Hay uno que se ha
puesto un sueldo de 1,6 millones de euros anuales valiéndose de su posición de
poder en un banco español. No es el único. Hay otros que se reparten ingentes
cantidades de dinero mientras se despide a miles de asalariados en el citado
sector económico. El Estado deberá correr con los costes de este desafuero.
Se trata de ladrones
legales por paradójico que parezca. Como el mundo es una inmensa paradoja, pues
las contradicciones están a la orden del día, siempre han existido ladrones
legales. El ulema, basándose en su poder judicial, robaba con el permiso del sultán,
del califa o del emir. El emir también solía robar a partir de los botines de
guerra, pero no descartaba otras formas. La Iglesia católica ha robado lo suyo,
sobre todo desde que se hizo con un patrimonio en el siglo IV y luego creyó que
era misión divina acrecentarlo sin miramientos.
Cuando la Iglesia
inmatricula bienes inmuebles, por los que luego no paga impuestos, está
actuando con toda lógica: si no paga impuestos ¿por qué no inmatricularlos? El
caso de los banqueros de todo el mundo (aquí nos interesan los españoles) clama
al cielo. Han sido malos gestores y han hundido a no pocas entidades, se comen
unas a otras sin escrúpulos porque esa es la lógica del sistema y por razones
de “productividad”. Por estas mismas razones cobran comisiones a los
ahorradores, modestos o no, cobran por anular una cuenta, por utilizar el
servicio de caja para sacar cantidades menores que las determinadas por los
dueños de los bancos, y así sucesivamente.
Hay un banco español
que ha comunicado a sus clientes procederá a un “ajuste de condiciones”
unilateralmente: dentro de unas pocas semanas los ahorradores deben cumplir una
serie de condiciones si no quieren pagar comisiones nuevas. El cliente ha de
tener domiciliada su nómina de cuantía no menor de 800 E, o una pensión de
cuantía no menor de 300 E; ha de tener al menos cinco cargos de recibos durante
un determinado número de meses, o ha de realizar al menos siete compras con una
tarjeta de crédito que el ahorrador puede no necesitar.
Para evitar el pago de
comisiones, los ahorradores –en el banco aludido- han de solicitar un préstamo
(aunque no lo necesiten), o suscribir una hipoteca (aunque no lo deseen), o
tener un fondo de rentas determinadas.
Para no pagar
comisiones el banco aludido exige que los ahorradores realicen ingresos de al
menos 800 E… y así podríamos seguir.
De esta manera los
ladrones legales pueden ponerse sueldos millonarios sin que el Banco de España
(el banco de bancos), que tiene la obligación de combatir estas prácticas, se
mueva, porque el principal regulador del banco, el gobernador, también se
reparte pingües sueldos con sus compinches. El Gobierno, por su parte, lanza a
una de sus vicepresidentas a denunciar lo dicho anteriormente, pero la alto
cargo gubernamental no dice nada sobre las medidas que va a adoptar para
combatirlo. No debemos olvidar que hay bancos donde el Estado tiene representación
en sus consejos de administración, ya porque tiene activos depositados en ellos,
ya porque la banca española ha sido rescatada con una millonada de euros que no
ha devuelto.
En vez de devolver el
dinero que ha servido para salvar al sistema financiero español, se destina a
los suculentos sueldos de los ladrones legales. Debiera ser un clamor de los
partidos neófitos y de los consagrados, de los sindicatos y de la sociedad
civil, de todos los que tengan conciencia y la quieran poner al servicio de una
sociedad justa, tan lejos de alcanzar por culpa de los ladrones legales y de
los gobiernos timoratos… si no cómplices.
L. de Guereñu Polán.

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