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| La libertad guiando al pueblo de Delacroix |
La Iglesia, antes, legitimaba el poder político; fue la primera en
llevar un registro de los nacimientos, defunciones, matrimonios; tenía
derecho a cobrar impuestos; atendia los casos de beneficencia y buena
parte de las escuelas de la infancia y la juventud. Con el tiempo, estas
funciones fueron asumidas por el Estado, pero la Iglesia siguió
cumpliendo una función más o menos influyente en la sociedad según se
trate de unos países y otros. Aquí pretendo poner en comparación los
casos francés y español.
El Estado español nunca dejó, a lo largo del siglo XIX y buena parte del
XX, de aceptar la confesionalidad. Si en la Constitución de 1869 hubo
un intento de romper con esto, duró poco. En cuanto a la educación,
aunque a partir de mediados del siglo XIX el Estado se hizo cargo de la
educación primaria y secundaria, la Iglesia siguió manteniendo el
control de la segunda y los párrocos locales fueron encargados de
controlar la primera. Según García Rejidor (1) en 1908 había en España
24.861 escuelas oficiales de primaria que atendían a 1,2 millones de
niños, frente a 5.212 escuelas privadas con 304.631 niños, de las cuales
5.014 eran católicas, 91 protestantes y 107 laicas. La educación
secundaria estaba acaparada en un 80% por los centros privados, sobre
todo católicos.
Cuando se estableció la II República en España el anticlericalismo
estaba tan arraigado en determinados sectores de la sociedad que el
primer Gobirrno se hizo eco de ello. La Constitución de 1931 estableció
que, en el plazo de dos años, quedaría prohibido el presupuesto para el
culto y el clero, disolvió las órdenes que estatutariamente impusieran
el voto de obediencia a una autoridad distinta a la del Estado, con lo
que se disolvió la Compañía de Jesús, de forma que se procedió a la
nacionalización de sus bienes; las Cortes constituyentes también
decidieron la disolución de las órdenes religiosas que constituyeran un
peligro para la seguridad del Estado y una ley prohibiría el ejercicio
de toda actividad económica a las órdenes legales, que además no podrían
adquirir más bienes que los que se derivaban de las funciones a las que
estaban llamadas. Por otra parte se ordenó el cierre de los centros
católicos de enseñanza secundaria, considerando que eran un estorbo para
la implantación de las ideas republicanas entre los adolescentes.
Claramente se ve que hay cuestiones que entran dentro de un régimen
democrático y otras decisiones de las citadas superan y violan dicho
principio. Justificar algunas de las medidas de la II Repúblcia española
es difícil en una lógica democrática, pero entender dichas medidas es
más fácil si tenemos en cuenta los privilegios y el clima de
animadversión existente contra la Iglesia católica entre ciertos
sectores sociales. Las desamortizaciones de bienes eclesiásticos que se
habían llevado a cabo en España durante el siglo XIX hirieron
económicamente a la Igleisa, pero esta no tardó en recuperarse a partir
de 1875 y durante el siglo XX. Con toto, la secularización en España no
se llevó a cabo de forma completa y, cuando se intentó, las posiciones
estaban tan polarizadas que el proceso fue un freno para la
modernización del país.
En Francia el Estado quiso y consiguuió, de forma paulatina y decidida,
romper el monopolio confesional de la Iglesia. Con la tradición
republicana de su revolución dieciochesca y con las aportaciones de los
republicanos de 1848, Waldeck-Rousseau, un liberal progresista, no un
socialista, llevó a cabo medidas secularizadoras que conducirían, en
1905, a la separación de la Iglesia y el Estado, cosa que en España no
se conseguirá hasta 1978. Esa política fue continuada por Émile Combes y
por Jules Ferry en materia educativa. En 1879 (un siglo antes que la
vigente Constitución española) se reformó la enseñanza superior en
Francia en un sentido secularizador y se prohibía la actividad educativa
pública o privada, primaria o secundaria, a toda orden religiosa no
autorizada (otra cosa son las autorizadas). El Estado no estaba para que
proliferasen las órdenes religiosas sustrayendo a la actividad
productiva a un sector cuantitativamente importante de la población
francesa. A la altura de 1914 Francia era un estado secularizado
mientras que España estaba en manos de un régimen corrupto y frailuno de
la mano de una monarquía militarista que terminaría por
desprestigiarse.
Las contradicciones de la III República francesa no son objeto de este
artículo, pero obviamente las hubo. Con todo, Francia consiguió poner en
pie uno de los factores fundamentales de su modernización y España no,
porque la II República no lo consiguió sino efímera y exageradamente y
luego vendría lo que ya se sabe. Por eso ternemos hoy centros educativos
concertados que reciben dinero público para llevar a cabo un programa
en ocasiones no democrático. Por eso tenemos a la Iglesia encumbrada en
el poder de centros educativos privados y de elite, por eso la
Iglesia sigue recibiendo dinero del Estado para atacar al propio Estado,
sobre todo cuando este se gobierna por los socialistas; por eso hay un
sector social en España claramente influido por el clericalismo, que en
Francia lo es por republicanismo conservador, pero donde ya no se
discuten cuestiones básicas de un estado moderno.
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(1) La polémica sobre la secularización de la enseñanza en España (1902-1914), Madrid, 1985.
L. de Guereñu Polán.

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