viernes, 28 de septiembre de 2018

Un problema no solo de Galicia




La población de Galicia, en el año 2017, era el 5,82% del total de población española; menos que hace un siglo, por ejemplo. No hace falta que recordemos aquí el por que, pero es evidente que hay regiones de España que han crecido más económicamente y, por lo tanto, en población.
Aunque se suele decir que la población de Galicia está muy envejecida esto no es exactamente cierto, aunque ha ido envejeciéndose con el paso de los años. En 2017 los mayores de 64 años eran casi uno de cada cinco gallegos, lo que se explica por la alta esperanza de vida alcanzada, mientras que los de edades entre 20 y 64 años casi el 60%. Lo más grave, por tanto, no es esto, sino que no pocos gallegos con menos de 65 años son pensionistas, lo que representa un gran esfuerzo para el conjunto de la población, es decir, para el Estado. Además hay una gran diferencia entre el envejecimiento de la población en las provincias de Ourense y Lugo, por un lado, y A Coruña y Pontevedra por el otro, mucho mayor en las dos primeras.
No creo que la tendencia de los gallegos a tener pocos hijos y tarde (después de los 35 años) se vaya a corregir si no se dan, al menos, dos condiciones: un desarrollo económico que atraiga a población además de la existente con preparación suficiente, capaz de realizar trabajos con valor añadido, y una legislación laboral que combata la precariedad en el empleo, lo que no cuenta con el visto bueno de los empleadores, los patronos más que empresarios gallegos (aunque de todo hay).
Además de lo anterior los poderes públicos debieran tener políticas natalistas que deberían ir más allá que las campañas publicitarias: conciliación familiar (no siempre posible) y ayudas por los hijos habidos, lo que inevitablemente lleva a una recaudación impositiva mayor. Una vez más, dejar al libre juego del mercado el comportamiento de las personas lleva al desastre. A corto plazo no creo que se dé ninguna de estas condiciones, pero a medio plazo podría darse un nuevo ciclo cultural en nuevas generaciones que tengan menos temor a tener hijos más tempranamente que en la actualidad.
Un factor que considero importante es favorecer la llegada de inmigrantes de forma ordenada y planificada, más allá de la que lo haga por la necesidad imperiosa de sobrevivir, pero aquello no tendrá sentido si no se da la condición señalada en primer lugar: el crecimiento económico que permita la demanda de mano de obra por parte de nuevas empresas y las ya existentes. El sector público, en este sentido, tiene una importancia menor.
Si Galicia no corrige la situación demográfica que ahora tiene, sobre todo en las provincias de Ourense y Lugo, el coste de la población pasiva (permítaseme el calificativo) será difícil de atender. Retrasar la edad de jubilación en algunas profesiones, en beneficio de otras, será otra medida que considero inevitable, y creo que se puede conseguir un gran acuerdo sobre esta última materia si se explica bien y no se toman medidas precipitadas, sino debidamente engarzadas unas con otras.
Galicia, como otras comunidades, siempre contará con la solidaridad del conjunto de España para dar solución a un problema que no es de mañana, sino de hoy mismo.
L. de Guereñu Polán.

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