martes, 27 de abril de 2021

Romanones visto por un amigo de Aznar

 

Tenía que ser de la mano de un político del PP, Guillermo Gortázar, historiador al mismo tiempo, que se publicase una obra revisionista sobre la figura del conde de Romanones. Aún es más conveniente saber que la coherencia del historiador citado se demuestra si se sabe –como está publicado- que procedente de Bandera Roja pasó luego al Partido Comunista de España para dejarse luego embelesar por José María Aznar…

El libro “Romanones”, obra de Gortázar, cuenta con documentación de primera mano, como es el caso de la correspondencia del conde, sus memorias, discursos y obras sobre la política de la Restauración. Pero una cosa es la consulta de las fuentes y otra sacar conclusiones que no creo muchos historiadores avalen: pretende el señor Gortázar que la dictadura de Primo y la II República española son dos regímenes nefastos poniéndolos al mismo nivel. Hacer esto con una dictadura donde la falta de libertades y la represión fueron muy grandes, y ponerla en el mismo nivel que un régimen democrático, europeísta, que consagró derechos fundamentales y que pretendió modernizar España, es mucho más que un desafuero.

En primer lugar la dictadura de Primo fue una etapa de prosperidad económica porque la coyuntura fue favorable para España (tras la crisis internacional de 1929, desfavorable para la República), que no había participado en la primera guerra mundial. Las obras públicas dieron mucho empleo, se empezó la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid, se dio un impulso a las telecomunicaciones y la política hacendística de Calvo Sotelo, de llevarse a cabo, hubiese hecho justicia a una larga etapa de oligarquía y caciquismo (se opusieron los de siempre, que fueron los contrarios de los que dieron cuerpo a la República).

Pretender, como quiere Gortázar, el que el rey Alfonso XIII permitió el golpe de Primo en 1923 porque temió que si se oponía podría desencadenarse una guerra civil, es poco menos que no tener ni idea: cuando se pronunció Primo de Rivera casi nadie se opuso, salvo unos pocos intelectuales y algunos políticos que habían monopolizado el poder hasta aquel año. Largo Caballero y otros dirigentes socialistas colaboraron con la dictadura al solo objeto de salvaguardar la integridad de la UGT y conseguir algunas ventajas como la ley de jurados mixtos, que luego heredaría la II República mejorada. Por lo tanto nada de guerra civil; ni siquiera Cataluña se movió cuando Primo disolvió su Mancomunidad.

Solo cuando se vio que Primo quería institucionalizar la dictadura y perpetuarse, entonces sí surgieron voces numerosas de protesta y oposición, lo que costó el puesto al propio Primo, al que dejó el rey a su suerte.

Bienvenidas sean las fuentes que se sacan a la luz por la obra del señor Gortázar, pero el rigor en sus interpretaciones es algo de lo que carece el reconvertido político, converso ideólogo y no muy avezado historiador. (En la foto, Romanones y el rey Alfonso XIII).

L. de Guereñu Polán.

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