domingo, 23 de septiembre de 2012

La "personalidad" de Cataluña

Ramón Muntaner, cronista catalán
Vaya por delante que considero legítimo el que una comunidad desee y aspire a un futuro político distinto al que en este momento existe, por lo que los partidarios de la independencia de Cataluña no son para mí feroces enemigos como para cierta derecha que solo considera legítimo "su" nacionalismo español. Dicho esto otra cosa es que existan, hoy, cauces legales para que se pueda producir la secesión de cualquier territorio de España: creo que no existen y cualquier declaración unilateral por parte de una comunidad no tendría valor jurídico alguno, aunque sí político. Por eso es en el campo de la política donde estos asuntos se deben discutir, no en el campo de las vísceras. También podría darse una situación revolucionaria (creo que improbable) en el caldo de la cual, por la vía de los hechos, se produjese una secesión. Y entro en estas cuestiones con la convicción de que no existirá secesión alguna y que todo es una cortina de humo que algunos se han creído, tanto para ocultar cosas de mayor calado como para vociferar -por parte de los contrarios- sin aparentes argumentos. 

Que Cataluña tiene características tan específicas como para que la legislación española las reconozca (y así lo hace) no parece que lo dude nadie; este mismo es el caso de Euzkadi y de otras comunidades españolas, ya por disponer de una lengua además del castellano, ya por su insularidad, su historia, sus instituciones, etc. Pero el caso de Cataluña es uno de los más claros. Sin embargo su vínculo con el resto de España (no con España, porque Cataluña, objetivamente, es España) es mucho más profundo de lo que algunos quieren hacer ver. 

España y las Españas fueron términos usados en la Edad Media por los reyes españoles de unas y otras coronas (la catalano-aragonesa y la castellano-leonesa). Los reyes de Asturias se darán a sí mismos, a veces, el título de "emperador", y el navarro Sancho el Mayor (1005-1035) hará lo mismo. Alfonso VI se hace llamar desde 1077 "rey-emperador de toda España" o "de las Españas". El aragonés Alfonso el batallador dirá tener en sus manos "la monarquia de toda Iberia", pero las concepciones imperiales llegan a su más alta expresión con Alfonso VII. 

En la Edad Media ya se tenía, en Cataluña, Aragón, Castilla, Navarra, Galicia, León... una concepción de España como entidad política, no meramente territorial. En el "Loor de España" de Isidoro de Sevilla así se hace y también en la Crónica Mozárabe (754), y mucho después el catalán Turrel escribirá "plora, dons, Spanya". Por su parte "ha querido nuestro Señor -escribe Francesc Eiximenis- que el pueblo valenciano sea un pueblo especial y elegido de entre los otros de España". La mención de "todos los reyes de España" es un lugar común en la Edad Media. El cronista catalán Ramón Muntaner (siglos XIII-XIV) se refiere a que "si estos cuatro reyes de España -las monarquías hispánicas de la época- que son una carne y una sangre, se pusieran de acuerdo", serían uno de los mayores poderes del mundo. Otro catalán, coetáneo del anterior, Bernat Desclot, cuenta como el conde de Barcelona se presenta a sí mismo ante el emperador de Alemania diciéndole: "yo soy un conde de España, que se llama conde de Barcelona". 

Hay sobrados ejemplos que no quiero añadir para no aburrir a quienes lean esto. Antes, las crónicas de época carolingia hablan de los habitantes de la "Marca Hispánica" y como "hispani" se refieren a los habitantes de Cataluña. Cuando los musulmanes se hicieron con la mayor parte de la península entre los años 711 y posteriores, ya algunos cronistas hablaron de la "pérdida de España". El Fuero de León dice: "in presentia regis... convenimus... omnes pontífices, abbatis et obtimates regis Hispaniae...". Sobran los ejemplos.

La "personalidad" de Cataluña, que es plural y que se expresa a partir de su población inmigrante y autóctona, del centro barcelonés y de la periferia pirenaica, de las marcas catalano-aragonesas y de la Cataluña "nueva", de quienes se sienten catalanes solo y de quienes se sienten catalanes y españoles, se manifiesta también en una movilización popular que, aunque no se puede decir sea mayoritaria en favor de esto o de aquello, debe poner a las partes en el mejor tono para discutir todo lo que sea en términos políticos; repito: en términos políticos. (Los subrayados del texto son míos).

L. de Guereñu Polán.

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