Recibir a un equipo de
fútbol aglomeradamente, sin mascarillas en tiempo de pandemia y sin guardar
distancia de seguridad, es una estupidez, pero como lo dicho es practicado por
muchos, cabe pensar que en el mundo hay muchos estúpidos (o somos, que no me descarto
para algunos casos). Dar crédito a las consignas de los partidos políticos
xenófobos sobre el peligro que representan los inmigrantes para el empleo de
los naturales es una estupidez, y sin embargo hay muchos estúpidos que se
agarran a ellas.
Pretender que un banco
no le time a uno es una estupidez (en este caso también de una loable
intención), toda vez que el banco tiene un poder casi omnímodo y el Estado es
el que se hace el estúpido en este caso (véase la definición de estúpido en
cualquier diccionario).
Permitir que nos vendan
lotes de productos que se pueden vender individualmente es una estupidez, pero
el adocenamiento nos ha llevado a admitirlo. Como el admitir productos
cocinados envueltos en un plástico, perdiendo por tanto toda propiedad
alimenticia, o admitir cláusulas en contratos redactados leoninamente por
esbirros al servicio de los más fuertes.
Soportar que el médico
no nos atienda presencialmente es una estupidez, además de un acto de sumisión
contra el que debiéramos rebelarnos (es una de las pocas medidas que me parecen
arbitrarias e innecesarias en la actual situación de pandemia). Se podría
atender a muchas personas presencialmente a cambio de que las menos vulnerables
no saturasen los centros de salud.
Es una estupidez
soportar, sin hacer todo lo humanamente posible, que ante una consulta
telefónica, en la empresa privada o en el Estado, se nos ponga una musiquita
(también estúpida, si cabe) mientras esperamos que un explotado nos atienda o
desatienda, según los casos. E igualmente es una estupidez, por quienes lo
soportamos y por quienes lo han impuesto, que tengamos que seleccionar un
número según el asunto que queremos consultar o resolver, toda vez que en no
pocas ocasiones ninguno de los números corresponde al supuesto en el que está interesado el consumidor.
Es una estupidez decir
en España, durante una campaña electoral, que se va a luchar por implantar la
libertad, como si no estuviese garantizada, y es una estupidez decir que hay
que luchar contra el fascismo, como si este fuese un problema actual y no de
otra época. Tengo para mí que los que así se pronuncian son estúpidos, o se
portan como estúpidos a tiempo parcial, pero si no tuviese razón, pido
disculpas de antemano.
Es una estupidez
admitir el pago de una consumición en un bar o cafetería antes de haberla consumido, pues podría darse el caso de que el producto no fuese el solicitado
o estuviese en mal estado. El que ha impuesto dicha norma actúa de forma
estúpida pero el que la acepta, también.
Es una estupidez que el
ministro del ramo, en España, permita a los bancos limitar a las 10 de la
mañana la hora tope para operaciones de caja, cargándose toda política de
conciliación, castigando a los que disponen de menos tiempo o a las personas
mayores, que su derecho tienen a levantarse de la cama más tarde.
Es un estupidez por
parte de algunos ministros del Gobierno censurar mediante declaraciones las
comisiones, “bonus” y sueldos que se ponen a sí mismos los ejecutivos y
directivos de los bancos españoles y, al mismo tiempo, no hacer nada para
combatir dichas prácticas, máxime cuando el Estado tiene representación en los consejos de administración de algunos bancos.
Hay muchas estupideces
que cometemos a diario y a lo largo de nuestra vida, unas veces por vernos
obligados si no queremos complicarnos, otras porque el abusador es muy poderoso
y nosotros muy débiles, pero la estupidez mayor es no tener en cuenta todo esto
y, mediante cualquier tipo de asociación cívica, no combatir tanto abuso, tanta
estulticia, tanta estupidez que se nos impone.
L. de Guereñu Polán.
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