Si no nos emocionamos
con las palabras de Ángel Gabilondo, con el esfuerzo casi juvenil de la
candidata García, de tantos otros que aspiran a un mundo justo, si no nos
estremecemos ante las consecuencias del virus, si no exigimos el reforzamiento
de la sanidad y otros servicios públicos, si no se movilizan los más de cinco millones de españoles que están llamados a decir qué
gobierno quieren, entonces –en mi opinión- es que nuestra sociedad está
enferma.
Una sociedad está
formada por elementos variopintos, desde las personas que llaman al racismo y a
la aporofobia hasta las que claman y luchan por la igualdad, la solidaridad y
la justicia. En medio, los timoratos, los impasibles, los muy ricos, los egoístas,
los estúpidos, los indolentes, pero también los idealistas, los altruistas, los
que no se rinden en la procura de un mundo justo.
Podría ocurrir que el
próximo día 4 de mayo se impusiese la frase “de Madrid al infierno”, pero
podría ser también que los que han jaleado el odio, la miseria moral y la
ineptitud fuesen derrotados. Veremos.
En todo caso sí creo se
puede decir que nuestra sociedad (la española) tiene una grave enfermedad,
aunque existen los antídotos contra ella. Que tantos miles de personas
(millones en toda España) apoyen políticas xenófobas y segregacionistas,
políticas en detrimento de lo público, políticas del insulto y el matonismo, la
chulería y la bajeza moral, es síntoma de que nuestra sociedad está enferma.
No quiero decir que lo
esté porque haya partidarios del conservadurismo y del progresismo, sino porque
los conservadores o los progresistas se comporten como fieras en el peor
sentido de la palabra. Me gustaría que en España hubiese un partido
demócrata-cristiano como en Alemania, un partido centrista como el que
representa el señor Macron en Francia, un partido demócrata como el del señor
Biden en Estados Unidos, y podríamos poner otros ejemplos. Pero tales partidos
no existen en España.
Aquí tenemos un partido
conservador que procura apoyarse en la extrema derecha guerra-civilista, un
partido conservador con una escasísima tradición democrática, que ha nacido de
las heces del franquismo y no se desprende de ellas.
¿Cómo plantear en
España una gran coalición izquierda-derecha si las circunstancias lo exigieran?
¿Cómo plantearla con la derecha española actual, que es la misma que tuvo
aquellos orígenes ominosos?
Si una sociedad no
puede –necesitándolo- poner de acuerdo a izquierda y derecha, porque una de las
dos está sumida en la inmundicia, es que dicha sociedad está enferma, aun
considerando los niveles de bienestar alcanzados por muchos, el papel de España
en el mundo, la prosperidad que hemos disfrutado –no todos- durante más de
cuatro décadas.
Tenemos antídotos
contra esta enfermedad que sugiero, pero no podemos permanecer impasibles, sino
atentos a los peligros que nos acechan.
L. de Guereñu Polán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario