda (esta último, junto con otros, se benefició más tarde de la “caballería de San Jorge”, sobornos de la diplomacia británica a favor de quienes influyesen en SEJE para que no entrase en guerra al lado de Alemania). Otros militares premiados con regalos por SEJE fueron Solchaga, Perales, Serrador y Ponte. Beneficiarios fueron también clérigos (obispos), funcionarios y otro personal allegado al Caudillo.

SEJE también recibió donativos de la empresa norteamericana ITT vía Compañía Telefónica Nacional de España y tuvo, como es lógico, el salario que le correspondía como Jefe del Estado, que el Ministro de Hacienda, José Larraz, acomodó según las exigencias y necesidades de su amo. En sus “Memorias”, publicadas en 2006 que yo sepa, no dice nada de los amaños que hubo de hacer para que cuentas a nombre de Franco con dinero público fueran utilizadas por este a su antojo.

Luego vino la especulación inmobiliaria, de la que ha sido heredera su familia, por medio de la empresa Valdefuentes S. A., escriturada por el laxo notario Pelayo Hore, amigo de Blas Piñar. A Valdefuentes S. A. hace referencia el primo y secretario de Franco, Salgado-Araújo, en una famosa obra llena de lagunas publicada tras la muerte del dictador. Viñas ha podido rastrear este asunto: los socios fueron tres, la sociedad Parcelatoria Milla S. A., que aportó 27 terrenos por valor de 732.000 pta., a las que hay que añadir 1,2 millones, valor del ganado, maquinaria agrícola, aperos y algunas instalaciones; el segundo socio fue José María Sanchiz Sancho (tío del marqués de Villaverde) casado con doña Enriqueta Bordiú, apellido que es conocido por los españoles; el tercer socio fue el abogado Luis Gómez Sanz, que aportó 100.000 pta. en efectivo. Esta sociedad se constituyó en 1951 y, a partir de aquí, hizo sus negocios con ventaja, incumpliendo la legalidad, especulando sin freno y enriqueciendo a SEJE, que era el verdadero dueño valiéndose de los testaferros que figuraban como propietarios. Por medio está la señora Polo, esposa de SEJE, que aparece manipulando Valdefuentes S. A. muy pronto (no sería bien visto que el Jefe del Estado figurase como propietario de una empresa inmobiliaria destinada a enriquecerlo mientras los españoles aún seguían con las cartillas de racionamiento).

Franco, a mediados de los años sesenta, pudo haber acumulado un patrimonio valorado en unos 83 millones de pesetas (hágase el cálculo, teniendo en cuenta el valor del dinero, de lo que representaría en euros hoy). Suficiente para dejar a su familia un buen vivir. Como Hitler, Franco robó a su pueblo, al Estado, por lo que, además de dictador cruel, se le puede aplicar sin duda ya el título de ladrón.

Pero como a todo ser humano, le llegó la hora definitiva, sin que el poder, la vanidad, la riqueza y otras miserias terrenales valgan de nada. Cuando el año 1975 se agotaba, SEJE se murió de viejo, de tanto mandar y matar y de tanto robar: y ante el cuerpo yacente de SEJE, el que al día siguiente sería proclamado por las Cortes rey de España; Arias compareció con su bigotillo fascista; los periódicos rezaban “Ha muerto Franco” y frases por el estilo; en un despacho discurren Rodríguez de Valcárcel, el obispo de Zaragoza y Salas Larrazábal (no el historiador); las mujeres de SEJE con una elegancia fúnebre y entre los asistentes al sepelio, dos joyas de la política internacional: Imelda Marcos y Pinochet… El gentío se agolpa en las calles para visitar al Caudillo ya inerme y el rey jura su cargo en las Cortes en presencia de Armada, el futuro golpista que parece perder su mirada en el infinito, los hijos del rey (entre ellos la que luego se enriquecería a la sombra de su padre y el que sería rey más tarde).

El féretro del Caudillo fue transportado en un armón de artillería rodeado de guardias con sus capas y cascos a caballo. La gran losa se abre en Cuelgamuros y el fascista Girón lee un documento ante el nuevo Jefe del Estado. En la misa, a modo de ungimiento, el cardenal Tarancón, a quien la extrema derecha quería tratar como Yagüe y Castejón a los extremeños en 1936. En una fotografía que se difunde aparece Fraga espatarrado con don Torcuato (Fernández Miranda) y otros varones del régimen que estaba a punto de fenecer.

SEJE ya no es SEJE; a partir de esos momentos que hemos descrito, pasa a formar parte de la conciencia de no pocos españoles que se identificaron con él, por interés, por miedo, por miseria, por lo que sea. Muerto el Caudillo ya su fortuna no era de él, sus robos, sus crímenes se fueron con él pegados a su menguado cuerpo sepulto, sin poder adivinar los insondables secretos de la muerte.

L. de Guereñu Polán.


No hay comentarios: