En realidad nunca ha dejado de estarlo, pero la gran lección de la segunda guerra mundial sirvió para un rearme de las democracias y -mal que bien- construir una serie de regímenes que han dado prosperidad al continente; no sin contradicciones flagrantes, pero el fantasma del fascismo estuvo desaparecido durante varias décadas.
Ahora no solo varios países europeos están en una crisis económica galopante, otros mantienen a sus poblaciones casi en el subdesarrollo (en el Este) en otros el capitalismo más feroz campa por sus respetos sin movimiento obrero, sin organizaciones cívicas, sin partidos socialistas fuertes que le frenen, sino que los partidos fascistas, xenófobos y racistas vuelven con fuerza. El caso de Francia con el Frente Nacional es sintomático, pero también en Rumanía, en Italia con la Liga Norte, en Austria con los "republicanos", en Holanda... en España el Partido Popular ha conseguido aglutinar a toda la derecha, incluída la fascista, aunque no se pueda decir si es mayoritaria o no en dicho partido.
En Hungría el "Movimiento por una Hungría Mejor", o partido Jobbik, fundado en 2003 con su nacionalismo extremo, mantiene las esencias de la violencia institucionalizada en sus estatutos, la lucha contra la democracia, contra los inmigrantes, contra las libertades individuales. Tiene tres diputados en el Parlamento Europeo y es el tercero en importancia en el Parlamento húngaro. Ahora acaba de protagonizar una gamberrada en el más puro estilo nazi pidiendo que se hagan listas de judíos para saber donde se encuentran, quienes son y luego determinar que se hará con ellos.
Parte de la población húngara parece haber olvidado a los judíos que fueron asesinados por los nazis en Hungría, así como las oligarquías húngaras parecen no darse cuenta -cegadas por el egoismo material- que en situaciones de crisis siempre hay un sector de la población, más o menos creciente, que se echa en manos de las organizaciones paramilitares y fascistas como supuesta solución a los problemas. Si la democracia no puede solucionarlos ¿por que no probar con los fascistas?
Esto mismo pasó en España con la dictadura de Primo de Rivera, que durante unos años gozó de apoyos inusitados e incluso llegó a formar un partido de masas, la Unión Patriótica. Parte del electorado francés pone por delante sus egoísmos particulares antes de pararse a pensar que Francia fue víctima de la ocupación militar de los nazis alemanes con la colaboración de los seguidores de Pétain. Las nuevas generaciones de europeos ¿saben realmente que es el fascismo? ¿saben el papel histórico que ha jugado en el siglo XX? ¿saben lo que ha contribuido a la destrucción de Europa? ¿saben la degradación moral que implica?
Las nuevas generaciones saben mucho de nuevas tecnologías, de telecomunicaciones, de redes sociales; quizá están preparadas -y en muchos casos no vale de nada- en nuevas profesiones, en nuevas destrezas y conocimientos, pero no se aborda con toda la profundidad que merece el fenómeno del resurgir de los partidos y movimientos fascistas en Europa. Porque el fascismo fue un fenómeno genuinamente europeo, consecuencia de unas concretas condiciones históricas, aunque se puedan rastrear movimientos de parecida naturaleza en Estados Unidos (el Ku Klux Klan). ¿Van a permitir las autoridades europeas que se extienda el fascismo con su poco equipaje ideológico, su mucho ruido, sus soflamas y violencias? ¿Van a seguir alimentando esas formas de participación política (en realidad la negación de la política) los europeos pasivos, los que se entregan a ellas, los que les apoyan?
No es solo un problema económico-financiero el que afecta a Europa. Hay graves problemas no resueltos en materia de derechos humanos, de desigualdad, de distanciamiento entre regiones pobres y ricas, desarrolladas y estancadas. La primera señal para resolver estos problemas -diría yo- es atajar el avance del fascismo en Europa, ni tan democrática como algunos la pintan, ni tan invulnerable como muchos la creen.
L. de Guereñu Polán.

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