lunes, 12 de febrero de 2018

SISTEMAS ELECTORALES, GENERALIDADES



En un artículo anterior hemos analizado el sistema electoral español, y las posibilidades de reforma a la vista de la Constitución de 1978, ampliemos el campo a algo más general.


A  raíz  de   la iniciativa de parte de los partidos de la oposición, en los medios de comunicación, en las charlas de café y por tertulianos y expertos varios las ocurrencias sobre lo que hay que modificar para obtener algo “mejor” abundan. Pero lo que no abunda son los conocimientos reales de los efectos de las ocurrencias, sobre las ventajas e inconvenientes que cada modificación aporta. Desde un modesto conocimiento intentaré aportar algunos datos.
Los objetivos de cualquier sistema electoral son, o deberían ser,  lograr  una representación política que mándate o delegue  en los electos las decisiones de gobierno, que los semejantes sociológicos de los distintos estamentos y clases tengan garantizada su participación en esas  decisiones, y que alguien asuma el ejercicio de la voluntad más general.
En las democracias modernas el pueblo designa, con matices, a sus gobernantes tanto del Poder Legislativo como del Poder Ejecutivo. En unos pocos sistemas parte del Poder Judicial también pasa por procedimientos de elección. Como en todos los temas de relaciones sociales y de defensa de intereses, los parlamentos y gobiernos democráticos operan sobre complejos y delicados equilibrios.
Los sistemas actualmente vigentes actúan basándose en principios: de representación proporcional, de representación mayoritaria a dos vueltas o de representación mayoritaria a una vuelta. Y en: La distribución por zonas electorales o circunscripciones territoriales, la forma y configuración de las candidaturas., los tipos de votación, los métodos de asignación de escaños.
         Todos y cada uno de los factores y variantes posibles sobre las bases anteriores impacta en los resultados finales y aporta ventajas e inconvenientes que van a satisfacer objetivos diferentes. Por ello es frecuente la introducción de correctores tanto del principio como del factor elegido en cada uno de los pasos, correctores que a su vez complican el resultado al favorecer unos objetivos y perjudicar a otros.
El principio con mayor aplicación actual es el de representación proporcional, normalmente con correctores que intentan primar la estabilidad; ya que este principio, en apariencia el más “justo”, si se aplica directamente, conduce a la fragmentación de los parlamentos y hace difícil conseguir mayorías de gobierno estables. Durante muchos años  Italia fue el ejemplo de esto. El sistema español es proporcional corregido, pero este tipo, salvo excepciones, obliga a acuerdos post-electorales que otorgan un gran peso a las minorías de bloqueo. Recientemente en Alemania se ha buscado una fórmula que han calificado de “representación proporcional personalizada” con un doble voto por elector uno “ad personan” con adjudicación directa de escaño, y otro a lista y adjudicación mediante la fórmula Sainte-Laguë. (Se aproxima bastante al sistema español para el Senado, si sustituimos la lista federal por las de elecciones autonómicas)
El principio mayoritario a una vuelta elimina prácticamente a las minorías y deviene casi inevitablemente en dos grandes partidos hegemónicos. USA  o Reino Unido son ejemplo.
El mayoritario a dos vueltas obliga a acuerdos pre-electorales entre partidos ideológicamente afines y demanda como complemento unas circunscripciones unipersonales, es el caso de Francia, tiende a disminuir el peso de las minorías.
A nadie se le oculta que la geografía de las circunscripciones es decisiva en el balance final de resultados, una excesiva fragmentación prima  a las minorías y el agrupamiento territorial prima el peso del censo, además el diseño permite al legislador neutralizar o primar la ideología preponderante en determinadas zonas, a veces con resultados muy diferentes a los calculados, cualquier proceso electoral, verdaderamente democrático, se suele conocer muy aproximadamente como va a empezar , pero nunca como va a desarrollarse y terminar.
La forma y configuración de las candidaturas influye sobre todo en el grado de control de los partidos sobre los electos. Pero también produce efectos extraños, una lista abierta y bloqueada hace que estadísticamente resulten eliminados los más conocidos de la lista (se probó en las segundas elecciones sindicales españolas),  las listas cerradas favorecen a los aparatos de los partidos, el voto personalizado tipo alemán permite el fichaje y presentación de personas populares ajenas a las militancias, etc.
Los tipos de votación, en lista única o listas por partido impactan en el resultado, por ejemplo en la lista única el orden alfabético influye muy notablemente, fue el caso inicial del Senado español, el simple orden de presentación también, cuando el voto puede ser nominalmente a varios candidatos simultáneamente.
El método de asignación de escaños tampoco es inocuo cuando las circunscripciones  son plurinominales, el más extendido es el conocido como método D’Hont (divisores 1,2,3,4,5,…), ahora está en candelero el de Sainte-Laguë (divisores 1,3,5,7,….,) que en los sistemas proporcionales prima a los mayoritarios, más en el primer caso que en el segundo, en especial si el listado no supera los 6 o 7 candidatos.
Los porcentajes mínimos filtran el acceso a las asambleas de las nuevas formaciones y de muchas minorías, etc. en el caso de sistemas proporcionales los más usados son el 3% (Elecciones Generales españolas) y el 5% (Alemania y muchas CCAA). En el caso de sistemas mayoritarios a dos vueltas las fuerzas minoritarias  se eliminan si no superan determinados requisitos, por ejemplo en Francia ,y de forma muy extendida, para las presidenciales en muchos países, solo pasan a segunda vuelta los dos primeros, en otros países es la distancia entre los resultados en primera vuelta (p/e si son inferiores al 10% con el primero), para las legislativas se suele exigir un porcentaje mínimo (en Francia el 12,5%) , o directamente la segunda vuelta es solo entre los dos primeros (Hungría). En todos los casos si en primera vuelta un candidato supera el 50% no hay una segunda.
Para todos los efectos indeseados es posible encontrar formulas correctoras, por lo que  las variantes de todo lo anteriormente expuesto supondrían una larga lista, pero si ya resulta complejo el estudio de los efectos más directos, para analizar las segundas y terceras influencias hace falta mucha más literatura, más propia de una tesis doctoral que de un pequeño articulo.
Conclusión: Ningún sistema es perfecto desde el punto de vista democrático, y todos serán, inevitablemente criticables, no siempre de forma objetiva, ya que esa crítica estará filtrada por los criterios defendidos por quién la haga.
ISIDORO GRACIA

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