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viernes, 13 de marzo de 2015

CÓMO MALGASTAR FONDOS EUROPEOS

Hai quince meses, o Presidente da Xunta anunciaba un intercambio de estudantes galegos con Portugal, no marco da cooperación existente. Sería un programa de becas, semellante ó Érasmus, dotado con 400 euros mensuais durante un trimestre. Tamén estaban previstas axudas para estadías de profesores. O programa estaba financiado por Bruxelas con 300.000 euros,  a medio dos fondos POCTEP precisamente dirixidos a esa cooperación transfronteriza. Pouco tempo despois declaracións oficiais adiaban indefinidamente a participación de estudantes mentras.


Ata hoxe teñense realizado duas convocatorias cos mesmos criterios.Un terzo docentes, un terzo persoal de administración universitaria e o terzo restante, investigadores. Reciben unha axuda de custo para gastos de desprazamento e estancia. Con criterios clasistas. Así, docentes e administrativos reciben 800 euros por estadías de unha ou duas semanas, mentras os investigadores recibirán 600 euros mensuais ata un máximo de tres mensualidades.Cabe pensar que os investigadores viaxan a pé, pernoctan en albergarias ou se alimentan ocasionalmente. En todo caso indica a consideración que ese colectivo merece ó goberno galego. O mesmo goberno que ten creado unha Axencia de investigación na que non hai investigadores.

Conscientes da febleza do programa, non hai avaliación do resultados, nin control de calidade. Abonda presentar unha memoria para xustificar o pagamento. É difícil pensar en resultados para estadías dunha semana que, según a convocatoria,  "terán que ser congruentes co plano de investimentos da eurorrexión, producir beneficios para o desenvolvemento tecnolóxico ou a mellora da competitividade das Pemes ou da protección do medio ambiente, ou da mellora da capacidade institucional da eurorrexión". Demasiada literatura burocrática para tan cativa acción.


Lonxe de ser un mal exemplo, ese programa caracteriza unha boa parte da xestión do goberno galego. Nin os datos de crecemento económico se corresponden cos discursos, nin o funcionamento dos servizos públicos ten nada que ver coa propaganda incesante. Galicia non ten política exterior recoñecible, algo diferente dunha sucesión de viaxes oficiais sen contido e lóxicamente con mínimos resultados. A cooperación con Portugal anota máis discursos que feitos mensurables.
José Luis Mendez Romeu

miércoles, 28 de enero de 2015

Dos científicos en Compostela contra el oscurantismo

Laureano Calderón
Cuando las ideas evolucionistas llegaron a España, a partir de las publicaciones de Charles Darwin, se organizó en la sociedad, en la Universidad y en la prensa y un verdadero debate, muy encendido, a favor y en contra del método científico para llegar a la verdad, en relación con las creencias religiosas, con el poder de la Iglesia, con la tradición y la modernidad.
 
Uno de los científicos que se posicionó a favor de la razón fue el cántabro González Linares, que llegó en 1872 a la Universidad de Santiago de Compostela para enseñar Historia Natural. Entonces el nivel de especialización no era tan limitado como en la actualidad, por lo que no era extraño que un abogado a su vez fuese experto en geología y en fármacos. González Linares fue geólogo y zoólogo y estuvo en Santiago durante tres años agitando a la ciudad con sus conferencias y trabajos. Aquí conoció al madrileño Laureano Calderón, institucionista como González Linares. Calderón era, desde 1874, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Santiago.
 
Por aquellos tiempos mandaba como ministro de Fomento Manuel de Orovio, que provocaría no pocos problemas a la ciencia española y a la Universidad. Su circular prohibiendo que se enseñase en las aulas cualquier cosa que pudiese entrar en contradicción con el dogma católico encontró no pocos opositores, como Castelar y Salmerón, luego serían presidentes de la I República española. Luego volvió al ministerio de la mano de Cánovas, en lo que este demostró lo poco que le quedaba de su participación en los movimientos de 1868. Orovio se había atrevido a decir oficialmente algo como lo siguiente:
 
...los perjuicios que a la enseñanza ha causado la absoluta libertad, las quejas repetidas de los padres y de los mismos alumnos, el deber que tiene el Gobierno de velar por la moral y las sanas doctrinas y el sentimiento de la responsabilidad que sobre él pesa, justifican y requieren su intervención en la enseñanza oficial, para que dé los frutos que pueden exigírsele. La "moral y las sanas doctrinas" eran cosa de Orovio, no de cualquier persona en el uso de sus responsabilidades. El Decreto de Orovio vino a derogar los artículos 16 y 17 del de 21 de octubre de 1868, por los que los profesores podían elegir el libro "que se halle más en armonía con sus doctrinas y adoptar el método de enseñanza que crean más conveniente". Por el artículo 17 los profesores no tenían obligación alguna de presentar los programas de las disciplinas que impartían.
 
Es evidente que González Linares y Laureano Calderón estaban imbuidos de los principios docentes que inspiraban esos dos artículos, como del Decreto de 21 de octubre de 1868 que Orovio derogó en parte y que autorizaba a cualquiera para fundar establecimientos de enseñanza. Entre Ruiz Zorrilla, ministro en 1868 y Orovio mediaba un abismo en cuanto a la concepción del liberalismo que cada uno quería para España, habiendo evolucionado aquel desde el progresismo hasta el republicanismo a lo largo de su vida.
 
González Linares y Laureano Calderón no estuvieron mucho tiempo en la Universidad de Santiago, pero en aquellos años animaron el debate científico, defendieron con apasionamiento y sus teorías, apoyadas en las investigaciones de unos y otros, siendo una de las etapas más importantes de la penetración de la ciencia en la ciudad gallega.
L. de Guereñu Polán.