miércoles, 17 de junio de 2026

COPA MUNDIAL DE FUTBOL, CORTA REFLEXIÓN SOCIOLÓGICA

 Empiezo con un aviso previo, solo ha habido un deporte al que siempre he prestado atención y practicado con cierta asiduidad, cuando la edad y las circunstancias familiares y sociales me lo permitieron: la montaña, escalada incluida, con esa referencia mi opinión sobre el futbol está condicionada y no puede ser buena, los valores y la ética de la montaña y del futbol son contrapuestos.

El actual e invasivo espectáculo lo primero que trae a mi pensamiento son términos o frases como “pan y circo” o “opio del pueblo”, intentaré razonar lo anterior desde otra de mis aficiones: la sociología.

Desde siempre en cualquier sociedad sus dirigentes políticos (la política es uno de los componentes de la sociología, posiblemente el mas importante, pero no el único) han intentado vertebrar y controlar al conjunto de los colectivos humanos de sus civilizaciones basándose en determinados valores y comportamientos comunes, frecuentemente mediante el uso de la violencia y la coacción psíquica, pero la historia ha demostrado que crear identidades nacionales estables que permitan una convivencia a largo plazo resulta mas sencillo y productivo mediante otros factores, como la religión, la ideología o la moral que la clase dominante considere adecuada.

Cuando alguno de los factores vertebradores clásicos ha perdido eficacia las clases dominantes acuden a la imposición o al circo y a la felicidad inducida, desde mediados del siglo XX y hasta hoy mismo consumismo y deportes varios están dando buenos resultados entre lo que Ortega y Gasset llamó las masas.

Es difícil encontrar en la historia reciente un ejemplo mas contundente que el actual omnipresente e intrusivo espectáculo: el negocio milmillonario llamado Copa Mundial de Futbol, capaz de generar extremas identidades nacionales y comportamientos violentos tipo “hooligan”, quizá una expresión cercana en español sea comportamientos irracionales pero creo que se queda algo corta.

Cierto es que este deporte, también otros pero especialmente el futbol, es un extraño camino de promoción social por el que superar desigualdades sociales, estrecho sendero por el que unos pocos pueden pasar desde la pobreza absoluta a una riqueza material insultante para la inmensa mayoría de las personas, con excepción de aquellos que los convierten en sus ídolos.

La función de esos procesos minoritarios, muy minoritarios, no es algo ingenuo, en el fondo cumple una poderosa función ideológica que oscurece graves desigualdades sociales de clase y limita otras lógicas ambiciones profesionales y culturales entre los que no pertenecen a la clase dominante. Ejemplos próximos han demostrado como mediante ese señuelo esperanzador se ocultan o disimulan problemas de genero: las españolas campeonas del mundo podrían ser ejemplo paradigmático, o de raza: los grandes equipos consiguen “nacionalizar” al emigrante dotado para su deporte mientras que sus hermanos bordean la extradición.

Aviso final, al releer lo escrito caigo en que los virus que hacen circular este tipo de eventos son contagiosos, a mí también me afectan, tengo que confesar que me gusta y da placer que ganen “los míos”, a pesar que nunca he visto un partido televisado y no tengo intención de verlo.


Junio 2026

Isidoro Gracia.


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